La ansiedad y el miedo son experiencias normales que todos experimentamos cada cierto tiempo. El miedo surge ante una amenaza externa identificable (por ejemplo, ante un atraco) y es una de las seis emociones básicas. El miedo se considera fundamental para la supervivencia porque nos prepara para la reacción de lucha-huida ante situaciones de riesgo inminente. Por otra parte, la ansiedad es un estado emocional no placentero que se acompaña de nerviosismo y una sensación de desasosiego. Habitualmente, el miedo aparece en el mismo momento en el que se nos presenta el peligro (por ejemplo, al encontrarnos un oso en el bosque). Mientras que, la ansiedad puede aparecer al imaginar el peligro (ansiedad anticipatoria), tras desaparecer la amenaza o sin causa aparente. Tanto la ansiedad como el miedo se suelen acompañar de cambios físicos y conductuales.

Los cambios conductuales que se producen en situaciones de miedo o ansiedad, se relacionan con conductas de evitación (evitar el peligro o aquello que nos da miedo) o de lucha (como enfadarnos o querer tener la razón en una discusión). Mientras que los cambios físicos se producen, como decíamos, para preparar al cuerpo para luchar o huir. Por tanto, el corazón va a latir más deprisa, la respiración se va a acelerar y nuestros sentidos se van a aguzar. Estos cambios físicos son útiles si nos tenemos que enfrentar a un atracador, como en el ejemplo anterior, y se consideran adaptativos. Sin embargo, no van a tener utilidad en otras circunstancias en las que la amenaza no sea física, como tener que pagar una hipoteca todos los meses. Para organizar las tareas domésticas, pagar las facturas o encontrar trabajo no necesitamos que nuestro cuerpo se prepare físicamente para luchar o huir. En estos casos en los que la ansiedad no supone una mayor probabilidad de superviviencia es cuando decimos que es desadaptativa y puede convertirse en un trastorno mental.

La ansiedad en determinados momentos es adaptativa y favorece la supervivencia.

Un cierto grado de ansiedad en determinadas circunstancias es necesario. Por ejemplo, estar un poco nervioso al enfrentarnos a un examen va a permitir que podamos concentrarnos mejor en la tarea y estemos motivados en hacerlo bien. Sin embargo, cuando la ansiedad supera un determinado umbral o se mantiene un tiempo muy prolongado, deja de considerarse adaptativa. Esta situación es la que marca el comienzo de un Trastorno de ansiedad, porque empieza a provocar angustia excesiva, malestar significativo y un empeoramiento en el rendimiento. Algunas personas tienen más tolerancia a la ansiedad que otras, pero todas pueden desarrollar un Trastorno de ansiedad. Para poder delimitar la línea que separa la ansiedad adaptativa del Trastorno de ansiedad debemos fijarnos en: la experiencia subjetiva del paciente, la interferencia con el día a día, la persistencia en el tiempo y la intensidad de los síntomas.

 

Tipos de ansiedad

La ansiedad se clasifica en diferentes trastornos de ansiedad, según sus características principales. Entre los distintos trastornos de ansiedad, destacamos los siguientes:

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Se caracteriza por ataques de pánico de extrema ansiedad, inesperados, recurrentes y de duración breve. Entre crisis y crisis, el paciente suele presentar una elevada preocupación e intenso temor a que se repita el ataque de ansiedad.

 
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Miedo y ansiedad ante un número elevado de situaciones donde escapar pueda ser difícil o embarazoso. En casos extremos, puede relegar a una persona a no salir de su casa durante un largo periodo de tiempo.

 
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Temor persistente a situaciones de exposición social por miedo a ser analizados por los demás. Aparece una intensa vergüenza a ser valorado negativamente por los demás o a sentirse humillado.

 
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Se trata de miedos a cuestiones concretas, normalmente relacionada con la sangre, animales, insectos, espacios pequeños, medios de transporte, etc.

 
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Ansiedad y preocupación excesiva en torno a múltiples situaciones. Se trata de una ansiedad no muy intensa, pero continua y ante cualquier factor mínimamente estresante.

 
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Ansiedad por separación

Malestar excesivo y recurrente por la separación de las figuras de apego o del hogar. Muy frecuente en niños y niñas.

 
Quien tiene ansiedad suele tener varios tipos distintos de ansiedad.

