Pronóstico y consecuencias del TDAH
Escrito por: Dr. David López Gómez (psiquiatra)
Última revisión: junio de 2026
Qué es TDAH | Causas y tipos TDAH | Síntomas TDAH | Diagnóstico TDAH | Tratamiento de TDAH | Pronóstico y consecuencias
El pronóstico del TDAH es muy variable. Con un diagnóstico temprano y un tratamiento adecuado, muchas personas desarrollan una vida académica, laboral y personal satisfactoria. En otros casos, las consecuencias del TDAH pueden incluir dificultades en áreas como el rendimiento, la organización, la atención, el control de la impulsividad, las relaciones, la autoestima o la regulación emocional.
La evolución del TDAH depende de múltiples factores, entre ellos la intensidad de los síntomas, la presencia de otros problemas asociados, las exigencias del entorno, los apoyos disponibles y el acceso a una evaluación y un tratamiento adecuados.
¿Cuál es el pronóstico del TDAH?
El pronóstico del TDAH no puede resumirse en si el TDAH “se cura” o “no se cura”. Su evolución suele ser más compleja.
Algunas personas dejan de cumplir todos los criterios diagnósticos con el paso de los años, pero continúan presentando ciertas dificultades de atención, organización, control de impulsos o regulación emocional. Estos síntomas residuales pueden interferir en el funcionamiento diario y llegar a ser objeto de atención clínica. Otras personas atraviesan periodos de mejoría y etapas en las que los síntomas vuelven a hacerse más visibles, especialmente cuando aumentan las exigencias académicas, laborales, familiares o personales.
Una revisión de estudios que siguieron durante años a niños diagnosticados de TDAH encontró que los síntomas persistían en la edad adulta en una proporción importante de los casos (60-86 %). Sin embargo, la cantidad de personas que continuaban cumpliendo todos los criterios diagnósticos variaba mucho entre los estudios. La conclusión que podemos sacar es que los síntomas no suelen desaparecer, pero sí atenuarse.
En cualquier caso, para valorar la evolución y el pronóstico del TDAH no es suficiente con tener en cuenta los síntomas; también hay que estudiar el funcionamiento académico, laboral, familiar, social y emocional.
¿El TDAH desaparece con la edad?
El TDAH no desaparece automáticamente al llegar a la adolescencia o cumplir los 18 años, como durante mucho tiempo se dio por hecho.
Es cierto que la hiperactividad motora suele disminuir o hacerse menos visible con la edad. Un niño que se levantaba constantemente en clase puede convertirse en un adulto que permanece sentado, pero siente inquietud interna, cambia continuamente de actividad o tiene dificultad para relajarse. Muchos pacientes me dicen que en lugar de estar tranquilamente sentados en el sofá de su casa viendo una película, tienden a estar usando el móvil mientras ven la televisión, levantándose continuamente a hacer cosas o no siendo capaz de dejar de pensar en muchas cosas a la vez
La impulsividad también puede manifestarse de manera diferente. En la infancia puede observarse como dificultad para esperar el turno, interrupciones o conductas precipitadas. En la edad adulta puede expresarse mediante impaciencia, decisiones poco meditadas, compras impulsivas, conflictos interpersonales o dificultad para frenar una respuesta emocional. Hoy en día con los servicios de compra online, es frecuente que estas personas recurran impulsivamente a comida a domicilio porque no les ha dado tiempo a cocinar como tenían previsto o que compren objetos que no necesitaban.
Por el contrario, los síntomas de inatención y las dificultades ejecutivas suelen mantenerse en el adulto y pueden aparecer como:
Problemas para planificar y priorizar.
Dificultad para iniciar o terminar tareas.
Procrastinación.
Desorganización.
Olvidos frecuentes.
Mala estimación del tiempo.
Rendimiento irregular.
Dificultad para cambiar de una actividad a otra.
Sensación de sobrecarga ante varias responsabilidades.
