El Trastorno de ansiedad generalizada (conocido con las siglas TAG) se caracteriza por ansiedad y preocupación excesiva acerca de múltiples acontecimientos o actividades. A esta preocupación la llamamos anticipación aprensiva porque consiste en anticipar supuestos acontecimientos adversos que tienen una baja o muy baja probabilidad de ocurrir. Además, la intensidad de la preocupación es desproporcionada al impacto real del supuesto suceso o a la probabilidad de que ocurra. Sin embargo, la persona no es capaz de controlar dicha preocupación y el pensar en ella le interfiere en la realización de otras tareas inmediatas.

 

Qué es el Trastorno de ansiedad generalizada (TAG)

 
Una tarea tan cotidiana como ir a hacer la compra puede suponer una intensa ansiedad ante la preocupación de qué comprar o de pensar que se va a llegar tarde a hacer la siguiente tarea.

Una tarea tan cotidiana como ir a hacer la compra puede suponer una intensa ansiedad ante la preocupación de qué comprar o de pensar que se va a llegar tarde a hacer la siguiente tarea.

Las personas con ansiedad generalizada experimentan una ansiedad persistente y preocupación desproporcionada a la situación o acontecimiento real. Típicamente, suelen preocuparse por acontecimientos rutinarios de la vida, como llegar tarde a una clase extraescolar de sus hijos, tener que bajar a comprar aceite porque se ha terminado, pagar una multa de aparcamiento, no tener tiempo de terminar todas las tareas domésticas, etc. Estas preocupaciones suelen variar con el tiempo: los niños se preocupan por si hacen bien las tareas de clase, los adolescentes se preocupan por los exámenes, los adultos por la situación económica familiar y los ancianos por la salud de sus familiares.

La ansiedad y la preocupación se asocian a un variedad de síntomas físicos y cognitivos. Estos síntomas suelen ser: tensión cervical, dolor de cabeza, inquietud, temblores, irritabilidad, insomnio, cansancio, sudoración, náuseas, aumento de la frecuencia de la micción o episodios de diarrea.

 
Las personas con TAG tienen preocupaciones excesivas, persistentes e injustificadas ante los problemas del día a día.

El TAG es un tipo de trastorno de ansiedad. Otros trastornos de ansiedad serían: el Trastorno de pánico, la Agorafobia, la Fobia social, las fobias específicas y la ansiedad por separación. Cada uno de estos tipos de trastornos de ansiedad tiene una característica particular. Si quieres saber más acerca de cada uno de ellos, pincha en la palabra y te llevará al artículo que lo describe.

 

Factores de riesgo de la ansiedad generalizada

Hasta un tercio del riesgo de sufrir un trastorno de ansiedad generalizada es atribuible a la genética. Por este motivo, es frecuente ver miembros de la misma familia y generaciones sucesivas de personas ansiosas. Además, este riesgo genético es compartido con otros tipos de trastornos de ansiedad y con el trastorno depresivo mayor. Determinados factores temperamentales también se han relacionado con la ansiedad generalizada, estos son: el neuroticismo (afectividad negativa), la inhibición de la conducta y la evitación del daño. Por último, no se han podido determinar factores ambientales específicos, pero sí se conoce que la sobreprotección de los padres y las adversidades en la infancia puedan estar relacionadas.

Casi un 33 % del riesgo de sufrir TAG está determinado genéticamente.
 

Diferencias entre la ansiedad generalizada y la ansiedad adaptativa

El trastorno de ansiedad generalizada produce unas preocupaciones que son excesivas; mientras que, las preocupaciones de la vida cotidiana están justificadas, se perciben como más manejables y pueden aplazarse ante situaciones de urgencia. Las preocupaciones del Trastorno de ansiedad generalizada son más angustiosas y penetrantes: tienen mayor duración y aparecen sin desencadenante identificable. En la ansiedad generalizada, la diversidad de temas de preocupación es mucho mayor. De hecho, cuanto mayor sea la variedad de las preocupaciones, mayor es el riesgo de que sufrir un trastorno de ansiedad generalizada. La preocupación acerca de las cuestiones cotidianas no suele asociarse a síntomas físicos (inquietud o nerviosismo), como ocurre con la ansiedad generalizada. Finalmente, la preocupación constante de la ansiedad generalizada lleva al deterioro de las áreas sociales y ocupacionales de la persona. Si no estás seguro de si tu ansiedad es adaptativa o es patológica, te recomendamos que hables con un especialista de la psiquiatría o de la psicología.

