¿Conoces a alguna persona que no sea capaz de estarse quieta, que se está moviendo continuamente, que no logra quedarse sentado más de unos pocos minutos o que sea ruidosa? Quizás esta persona tenga también dificultades para acabar las tareas y las suela dejar a medias. Es posible que no logre ver una película de principio a fin y, probablemente, tampoco pueda sentarse tranquilamente a leer una novela. Las personas de su entorno pueden describirlo como alguien que está ausente en las conversaciones o que no escucha. Otro perfil típico sería el de alguien que interrumpe continuamente, olvida lo acordado y cambia de tema de conversación con mucha facilidad. Por desgracia, estas personas suelen considerarse inoportunas e inadecuadas pero, en realidad, han sufrido un defecto en la maduración cerebral y presentan un TDAH. El TDAH tiene tratamiento, pero antes veamos en qué consiste.

 

Qué es el Trastorno por déficit de atención con hiperactividad

El Trastorno por déficit de atención con hiperactividad, conocido por el acrónimo TDA o TDAH o ADHD (en inglés) es un trastorno del neurodesarrollo que se inicia en la infancia y suele persistir en la adolescencia y en la edad adulta. Lo que caracteriza al TDAH es la presencia de forma persistente de un patrón de hiperactividad, impulsividad y falta de atención, que afecta negativamente al desarrollo y al funcionamiento.

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Los trastornos del neurodesarrollo o trastornos del desarrollo neurológico son un grupo de afecciones que comienzan a manifestarse durante la etapa de desarrollo infantil, a veces antes de que el niño acuda a la escuela primaria. Se caracterizan en que afectan negativamente en el desarrollo del niño, lo que genera consecuencias en el funcionamiento personal, social, ocupacional y académico. Los trastornos del desarrollo neurológico pueden afectar a la función ejecutiva, las habilidades sociales, la conducta e incluso la inteligencia en algunos casos. Los trastornos del neurodesarrollo engloban: la discapacidad intelectual, el trastorno del espectro autista, los trastornos de la comunicación, los trastornos del lenguaje, los trastornos del aprendizaje y, por último, el TDAH. Los trastornos del neurodesarrollo suelen ser valorados por psiquiatras infantiles, psicólogos infantiles y neuropsicólogos. En este artículo nos vamos a centrarnos en el TDAH. En muchos casos, los niños con trastornos del neurodesarrollo tienen más de un trastorno del neurodesarrollo. Por ejemplo, muchos niños con TDAH pueden tener también un trastorno específico del aprendizaje.

Al menos dos de los cinco síntomas principales del TDAH van incluidos en el acrónimo que lo define, estos son: déficit de atención e hiperactividad. No menos importantes son los otros tres síntomas: impulsividad, disfunción ejecutiva e inestabilidad emocional. En el apartado síntomas del TDAH desarrollaremos estos términos si no estás familiarizado aún con su significado. Son precisamente estos síntomas los que definen el subtipo de TDAH en: TDAH inatento, TDAH hiperactivo y TDAH combinado.

 

Epidemiología del TDAH

La prevalencia del TDAH en la población de la mayoría de las culturas se ha establecido en 5 % para la edad infantil y en 2,5 % para la etapa adulta, según el DSM-5. El DSM-5 es el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales más consultado por los psiquiatras y psicólogos en todo el mundo. Con estos datos en la mano, podemos decir que el TDAH es el trastorno neuropsiquiátrico más frecuente en la infancia, especialmente en el género masculino.

El TDAH es el trastorno neuropsiquiátrico más frecuente en la infancia.
 

TDAH y género

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Se estima que la proporción de niños frente a niñas con Trastorno por déficit de atención con hiperactividad es de 2 a 1. Sin embargo, la realidad es que se diagnostican entre 3 y 6 niños por cada niña. Esta diferencia probablemente sea debida a que los casos en las niñas pasan más desapercibidos. Las niñas no suelen tener los problemas de conducta asociados que sí tienen los niños y que tanto llaman la atención en los colegios. En las niñas predomina la falta de atención sobre la hiperactividad y la impulsividad, siendo estos dos últimos síntomas los que más se relacionan con los problemas de conducta desafiante. Al llegar a la edad adulta, la proporción de TDAH entre hombres y mujeres se iguala más, con una relación de 1,6:1 a favor de los varones.

En el TDAH infantil, la hiperactividad puede ser muy llamativa porque se expresa a través de la conducta. Sin embargo, la falta de atención es menos visible ya que “no molesta” al entorno de padres y profesores. Por este motivo llegan más niños que niñas con sospecha de TDAH a las consultas de salud mental infanto-juvenil.

Curiosamente, el porcentaje de niños y niñas afectados de TDAH es muy similar en cualquier localización geográfica en el mundo y en cualquier cultura.

El TDAH es más frecuente en niños, aunque en niñas pasa más desapercibido.
 