Las estrategias de compensación pueden hacer que los síntomas parezcan menos evidentes. Algunas personas necesitan realizar un esfuerzo muy elevado, emplear mucho más tiempo que los demás o depender de recordatorios, rutinas y ayuda externa para mantener su funcionamiento.
Evolución del TDAH a lo largo de la vida
Consecuencias del TDAH en la infancia
Durante la infancia, los síntomas suelen hacerse visibles al comenzar el colegio, cuando el niño debe permanecer sentado, seguir instrucciones, organizar materiales, terminar tareas y adaptarse a unas normas compartidas.
Las posibles dificultades no se limitan solo a las calificaciones. El TDAH puede afectar a:
La autonomía para hacer los deberes.
La organización del material escolar.
La convivencia familiar.
La relación con profesores y compañeros.
La participación en actividades extraescolares.
La autoestima y la percepción de competencia.
Un niño con TDAH puede tener una capacidad intelectual adecuada o elevada y, aun así, rendir por debajo de sus posibilidades. Los resultados académicos no dependen únicamente de la inteligencia, sino también de la capacidad para mantener la atención, organizarse, regular el esfuerzo y completar el trabajo.
El pronóstico mejora cuando se identifican pronto las necesidades del niño, se realizan los ajustes educativos necesarios y se proporciona apoyo a la familia para que esta ayude al menor sin que nadie se sienta culpable.
Consecuencias del TDAH en la adolescencia
La adolescencia supone un aumento considerable de las exigencias. El estudiante debe gestionar más asignaturas, profesores, horarios, fechas de entrega y actividades. Al mismo tiempo, disminuye la supervisión externa y se espera una mayor autonomía.
En esta etapa pueden hacerse más evidentes la procrastinación, la desorganización, los olvidos, la dificultad para estudiar con regularidad y la tendencia a iniciar las tareas cuando el plazo está a punto de terminar.
También pueden aparecer problemas relacionados con:
Baja autoestima.
Frustración por el rendimiento.
Conflictos familiares.
Alteraciones del sueño.
Ansiedad o síntomas depresivos.
Conductas impulsivas y de riesgo.
Consumo de alcohol, tabaco u otras sustancias.
La transición desde los servicios infantiles a la atención de adultos es un momento especialmente delicado. Interrumpir el seguimiento únicamente porque la persona ha cumplido una determinada edad puede dejar sin apoyo a adolescentes cuyos síntomas continúan afectando a su funcionamiento y en un momento crucial de sus vidas.
Consecuencias del TDAH en la edad adulta
En la edad adulta, el TDAH puede afectar a la organización cotidiana, el trabajo, las relaciones, la administración económica, el cuidado de la salud y las responsabilidades familiares.
La persona puede tener dificultades para:
Ser puntual.
Recordar citas o pagos.
Establecer prioridades.
Calcular cuánto tardará en completar una tarea.
Mantener rutinas.
Gestionar varias responsabilidades a la vez.
Terminar proyectos.
Escuchar durante conversaciones largas o cuando hay varias personas.
Controlar respuestas impulsivas.
Algunos adultos han sido capaces a lo largo de los años de establecer estrategias de compensación o de enmascaramiento de los síntomas. Sin embargo, las dificultades pueden aparecer cuando desaparece la estructura externa que los sostenía y ordenaba. Suelen ser momentos difíciles: el comienzo de la universidad, incorporación al mercado laboral, emancipación, asumir un puesto con mayor responsabilidad, tener hijos o separarse.
Repercusión del TDAH
La mayoría de los estudios dirigidos a la repercusión y las consecuencias del TDAH se centran en valorar las diferencias promedio entre grupos de personas con y sin TDAH. Esto no significa que todas las personas con TDAH vayan a presentar estas consecuencias ni que el trastorno sea la única causa de ellas. El riesgo individual depende de la persistencia y la intensidad de los síntomas, de los apoyos disponibles, del momento del diagnóstico, de la respuesta al tratamiento y de las circunstancias personales y sociales.
