La depresión es una enfermedad muy frecuente que afecta a más de 300 millones de personas de todo el mundo, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Se estima que una de cada cinco personas la sufrirán a lo largo de sus vidas, afectando al doble de mujeres que hombres. La depresión, en los casos más graves, puede conducir al suicidio, ya que multiplica por 20 el riesgo de suicidio consumado. Además de ser una enfermedad muy frecuente y potencialmente letal, según la OMS, es la principal causa mundial de discapacidad, por delante de las enfermedades cardiovasculares y del cáncer.

 

Definición de la depresión mayor

Cabe distinguir la depresión de la tristeza -una de las seis emociones básicas del ser humano y que todos experimentamos en distintos momentos de nuestra vida- y de las variaciones del estado de ánimo en respuesta a los problemas de la vida cotidiana. La depresión, entendida como una enfermedad, se conoce como trastorno depresivo mayor. Para su diagnóstico es preciso cumplir una serie de criterios clínicos, entre los que predominan, por un lado, el estado de ánimo triste durante la mayor parte del día y, por otro lado, la pérdida de interés o placer por las actividades cotidianas. Para que se pueda considerar depresión mayor, la duración de estos síntomas debe ser superior a dos semanas.

Aunque a veces pueda existir controversia a la hora de dibujar la línea que separa una respuesta de tristeza normal y una depresión mayor, el verdadero debate está en la realidad de estos dos grandes problemas: la depresión está infradiagnosticada e infratratada. Esto quiere decir que muchas depresiones quedan sin identificar y que, incluso aquellas que sí han sido diagnosticadas, reciben un tratamiento insuficiente. Se ha postulado que esto es debido a tres causas principales: en primer lugar, a un déficit de recursos; en segundo lugar, a una falta de profesionales suficientemente formados; y, por último, a la persistencia de un estigma social.

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