¿Está el TDAH infradiagnosticado en la edad adulta?

Muchas personas en nuestro país con TDAH, especialmente adultos, no están diagnosticadas. Este infradiagnóstico puede ser debido a diversas causas. En primer lugar, es una enfermedad que durante años se ha creído que se curaba al cumplir los 18 años. Lo cual ha llevado a muchos profesionales a no considerarlo como una opción diagnóstica en los adultos hasta hace poco tiempo. Además, la manifestación del TDAH en los adultos es distinta a la manifestación en los niños. Los profesionales que esperen encontrar en un adulto los mismos síntomas que en un niño, posiblemente no puedan hacer ningún diagnóstico de TDAH. En la edad adulta, el TDAH afecta más a la capacidad de regulación emocional interna, al déficit de atención y a la desorganización que en la etapa infantil. Además, según pasan los años para las personas con TDAH, la hiperactividad repercute menos en la conducta y se refleja como una sensación de “motor interno en funcionamiento”. Otra complicación es que hasta el 80 % de los adultos tienen otro trastorno mental, como pueda ser ansiedad o consumo de sustancias, lo cual nos puede enmascarar el TDAH. Por último, el estigma social que existe sobre la utilización de estimulantes para el tratamiento del TDAH hace que muchas personas, e incluso profesionales, eviten hacer el diagnóstico para evitar su prescripción. En los siguientes apartados veremos que las verdaderas consecuencias de no tratar un TDAH con estimulantes son muy negativas: mala evolución de la enfermedad, mayores problemas académicos, sociales, legales, familiares, etc.

Hasta el 80 % de los adultos con TDAH pueden tener otro trastorno mental simultáneamente.
 

Cómo repercute el TDAH en la vida de una persona

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Aunque el TDAH pueda aparentar la designación médica de una persona “despistada” sin más, en realidad es un trastorno potencialmente bastante grave. El TDAH repercute en la vida familiar, en la vida académica y laboral, a nivel social y personal, económicamente e incluso psicológicamente.

Habitualmente, tanto los padres de los niños con TDAH como sus profesores suelen estar muy preocupados por su rendimiento académico. Es cierto que los niños con TDAH, muy especialmente aquellos que no reciben tratamiento, tienen un rendimiento mucho menor y tienen mayor riesgo de abandonar los estudios por fracaso escolar que sus compañeros de clase. Está claro que van a necesitar más tiempo para estudiar las lecciones y ciertas ayudas tanto dentro como fuera de las aulas para favorecer que su atención esté dirigida a la materia que se está estudiando. Esta dificultad académica puede ir empeorando a medida que avanza de curso el alumno y las exigencias son mayores. En la edad adulta, los problemas van a aparecer en el entorno laboral. En realidad, son los mismos problemas: falta de atención, errores frecuentes, impuntualidad, mala gestión del tiempo, posibles conflictos con los compañeros, etc. Todos estos problemas van a conllevar más cambios de trabajo que en otras personas y mayor riesgo de ser despedido.

A nivel familiar también hay una importante repercusión. Cuando la persona con TDAH es un niño, los padres van a verse comprometidos por el comportamiento inapropiado del niño y por los problemas curriculares. Mientras que, en el adulto con TDAH, van a aparecer dificultades para establecer lazos de confianza y para mantener parejas. Estas personas sufren más cambios de pareja, tienen más problemas para controlar su ira en las discusiones de pareja y pocas veces pueden ofrecer “estabilidad”.

Desde una perspectiva social es posible que una persona con TDAH también tenga problemas. Se suelen considerar personas “ruidosas”, que hablan en voz alta, interrumpen, no escuchan, cambian de tema de conversación, no respetan el turno de palabra y son muy impacientes. Estas características no suelen gustar y pueden producir rechazo entre los amigos.

El TDAH no se cura espontáneamente al cumplir la mayoría de edad.

En el plano personal, las personas con Trastorno por déficit de atención con hiperactivdad gestionan mal el tiempo y el dinero. Toman decisiones de forma muy impulsiva, son propensos a los accidentes, la rutina les aburre, no suelen completar sus estudios y pueden tener antecedentes penales (por conducción temeraria y consumo de sustancias). Estas características les lleva a tener problemas económicos, contraer deudas, perder trabajos, romper relaciones, sufrir las consecuencias de tomar decisiones impulsivamente o lesionarse gravemente por un accidente. Las consecuencias con el tiempo son: baja autoestima, pobre control de la ira, inestabilidad emocional y problemas emocionales. En los casos en los que están años sin recibir tratamiento, pueden desarrollar ansiedad, depresión o incluso abusar del alcohol u otras sustancias.

En el apartado pronóstico y consecuencias del TDAH desarrollamos más ampliamente los problemas a los que puede llevar este trastorno del neurodesarrollo en la edad adulta.

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