Repercusiones académicas
El TDAH se asocia con un mayor riesgo de rendimiento académico inferior al esperado, repetición de curso, absentismo, sanciones escolares y abandono prematuro de los estudios. Aun así, la mayoría de mis pacientes con TDAH han terminado la educación secundaria obligatoria y muchos han completado estudios universitarios.
La inatención puede producir errores por descuido, pérdida de información durante las explicaciones o dificultad para estudiar textos largos. Las dificultades ejecutivas pueden interferir en la planificación, el inicio de las tareas y el cumplimiento de los plazos.
No obstante, un buen rendimiento académico tampoco permite descartar el diagnóstico. Algunas personas compensan mediante una elevada capacidad intelectual, un esfuerzo considerable, el apoyo familiar o la elección de estudios que despiertan mucho interés.
Repercusiones laborales
En el trabajo pueden aparecer dificultades relacionadas con la puntualidad, la organización, la priorización, el cumplimiento de plazos o la realización de tareas repetitivas que pueden considerar tediosas o aburridas.
Algunas personas cambian de empleo con frecuencia, tienen un rendimiento irregular o encuentran dificultades para mantener puestos poco estructurados.
A pesar de estas dificultades, una persona con TDAH puede desarrollar una trayectoria laboral satisfactoria. El ajuste entre la persona y su entorno, la claridad de las funciones, la autonomía, el interés por el trabajo y las adaptaciones disponibles pueden modificar considerablemente el resultado.
Repercusiones económicas y financieras
La gestión del dinero es una actividad compleja que requiere atención, planificación, memoria de trabajo, control de impulsos y capacidad para anticipar consecuencias. Por ello, algunas personas con TDAH pueden tener más dificultades para controlar sus gastos, pagar facturas a tiempo, evitar compras impulsivas, ahorrar o planificar objetivos económicos a largo plazo.
Los estudios realizados en adultos con antecedentes de TDAH infantil han encontrado, en promedio, menores ingresos y ahorro, una mayor dependencia económica de familiares o ayudas externas y más dificultades para alcanzar una autonomía financiera estable. Estas diferencias no parecen explicarse únicamente por ganar menos dinero, sino también por problemas de organización, planificación y aplicación sostenida de los conocimientos financieros en la vida cotidiana.
La educación financiera, la automatización de pagos y ahorros, la simplificación de cuentas y el establecimiento de límites externos pueden resultar útiles. Sin embargo, todavía existe poca investigación específica sobre la eficacia de estas intervenciones en personas con TDAH.
Repercusión en las relaciones personales y funcionamiento social
Aunque este aspecto no se suele tener tan en cuenta como el rendimiento académico y laboral, los síntomas del TDAH pueden influir en las relaciones familiares, sociales y de pareja.
Los olvidos, la impuntualidad o la dificultad para completar responsabilidades pueden interpretarse erróneamente como falta de interés. La impulsividad verbal puede provocar interrupciones o comentarios precipitados. La desregulación emocional puede contribuir a discusiones intensas y a una mayor dificultad para recuperar la calma.
En niños y adolescentes también pueden aparecer problemas para respetar turnos, seguir el ritmo del grupo o interpretar algunas situaciones sociales. La repetición de críticas y experiencias de rechazo por parte de cuidadores e iguales puede afectar a la autoestima.
Estas dificultades deben analizarse en su contexto y no atribuirse automáticamente al TDAH. No se puede responsabilizar a la persona con TDAH de todos los problemas de su entorno. Al contrario, las personas de alrededor pueden ejercer una labor fundamental en el tratamiento.
Repercusión en la familia y en los cuidadores
El TDAH infantil también puede repercutir en el funcionamiento familiar. Los padres y cuidadores pueden experimentar más estrés, conflictos relacionados con la crianza, cansancio y ansiedad o depresión, especialmente cuando el niño presenta síntomas intensos, problemas de conducta u otras dificultades asociadas. Cuando el TDAH está afectando a las rutinas o a la convivencia, la orientación psicológica a padres puede ofrecer estrategias adaptadas a las necesidades del menor y de su familia.