La ansiedad deja de ser adaptativa cuando se vuelve muy intensa o no desaparece.

Como decíamos anteriormente, la ansiedad puede ser adaptativa en determinadas circunstancias y, por lo tanto, normal y esperable. Sin embargo, la ansiedad generalizada no es adaptativa e interfiere significativamente con el funcionamiento psicosocial. Veamos qué diferencia a la ansiedad generalizada de la ansiedad normal.

 
 

Ansiedad generalizada

Preocupaciones excesivas, inaplazables

Preocupaciones angustiosas y penetrantes

Preocupaciones duraderas

Preocupaciones sin desencadenante identificable

Gran diversidad de temas de preocupación

Ansiedad asociada a síntomas físicos (inquietud o nerviosismo)

Deterioro de áreas sociales y ocupacionales de la persona

Ansiedad adaptativa

Preocupaciones razonables y aplazables

Preocupaciones menos pronunciadas

Preocupaciones limitadas en el tiempo

Preocupaciones con desencadenante identificable

Preocupación por temas concretos

Ansiedad sin síntomas físicos

No deterioro en áreas de funcionamiento psicosocial

 

Epidemiología del Trastorno de ansiedad generalizada

La ansiedad generalizada es un trastorno que suele presentarse en la edad media de la vida y es más frecuente en mujeres, con una proporción de 2:1 frente a varones. Curiosamente, tienen más riesgo las personas que viven en países desarrollados que las que viven en países en vías de desarrollar, a pesar de tener mejores condiciones de vida. La proporción de personas que pueden verse afectadas es tan elevado -hasta un 5% de la población- que se puede considerar incluso una forma de vida en las sociedades más desarrolladas. Este trastorno es uno de los más frecuentes en las consultas de psiquiatría y psicología.

La ansiedad generalizada puede afectar hasta casi un 5 % de las personas a lo largo de sus vidas, especialmente a las mujeres.
 

Síntomas de la ansiedad generalizada

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Las personas con Trastorno de ansiedad generalizada tienen la sensación de estar con los nervios de punta todo el tiempo, atrapados en un estrés que no desaparece o con una inquietud persistente. Esta ansiedad tiene las cualidades de ser excesiva, persistente e injustificada y puede aparecer por cuestiones cotidiana como el dinero, la familia, la salud, el trabajo o las relaciones. La ansiedad es persistente cuando no desaparece, es excesiva si es mayor que la que sentiría otra persona en la misma situación y es injustificada cuando no es proporcional. Las personas con TAG pueden llegar a ser conscientes y reconocer la desproporción y exageración de su preocupación, pero no lo pueden evitar. Consideran que está fuera de su control y no saben como parar de preocuparse.

Además de la preocupación característica del TAG, este también cursa con cansancio, irritabilidad, problemas de concentración, tensión muscular, presión en el pecho, dolores de cabeza, cambios en el apetito, pesadillas, insomnio y, eventualmente, fatiga crónica.

Las personas con ansiedad generalizada pueden reconocer que su preocupación es desproporcionada, pero no pueden parar.
 

Gravedad del Trastorno de ansiedad generalizada

 

La gravedad del TAG puede variar entre severo y leve a lo largo del tiempo. Se considera severo cuando produce una importante limitación en el funcionamiento cotidiano; mientras que, los casos más leves son compatibles con el mantenimiento de un trabajo y autonomía para la interacción social. En cualquier caso, se recomienda no esperar a que sea demasiado grave para recibir tratamiento. Algunas personas pueden llegar a no ser capaces de realizar su trabajo y estar una temporada de baja laboral. Abordando el problema a tiempo, se pueden evitar estos desenlaces negativos.

El trastorno de ansiedad generalizada suele agravarse cuando concurre con otros trastornos mentales como depresión mayor, otros tipos de ansiedad, consumo de sustancias, trastorno obsesivo compulsivo o TDAH. En estos casos, hay que evaluar qué trastorno abordar primero. Normalmente, la jerarquía marca que la ansiedad se puede abordar en segundo lugar. Por ejemplo, las personas con TOC y ansiedad, van a ver mejorar su ansiedad cuando empiecen a mejorar del TOC; por tanto, se recomienda priorizar el tratamiento del TOC.

