El trastorno de ansiedad social se diagnostica con una entrevista clínica, es decir, en una consulta con un especialista. Aunque existan muchos tests para la fobia social que pueden dar una idea bastante precisa de si alguien sufre o no este problema, es necesario que sea un profesional de la salud mental quien realice el diagnóstico. Hay otros trastornos psiquiátricos que también pueden producir aislamiento social, temor a la exposición pública y crisis de ansiedad. Por ello, se recomienda que sea un profesional de salud mental, preferiblemente un psiquiatra, quien realice el diagnóstico.

Los tests pueden aproximar el diagnóstico de la fobia social, pero es la entrevista con un profesional la que lo confirma.
 

No existe ninguna prueba de imagen o de laboratorio que permita realizar el diagnóstico de fobia social. En pruebas de neuroimagen funcional se ha encontrado una mayor activación de la amígdala al exponer a los pacientes a expresiones faciales negativas o amenazantes. Estas pruebas de neuroimagen funcional se realizan solamente a nivel experimental y académico; por tanto, no se realizan en los hospitales para llegar a un diagnóstico.

 

Cuándo se diagnostica la fobia social

El trastorno de ansiedad social suele expresarse durante la adolescencia, aunque hay estudios recientes que indican su comienzo a los 7-8 años de edad. Como es una enfermedad crónica que no desaparece con el tiempo, se diagnostica con más frecuencia en la edad adulta y durante la adolescencia. Es más frecuente en mujeres que en hombres, y también es más frecuente en personas con bajo nivel cultural y socioeconómico. No obstante, el bajo nivel cultural y socioeconómico puede ser también una consecuencia, ya que las personas con fobia social suelen evitar actividades importantes -como ir al colegio, a la universidad o al trabajo-, precisamente por evitar la interacción social que en estos lugares es inevitable. Aunque hagan el esfuerzo de ir, suelen participar poco (para evitar la exposición social), por lo que aprenden y rinden menos. Hay que tener en cuenta que las personas con un trastorno de ansiedad social tienen más riesgo de estar desempleadas, solteras, así como tener mayor absentismo laboral y escolar.

La duración de la perturbación en las situaciones sociales ha de ser de un mínimo de seis meses para poder considerarlo un trastorno de ansiedad social; así se distingue de los miedos transitorios que son comunes en la población general. Además, los síntomas deben causar un deterioro o malestar clínicamente significativo en las diversas áreas de la vida de una persona (como social u ocupacional).

Las personas con un trastorno de ansiedad social tienen más riesgo de estar desempleadas, solteras, así como tener mayor absentismo laboral y escolar.


 

fobia social y salud mental

La ansiedad social, con frecuencia, está acompañada de otros trastornos psiquiátricos. Hasta más de cuatro de cada cinco personas con trastorno de ansiedad social presenta otro trastorno coexistente. Normalmente es la fobia social la que precede a los otros trastornos e, incluso, se ha considerado un factor de riesgo para el desarrollo de otras enfermedades mentales. De hecho, cuanto más grave sea la fobia social, más riesgo hay de desarrollar otros trastornos. Este es uno de los motivos por los que el trastorno de ansiedad social generalizado es más grave que el trastorno de ansiedad social no generalizado.

Hasta un 80 % de las personas con fobia social desarrollan otra enfermedad psiquiátrica.

 

Una persona con fobia social tiene un riesgo del 60 % de sufrir una depresión a lo largo de su vida. Este es un porcentaje 3-4 veces mayor que el de la población general.

Los trastornos de ansiedad intercurrentes también son mucho más frecuentes que en la población general. Por ejemplo, entre las personas con fobia social: el 16 % tienen antecedentes de trastorno por estrés postraumático; el 11 %, trastorno de pánico; y el 13 %, trastorno de ansiedad generalizada.

Una persona con fobia social tiene un riesgo del 60 % de sufrir una depresión a lo largo de su vida.
 

Fobia social y consumo de alcohol

En cuanto al consumo de sustancias adictivas, las personas con fobia social tienen un riesgo aumentado de presentar un trastorno por consumo de alcohol. Entre un 25 y un 40 % de las personas con fobia social pueden abusar del alcohol, este riesgo es de dos a tres veces mayor en comparación con la población general. Es llamativo que, en la mayoría de los casos, la fobia social precede al abuso de alcohol. Se ha postulado que las personas con fobia social beben alcohol para desinhibirse y poder “sobrellevar” mejor las situaciones de exposición social y, así, vencer su timidez. La paradoja es que lo que empieza siendo una forma de auto-tratamiento, termina siendo un problema que, en muchos casos, supera a la fobia social. Por este motivo, es muy importante detectar la fobia social y tratarla lo antes posible para evitar que se complique con otros problemas adicionales.

El riesgo de tener problemas con el consumo de alcohol en las personas con fobia social es 2-3 veces mayor que en la población general.

 ➥ Seguir leyendo Tratamiento de la fobia social