Algunos estudios han encontrado una mayor frecuencia de separación o divorcio entre los padres de niños con TDAH, pero las cifras varían considerablemente y no puede afirmarse que el diagnóstico sea la causa directa. En esta relación también pueden intervenir la salud mental de los padres, la presencia de TDAH en otros miembros de la familia, los problemas económicos, la falta de apoyo y las dificultades de convivencia.
Por este motivo, el tratamiento del TDAH infantil debe tener en cuenta las necesidades del conjunto de la familia y ofrecer apoyo a los cuidadores cuando resulte necesario.
Salud mental y regulación emocional
En el adulto, el TDAH puede coexistir con ansiedad, depresión, trastornos del aprendizaje, problemas de sueño, autismo, trastornos de la conducta y consumo de sustancias, entre otras condiciones. La coexistencia de estos problemas exige que sean atendidos simultáneamente al TDAH, ya que pueden influir negativamente en su pronóstico.
Hay algunos rasgos que son relativamente frecuentes en las personas con TDAH, como baja tolerancia a la frustración, irritabilidad, cambios emocionales rápidos y la sensación de estar desbordado. Aunque la regulación emocional no define por sí sola el TDAH y puede ser común a otros diagnósticos de salud mental, es cierto que puede tener una repercusión importante en la calidad de vida. Para muchos de mis pacientes adultos con TDAH, esta desregulación emocional es el síntoma que más les preocupa por la repercusión que tiene ante las otras personas.
En algunos casos, no es fácil determinar qué dificultades proceden directamente del TDAH y cuáles se han desarrollado como consecuencia de años de frustración, críticas, problemas académicos o esfuerzos de compensación.
Sexualidad y salud reproductiva
El TDAH también puede influir en la sexualidad y la salud reproductiva, especialmente cuando existe impulsividad intensa, consumo de sustancias o dificultades para anticipar las consecuencias de las decisiones.
Los estudios han encontrado, en promedio, una edad de inicio de las relaciones sexuales más precoz, un mayor número de parejas sexuales y un uso menos consistente de métodos anticonceptivos o de protección frente a las infecciones de transmisión sexual. Estas conductas pueden asociarse con un mayor riesgo de embarazos no planificados y de infecciones de transmisión sexual.
Estos resultados no deben generalizarse a todas las personas con TDAH. Además, parte del riesgo parece estar relacionado con la coexistencia de problemas de conducta, consumo de sustancias y otras circunstancias personales o sociales.
Consumo de alcohol, tabaco y otras sustancias
Las personas diagnosticadas de TDAH durante la infancia presentan, en promedio, un mayor riesgo posterior de consumo problemático y trastornos por uso de sustancias. El riesgo no es igual para todas las personas y disminuye en las personas que reciben un tratamiento adecuado. El riesgo de desarrollar una adicción puede aumentar cuando existen síntomas persistentes, impulsividad intensa, problemas de conducta, dificultades emocionales, presión del grupo o antecedentes familiares de adicción.
El consumo de sustancias complica la evaluación del TDAH, ya que empeora el sueño, la atención, la impulsividad y dificulta el cumplimiento del tratamiento. Esto va a suponer que sea difícil diferenciar entre si los síntomas son secundarios al consumo de una sustancia o propios del TDAH. Además, el consumo de sustancias reduce la eficacia y la adherencia a los tratamientos farmacológicos del TDAH.
Problemas legales y con la justicia
El TDAH se asocia, en términos estadísticos, con un mayor riesgo de problemas legales, arrestos y condenas. Sin embargo, este riesgo no es igual para todas las personas con TDAH ni puede atribuirse únicamente al diagnóstico.
La asociación es especialmente importante cuando coexisten problemas graves de conducta, consumo de alcohol u otras sustancias, dificultades sociales o rasgos antisociales. La impulsividad, la dificultad para anticipar consecuencias y determinadas conductas de riesgo también pueden contribuir, pero deben valorarse siempre dentro del contexto completo de la persona.
