Aproximadamente un 10 % de las personas tienen alguna fobia específica, las más frecuentes son a la sangre, a los animales, a volar, a espacios pequeños (claustrofobia), etc. Las fobias pueden resultar muy incapacitantes para algunas personas que ven limitada su libertad a la hora de tomar decisiones, por lo que va a afectar a su calidad de vida. Las personas con fobia específica, suelen tener miedo a una media de tres situaciones u objetos. El tratamiento mediante la terapia de exposición es de elección, aunque en algunos casos es necesario complementar con medicación.



Qué son las Fobias

Las fobias se encuentran clasificadas dentro de los trastornos de ansiedad. Se encuentran divididas en tres tipos distintos: Agorafobia, Fobia social y Fobias específicas. La Agorafobia es el temor a verse en una situación en la que pedir ayuda pueda resultar difícil o embarazoso. La Fobia social es el temor o ansiedad a las situaciones de interacción social en las que la persona pueda sentirse analizada por los demás. Por último, la Fobia específica es el miedo o ansiedad circunscrita a objetos o situaciones concretos, a los que denominamos estímulos fóbicos. En este artículo vamos a desarrollar las Fobias específicas.

Llamamos estímulos fóbicos a los objetos o situaciones concretos que producen el miedo o la ansiedad.

En la Fobia específica, el miedo no lo suele producir directamente el objeto o la situación temida, sino que lo provoca las supuestas consecuencias que tendría exponerse al estímulo fóbico. De ahí que las personas con miedo a las alturas no teman los edificios altos, sino el riesgo de caer al vacío. Igualmente, las personas con miedo a conducir no temen el acto de conducir, sino las consecuencias de un supuesto accidente de circulación. El síndrome fóbico puede dividirse en tres componentes que se cierran en un círculo:

  1. La ansiedad anticipatoria que aparece antes de enfrentarse o al imaginar el estímulo fóbico.

  2. El temor en el momento de la exposición

  3. Las conductas de evitación que aparecen después de haber sentido el miedo y que consiguen mitigar la ansiedad anticipatoria.

El miedo no lo suele producir directamente el estímulo fóbico, sino la supuesta consecuencia que tendría exponerse a él.

Los estímulos fóbicos pueden ser animales (incluye insectos y arañas), fenómenos naturales (tormentas, alturas, mares, etc.), sangre (agujas, jeringillas, accidentes, etc.) o situaciones (aviones, ascensores, etc.). La intensidad del miedo o ansiedad provocados debe ser excesiva, irracional y persistente en el tiempo (al menos 6 meses). El temor a la situación u objeto debe ser excepcional, lejos de lo convencional en la cultura del sujeto y desproporcionado al peligro real. La persona que lo sufre es consciente de la desproporcionalidad, pero no puede evitar sentir miedo.

Los estímulos fóbicos pueden ser animales, fenómenos naturales, situaciones concretas o lo relacionado con la sangre.

La exposición al estímulo fóbico provoca siempre miedo o ansiedad, además de forma inmediata. En este sentido, para poder diagnosticar una fobia a volar tiene que aparecer miedo o ansiedad todas las veces que esa persona se suba a un avión. En la mayoría de los casos, la intensidad del miedo varía con la proximidad del estímulo fóbico. Hasta el punto de que el miedo puede ser tan intenso que llegue a producir una crisis de pánico. La intensidad puede ser menor al imaginar o anticipar el estímulo fóbico, en cuyo caso suele producir conductas de evitación (huir o evitar la situación u objeto fóbico). Por tanto, aunque muchas personas puedan tener miedos diversos, para poder realizar el diagnóstico de Fobia específica es necesario que el temor y la evitación interfieran de modo significativo en la vida normal de la persona.