Todos estos trastornos de ansiedad, que están desarrollados en sus respectivos apartados, tienen dos características principales en común: el miedo y la preocupación. Alrededor de estos dos síntomas principales orbitan otros síntomas que diferencian un trastorno de ansiedad de otro. Aun así, no es infrecuente que las personas afectadas de ansiedad cumplan los criterios diagnósticos de dos y hasta tres de estos trastornos de ansiedad. Hasta donde sabemos, ni la localización anatómica ni los neurotransmisores implicados diferencian un trastorno de ansiedad de otro. Es posible que la diferencia esté en la naturaleza del mal funcionamiento. Así, en el trastorno de ansiedad generalizada el mal funcionamiento es continuo pero no grave; en el trastorno de pánico es intenso, intermitente e inesperado; y, en las fobias (agorafobia, fobia social y fobias específicas) es esperado. Por último, puede darse el caso de que el mal funcionamiento de los circuitos sea de origen traumático, como en el trastorno por estrés postraumático o en el Trastorno por estrés agudo.

La ansiedad suele aparecer acompañada de otros problemas: depresión, TOC, TDAH o consumo de sustancias.

El solapamiento de síntomas entre los distintos tipos de trastornos de ansiedad también se aprecia entre los trastornos de ansiedad y la Depresión mayor. De esta manera, la diferencia entre la ansiedad y la depresión no siempre están bien definidas y, en muchos casos, es necesario hacer un doble diagnóstico. Veamos un resumen de cómo se distribuyen los síntomas:

  • Síntomas exclusivos de la ansiedad: estado de hiperalerta y tensión somática.

  • Síntomas exclusivos de la depresión mayor: pérdida de interés y de la capacidad para disfrutar (anhedonia).

  • Síntomas solapados ansiedad-depresión: bajo ánimo, insomnio, problemas de concentración, excitación psíquica, conductas de evitación y fatiga.

La ansiedad también está muy relacionada con el insomnio y, en menor medida, con el Trastorno obsesivo compulsivo (TOC). La dificultad para conciliar el sueño es casi un compañero inseparable de la ansiedad y, en muchas ocasiones, debe tratarse específicamente. Por otra parte, las personas con TOC suelen tener ansiedad y las personas con ansiedad suelen desarrollar síntomas obsesivo-compulsivos aunque no cumplan suficientes criterios diagnósticos para TOC.

 

Causas de ansiedad

Como hemos dicho, la ansiedad es necesaria para la supervivencia y la experimentamos todos los animales. Sin embargo, los Trastornos de ansiedad no son adaptativos y no favorecen la supervivencia. Los trastornos de ansiedad tienen una etiología que depende de una vulnerabilidad biológica (genética principalmente) y una vulnerabilidad psicológica. Hay trastornos de ansiedad en los que la vulnerabilidad genética tiene mayor peso (como las fobias específicas) y otros en los que tiene menos peso (como en el trastorno de ansiedad generalizada).

Determinadas enfermedades médicas pueden producir ansiedad y deben descartarse en primer lugar. Por otra parte, los problemas de la vida diaria (salud, familia, trabajo, dinero y amigos) son las principales fuentes de preocupación y, potencialmente, pueden ser desencadenantes de la ansiedad. Veamos a continuación, cuáles son las principales causas de ansiedad.

Aunque no son las causas más frecuentes, es importante descartar las causas médicas de la ansiedad.
 

Causas médicas de ansiedad

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La ansiedad puede estar exacerbada o provocada por diversas enfermedades médicas, como pueden ser:

  • endocrinológicas: hipertiroidismo (actividad excesiva del tiroides), feocromocitoma (tumor de la glándula suprarrenal que provoca ansiedad e hipertensión arterial), hipercortisolismo (elevación de cortisol en sangre) o por el uso de corticoides.

  • cardiacas: arritmias e insuficiencia cardiaca.

  • pulmonares: asma y enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), así como el uso de algunos inhaladores para el asma.