Los estudios observacionales han encontrado que las personas con TDAH presentan menores tasas de criminalidad durante los periodos en los que reciben tratamiento farmacológico. Estos resultados sugieren que un tratamiento adecuado puede reducir algunos riesgos asociados al TDAH, aunque no permiten afirmar que la medicación evite por sí sola las conductas delictivas.
Riesgo de accidentes y conducción
La inatención, la impulsividad y la búsqueda de estimulación pueden aumentar el riesgo de accidentes domésticos, laborales o de tráfico, especialmente en las personas que no reciben tratamiento.
En la conducción pueden influir las distracciones, el exceso de velocidad, la impaciencia, la dificultad para mantener una atención constante o la toma rápida de decisiones. Este riesgo puede ser mayor cuando existe falta de sueño, consumo de sustancias o incumplimiento de las normas de circulación.
Salud física y mortalidad
Los estudios poblacionales han encontrado asociaciones entre el TDAH y algunos problemas de salud física, como alteraciones del sueño, obesidad, y una mayor mortalidad prematura. La asociación con la mortalidad parece estar relacionada especialmente con causas no naturales, como los accidentes, y es mayor cuando existen otros problemas como trastornos de conducta o consumo de sustancias.
Estos datos deben interpretarse con cautela. No significan que una persona concreta con TDAH tenga necesariamente una esperanza de vida reducida. Se trata de diferencias estadísticas entre grandes grupos, en las que intervienen numerosos factores clínicos, sociales y ambientales.
¿Qué factores influyen en el pronóstico del TDAH?
La evolución del TDAH depende de múltiples factores clínicos, personales, familiares y ambientales. Entre ellos, podemos distinguir entre factores de buen pronóstico y factores de mal pronóstico.
Factores asociados con un buen pronóstico
Entre los elementos que pueden favorecer un funcionamiento y calidad de vida favorables se encuentran:
Identificar correctamente el TDAH y las necesidades de la persona.
Valorar y tratar los problemas asociados.
Contar con apoyo familiar, social y educativo.
Realizar ajustes razonables en el colegio, la universidad o el trabajo.
Mantener una buena continuidad asistencial.
Desarrollar estrategias de organización y planificación.
Cuidar el sueño, la actividad física y la salud general.
Recibir un tratamiento individualizado cuando esté indicado.
Reconocer y aprovechar las fortalezas, intereses y capacidades de la persona.
Reducir la crítica, el estigma y la atribución moral de los síntomas.
La capacidad intelectual puede ayudar a compensar algunas dificultades, pero no garantiza una buena evolución. En ocasiones, las altas capacidades ocultan el impacto del TDAH y retrasan el diagnóstico.
Factores asociados con un peor pronóstico
El riesgo de dificultades en la evolución del TDAH aumenta cuando existen:
Síntomas intensos o persistentes.
Trastornos del aprendizaje no identificados.
Problemas importantes de sueño.
Ansiedad, depresión u otros trastornos mentales.
Autismo u otras condiciones del neurodesarrollo que requieren apoyos específicos.
Problemas graves de conducta.
Consumo de alcohol u otras sustancias.
Falta de apoyo familiar, escolar, social o laboral.
Acoso, rechazo social o experiencias repetidas de fracaso.
Interrupciones del seguimiento durante las transiciones vitales.
Dificultades de acceso, aceptación o continuidad del tratamiento y de los apoyos necesarios.
Estos factores no determinan de forma inevitable el resultado. Permiten identificar áreas en las que puede ser necesario intervenir o proporcionar más apoyo.
¿El tratamiento mejora el pronóstico del TDAH?
El pronóstico del TDAH puede mejorar mucho cuando se identifica el problema y se inicia un tratamiento. El tratamiento no se reduce solo a prescribir una medicación específica para el TDAH, sino que debe consistir en un plan terapéutico que reduzca los síntomas y mejore el funcionamiento cotidiano. Puede incluir:
Información y psicoeducación.
Tratamiento farmacológico.
Psicoterapia adaptada al TDAH.
Entrenamiento en organización y funciones ejecutivas.