 

Epidemiología de la fobia específica

Para redondear cifras, aproximadamente un 10 % de las personas en el mundo occidental (Europa y América del Norte) sufrirá de una fobia específica a lo largo de sus vidas. El número de mujeres afectadas dobla al número de hombres, especialmente en las fobias a los animales, entornos naturales y situaciones. Por el contrario, las fobias a la sangre y las agujas son igual de frecuentes en los hombres que en las mujeres. La edad a la que aparecen con mayor frecuencia es en la adolescencia y van mitigándose en la tercera edad.

Aproximadamente un 10 % de la población de Occidente sufre una fobia específica.

En Asia, África y América Latina las fobias específicas son mucho menos frecuentes y aparecen aproximadamente en la mitad de personas que en los países desarrollados.

 

Causas de las fobias específicas

Existe un consenso en cuanto a que existe una transmisión familiar de las fobias. Esto resulta evidente si se conoce el siguiente dato: el 75 % de las personas diagnosticadas de una fobia específica tienen un familiar de primer grado con una fobia del mismo tipo.

Las fobias específicas tienen una transmisión hereditaria de padres a hijos.

El origen de la emoción del miedo está en el llamado circuito cerebral del miedo. En este circuito, denominado también sistema límbico, están implicadas fundamentalmente tres estructuras cerebrales: la amígdala, el hipotálamo y la corteza cerebral. La amígdala es el núcleo central del miedo, se coordina con otras estructuras cerebrales para intervenir en las respuestas emocionales agudas, como el miedo y la ansiedad. El hipotálamo envía señales neurohormonales que regulan los cambios fisiológicos mediante la liberación de hormonas de estrés (cortisol) y cambios vegetativos (incremento del pulso y de la frecuencia respiratoria). Por último, la corteza cerebral participa en el pensamiento y la memoria, que juegan un papel muy importante en el miedo. Esta última estructura es la que es capaz de predecir las consecuencias de la interacción con el entorno, por ejemplo, sentir miedo al acercarse a un hospital porque sabe que puede encontrar sangre allí.

 

Factores de riesgo para desarrollar una Fobia específica

Las personas sensibles emocionalmente y con tendencia a la tristeza tienen más riesgo de desarrollar una Fobia específica a lo largo de sus vidas. Existen también una serie de factores de riesgo ambientales, como son: pérdida de los padres a edad temprana, sobreprotección de los padres durante el desarrollo puberal, el maltrato físico y los abusos sexuales. Estos factores de riesgo ambientales son comunes a otros trastornos de ansiedad.

La exposición negativa o traumática a la situación o al objeto temidos puede preceder al desarrollo de la fobia específica, pero esto no es siempre así. Por tanto, solo una minoría de las personas con Fobia específica va a recordar haber sufrido un acontecimiento traumático relacionado con el estímulo fóbico. Por este motivo, la mayoría de las personas consideran irracional y desmedido el miedo que sienten.

 

Cómo se vive una situación fóbica

Las personas con Fobia específica reaccionan con miedo cuando se enfrentan al estímulo fóbico y el resto del tiempo, lo evitan. Esto significa que aunque el estímulo no esté presente físicamente, sí lo está en su mente y limita su capacidad de decidir libremente. Las conductas de evitación pueden ser más o menos incapacitantes: pueden ser desde poco significativas hasta producir un total aislamiento.

En algunos casos, las conductas de evitación se convierten en la parte más invalidante del trastorno.

En cuanto al miedo, todos lo hemos sentido alguna vez: aparece una sensación de nerviosismo que recorre el cuerpo entero, se acelera el corazón, la respiración se intensifica, aumenta la sudoración y puede aparecer temblor. Es como si se activara el sensor de peligro y nuestra supervivencia corriera peligro. El malestar suele ser breve si se consigue huir o evitar la situación temida.

De forma particular, las personas que tiene fobia a la sangre, a las agujas o a las inyecciones tienen una elevada facilidad para sufrir un desmayo (síncope vasovagal) en el momento de la exposición.