La intoxicación por algunas sustancias y la abstinencia de otras puede también provocar ansiedad:

  • abuso de cafeína

  • intoxicación por cocaína, anfetaminas o cannabis

  • abstinencia a alcohol, heroína y metadona

 

Causas psicológicas de ansiedad

Es importante considerar que, aunque se encuentren causas ambientales que justifiquen la ansiedad, es imprescindible realizar una valoración médica que descarte otras causas médicas de ansiedad. No es infrecuente que, quien consulta por ansiedad, se le hayan juntado distintas causas. Por este motivo, se recomienda que sea un psiquiatra quien realice al menos la primera valoración de una persona con ansiedad. De esta manera, se pueden descartar las causas médicas y afinar el diagnóstico hacia qué tipo de ansiedad presenta esa persona. Igualmente, el psiquiatra podrá evaluar la posibilidad de otros trastornos coexistentes, como TOC, insomnio, TDAH, consumo de sustancias o depresión mayor, que suelen acompañar a la ansiedad.

La ansiedad puede causarse por múltiples situaciones ambientales que sean vivenciadas como estresantes por el sujeto. La pérdida de un ser querido, de un empleo, el diagnóstico de una enfermedad grave, un desahucio o una ruptura sentimental son situaciones que provocan ansiedad en prácticamente cualquier persona. Sin embargo, hay personas más aprensivas que sufren ansiedad por problemas que pueden ocurrir, pero todavía no han ocurrido. Otras personas se preocupan por padecer enfermedades que no tienen (y probablemente nunca tengan) o por poder sufrir accidentes de tráfico. Algunas de estas personas desarrollan estos miedos tras sufrir experiencias traumáticas; mientras que, otras personas parece que hubieran nacido ya preocupadas. Esta preocupación continua tiene una base genética y es lo que se conoce como Trastorno de ansiedad generalizada.

 

Cómo se diagnostica la ansiedad

Como acabamos de ver, la ansiedad puede ser producida por diversas causas. Entre ellas están las causas médicas, que son las primeras que debemos descartar. Por ejemplo, un infarto de miocardio (infarto cardíaco) puede presentarse como ansiedad y presión en el pecho. En este caso, es imprescindible realizar un electrocardiograma lo antes posible. Una persona con crisis hipertensivas (tensión arterial muy elevada) y ansiedad puede tener un feocromocitoma. Por tanto, lo ideal es que la ansiedad la evalúe un médico especialista en psiquiatría. Después de la primera evaluación, en muchos casos, el propio psiquiatra o un psicólogo especialista en psicología clínica pueden iniciar un tratamiento.

Una vez descartadas estas enfermedades físicas -poco frecuentes pero muy graves-, se procede a evaluar cómo es esa ansiedad. El especialista va a indagar en las siguientes preguntas:

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  1. ¿Desde cuándo tiene ansiedad?

  2. ¿En qué momento aparece la ansiedad?

  3. ¿Cuánto dura la ansiedad?

  4. ¿Cómo de intensa es la ansiedad?

  5. ¿Mejora de alguna manera la ansiedad?

  6. ¿Qué tal duerme esa persona?

  7. ¿Cómo está de ánimo?

  8. ¿Le ha ocurrido algo recientemente?

  9. ¿Ha tenido algún episodio previo similar?

  10. ¿Tiene algún familiar a quién le haya ocurrido algo parecido?

 
La ansiedad se diagnostica con una entrevista con un profesional experto.

La respuesta a estas 10 preguntas nos va a aproximar mucho hacia qué tipo de ansiedad sufre el paciente. Esto nos va a permitir orientar el tipo de tratamiento más adecuado y el especialista más adecuado.

 

Cómo se trata la ansiedad

Cuando la ansiedad produce malestar o limita la funcionalidad diaria de una persona es necesario tratarla. El tratamiento va a depender de la intensidad de la ansiedad, de su frecuencia, de los deseos individuales del paciente y de la propuesta que le haga el profesional. Por este motivo, es muy importante que el profesional informe de todas las opciones de tratamiento posibles y permita, siempre que sea posible, que el paciente elija la opción que considere mejor. Estas opciones de tratamiento se resumen básicamente en dos: psicoterapia y medicación. Cada tipo de ansiedad puede responder mejor a una u otra opción de tratamiento y, en algunos casos, puede ser conveniente realizar las dos. El tratamiento de la ansiedad debe llevarse a cabo siempre por un especialista en psiquiatría o psicología clínica.


 
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Psiquiatra y psicoterapeuta experto en ansiedad