Intervenciones familiares.
Apoyo educativo.
Adaptaciones en los estudios o el trabajo.
Tratamiento de los problemas de sueño y otras condiciones asociadas.
El tratamiento no debe entenderse como una garantía de que desaparecerán todas las dificultades y, en ocasiones, puede requerir un abordaje multidisciplinar: psiquiatra, psicólogo clínico y neuropsicólogo especialista en TDAH.
No todas las personas necesitan las mismas intervenciones. Mientras que la medicación es eficaz para reducir los síntomas principales del TDAH, las intervenciones psicológicas, familiares, educativas y ambientales pueden aportar herramientas para reducir su repercusión en la vida diaria. En cualquier caso, el tratamiento debe adaptarse a la edad, los síntomas, el impacto funcional, las preferencias y los objetivos de cada persona.
Las decisiones sobre iniciar, mantener, modificar o suspender un tratamiento deben revisarse periódicamente con el profesional responsable. En ningún caso es aconsejable interrumpir el seguimiento de forma automática al llegar a la adolescencia o a la edad adulta.
Consecuencias de no diagnosticar el TDAH
No recibir tratamiento no conduce inevitablemente al desastre; sin embargo, cuando el TDAH permanece sin identificar o sin apoyo durante años, pueden acumularse dificultades académicas, laborales, sociales y emocionales. En ocasiones, las consecuencias secundarias —baja autoestima, ansiedad, desmotivación o sensación de incapacidad— llegan a generar más malestar que los síntomas iniciales y pueden convertirse en el motivo de consulta del paciente.
Algunas personas acuden a consulta ante la frustración que les produce no lograr los objetivos que se han propuesto a pesar de los esfuerzos o cuando sus resultados son inconsistentes (hay cosas que salen muy bien y otras muy mal). Una evaluación adecuada permite identificar qué parte de las dificultades puede relacionarse con el TDAH, qué otros factores están influyendo y qué intervenciones pueden resultar útiles.
¿Puede una persona con TDAH tener una vida satisfactoria?
Muchas personas con TDAH completan sus estudios, desarrollan carreras profesionales, mantienen relaciones estables y tienen una buena calidad de vida.
El diagnóstico no define el futuro de una persona, aunque sí lo puede condicionar si no se toman las precauciones adecuadas. Comprender el funcionamiento individual, recibir apoyos adecuados y encontrar entornos compatibles con sus capacidades e intereses puede modificar de manera importante la evolución.
El objetivo del tratamiento no consiste únicamente en reducir los síntomas o en tomar una medicación, sino en facilitar que la persona pueda desarrollar sus proyectos, cuidar sus relaciones, proteger su salud y aprovechar sus fortalezas.
Preguntas frecuentes sobre el pronóstico del TDAH
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No suele hablarse de curación en el sentido de que el TDAH desaparezca para siempre. Los síntomas pueden disminuir, expresarse de otra manera o dejar de alcanzar el umbral diagnóstico. En otras personas persisten y requieren apoyo durante toda la edad adulta.
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No necesariamente. La hiperactividad suele hacerse menos visible, pero pueden aumentar las dificultades cuando el entorno exige más autonomía, planificación y gestión de responsabilidades. Por ello, una persona puede sentir que el TDAH ha empeorado aunque algunos síntomas hayan disminuido.
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No todos seguirán cumpliendo todos los criterios diagnósticos, pero muchos conservarán algunos síntomas o dificultades funcionales. La evolución puede fluctuar y debe valorarse individualmente.
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La necesidad de tratamiento depende del impacto funcional y no únicamente de la presencia del diagnóstico. Habitualmente, la persistencia de síntomas provoca dificultades académicas, laborales, emocionales o relacionales. En estos casos, iniciar un tratamiento puede marcar un antes y un después.
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No necesariamente. La necesidad de mantener el tratamiento debe revisarse periódicamente según los beneficios, los efectos adversos y el funcionamiento de la persona. Cualquier reducción o suspensión de la medicación debe planificarse con el profesional responsable.
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