 

Diagnóstico de las fobias

A pesar de lo frecuentes que son las fobias, raramente se convierten en el motivo de consulta en salud mental. Normalmente, son síntomas que comentan los pacientes de soslayo cuando acuden a la consulta del especialista por otra causa. En menor medida, las personas con Fobia específica pueden acudir a la consulta del especialista cuando algún cambio vital reciente le obliga a tener que enfrentar la situación temida. En cualquier caso, las personas que buscan ayuda para sus Fobias específicas son aquellas que son muy incapacitantes, son fobias múltiples o las que provocan crisis de pánico en el contexto fóbico.

El diagnóstico de la Fobia específica parece muy sencillo ya que la propia persona que lo sufre es consciente de su problema. Sin embargo, son muchas las personas que no consultan por este problema y terminan sufriendo otros problemas asociados, como depresión, baja autoestima o consumo de sustancias. Muchas personas con Fobia específica se limitan a evitar la situación u objeto temido sin darse cuenta que su libertad se ve muy limitada. Por ejemplo, una persona con miedo a las serpientes que viva en una ciudad puede llegar a ver muy restringida su salida a la naturaleza los fines de semana o en vacaciones. Por el contrario, una persona que viva en el campo y tenga fobia a los ascensores pueda rechazar un empleo en una ciudad porque la oficina esté situada en un piso alto. La vergüenza suele ser una emoción muy presente en estos casos, que impide a la persona hablar abiertamente de sus miedos y reconocer sus limitaciones funcionales.

 

Tratamiento de las fobias específicas

El tratamiento más consensuado para las fobias específicas es la psicoterapia. Dentro de las distintas corrientes de psicoterapia, es la terapia cognitivo conductual la que más evidencia tiene. Se denomina Terapia de exposición a la técnica cognitivo-conductual que se utiliza para tratar las fobias.

Recomendamos la psicoterapia como tratamiento de primera elección para las fobias específicas.

En el caso de la fobia a la sangre, inyecciones y agujas, se recomienda al paciente que aplique tensión a sus músculos, especialmente en las piernas, para evitar el desmayo durante los momentos de exposición.

 

Terapia de exposición

La terapia de exposición es considerada por la mayoría de las guías de práctica clínica como el tratamiento de primera elección para la Fobia específica. Puede ser in vivo, en la que se acompaña al paciente durante la exposición, o puede ser mediante imaginación guiada.

El primer paso en la terapia de exposición consiste en que el terapeuta enseñe al paciente a reconocer su ansiedad y aprenda a nombrar su intensidad. Después le enseña técnicas de relajación para poder enfrentarse gradual y lentamente al estímulo fóbico. Esta exposición escalonada es lo que se conoce como desensibilización sistemática. Cognitivamente, se muestra al paciente lo irracional de su temor y que el estímulo fóbico no es tan peligroso como creía.

 

Tratamiento farmacológico de la Fobia específica

Los tratamientos farmacológicos para la Fobia específica son menos eficaces que los tratamientos psicológicos. No obstante, existen algunos casos que se pueden beneficiar de medicación. Los medicamentos suelen emplearse cuando no ha habido mejoría con la psicoterapia, en situaciones muy invalidantes o en casos en los que existan crisis de pánico que responden muy bien. El tratamiento más adecuado son los antidepresivos, aunque puntualmente se pueden utilizar benzodiacepinas y betabloqueantes. A pesar de su nombre, los antidepresivos son muy buenos ansiolíticos y actúan directamente sobre la respuesta del miedo y la ansiedad. Son tratamientos muy seguros, muy eficaces y que combinan muy bien con la psicoterapia. Se recomendaría mantener aproximadamente 12 meses el tratamiento una vez hayan desaparecido los síntomas. Si reaparecieran los síntomas al suspender el fármaco, habría que plantearse un tratamiento más prolongado.

Seguir leyendo Tipos de Fobias específicas


  1. Fobias específicas

  2. Tipos de Fobias específicas


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