 
 

Diagnóstico de la ansiedad generalizada

 
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El primer paso a la hora de diagnosticar un Trastorno de ansiedad generalizada es descartar otras causas de ansiedad. Lo primero que debemos descartar es una enfermedad médica que esté siendo responsable de la ansiedad, como por ejemplo un hipertiroidismo. Esta valoración la debe hacer un médico o un psiquiatra. Lo siguiente es revisar los hábitos de esa persona y asegurarnos que la ansiedad no es la consecuencia de una medicación (por ejemplo, corticoides), del abuso de cafeína o del consumo de otras sustancias adictivas. Una vez descartado todo lo anterior, nos valemos de una entrevista clínica con el paciente y de unos criterios diagnósticos validados y reconocidos internacionalmente para hacer el diagnóstico de TAG. Estos criterios dicen que la preocupación excesiva alrededor de cuestiones cotidianas ha tenido que estar presente durante al menos la mitad del tiempo en los últimos 6 meses. Es decir, los síntomas de ansiedad han tenido que ocurrir durante al menos 90 días de entre los últimos 180 días. También dicen que la ansiedad producida por las preocupaciones ha tenido que ser intensa y difícil de aplacar. Por lo que estas personas han tenido dificultades para poder tomar el control de nuevo de sus emociones. Los síntomas tienen que estar presentes en un número suficiente y han tenido que provocar algún tipo de problema en el trabajo o en la escuela.

 
 

Tratamiento de la ansiedad generalizada

Como ocurre con todos los trastorno de ansiedad, el tratamiento del Trastorno de ansiedad generalizada puede realizarse mediante psicoterapia o mediante medicación. En algunos casos pueden emplearse los dos tratamientos, es lo que conocemos como tratamiento combinado. En general, los resultados a corto plazo son muy similares para los dos tratamientos. Sin embargo, el resultado a largo plazo es más favorable para la psicoterapia. Esta diferencia es debida al riesgo de efectos adversos con la medicación y riesgo de dependencia si se utilizan unos medicamentos que se denominan benzodiacepinas. La realidad es que el riesgo de efectos secundarios es muy bajo con los tratamientos convencionales y las benzodiacepinas deberían emplearse durante un tiempo muy limitado para evitar precisamente el riesgo de dependencia.

 

Psicoterapia para la ansiedad generalizada

La psicoterapia es un tratamiento muy adecuado para el Trastorno de ansiedad generalizada. El tratamiento consiste en revisar los hábitos de vida para hacerlos más saludables, investigar sobre el origen de algunas preocupaciones principales y ofrecer técnicas de relajación. Los efectos se empiezan a notar al cabo de varias sesiones y puede persistir a largo plazo si se completa el tratamiento. En casos más graves o cuando coexisten otros problemas, como depresión, quizás sea conveniente valorar y plantear añadir un tratamiento farmacológico. Se recomienda que la psicoterapia la imparta un psiquiatra psicoterapeuta o un psicólogo clínico.

 

Medicación para la ansiedad generalizada

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El tratamiento de elección para el Trastorno de ansiedad generalizada o TAG son los antidepresivos, en concreto los denominados ISRS (inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina). Aunque se denominen antidepresivos actúan también previniendo la ansiedad y las preocupaciones excesivas que aparecen tanto en el TAG como en la depresión. Disponemos de varios principios activos de esta clase de antidepresivos aprobados en el tratamiento del TAG: Escitalopram, Citalopram, Sertralina y Paroxetina. También se emplean los denominados IRSN (inhibidores de la recaptación de serotonina y noradrenalina), como son: Venlafaxina y Duloxetina. Por último, Pregabalina (Lyrica ®), un antiepiléptico con propiedades ansiolíticas, también tiene indicación aprobada para el TAG.

Tanto los antidepresivos mencionados como la Pregabalina son fármacos que tienen un periodo de latencia de unas pocas semanas. Esto significa que hasta que el paciente no lleva una semanas tomando la medicación, no va a notar mejoría. Por este motivo, se recomienda en algunos casos en los que la ansiedad es inicialmente muy intensa, combinar estos tratamiento con benzodiacepinas. Las benzodiacepinas son ansiolíticos con un inicio de acción muy rápido (menor a una hora), pero con una duración limitada a unas horas (variable de un fármaco a otro). El problema de las benzodiacepinas son sus efectos adversos (aumento del riesgo de caída en ancianos, de accidentes en conductores y problemas de concentración en estudiantes) y el riesgo de adicción. Debido a su potencial riesgo adictivo, especialmente en personas con antecedentes familiares o personales de adicción, se recomienda limitar su prescripción a un máximo de dos o tres meses.

Una estrategia habitual de tratamiento es combinar un antidepresivo con una benzodiacepina las primeras semanas, hasta que el antidepresivo comience a hacer efecto.

 
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Psiquiatra y Psicoterapeuta experto en Ansiedad generalizada