La fobia social es un trastorno que debe recibir tratamiento lo antes posible. Las consecuencias de no tratar la fobia social a tiempo pueden ser parcialmente irreversibles y marcar la vida de una persona. Se trata, por tanto, de un trastorno que debe identificarse desde la etapa infantil en los colegios y que los profesores de secundaria deben conocer.

 

Prevención de la fobia social

La fobia social es una de esas patologías que podrían prevenirse con programas de prevención y educación en los colegios. Muchos casos podrían evitarse ayudando a los niños tímidos a vencer sus temores, apoyándolos y ayudándolos en sus dificultades, facilitando el trabajo en grupo y la aceptación de los compañeros. Se les debería ofrecer talleres de relajación y de entrenamiento en habilidades sociales.

 

Opciones terapéuticas de la fobia social

Una vez que el trastorno ya se ha instaurado, el trastorno de ansiedad social puede tratarse con psicoterapia y farmacología. Ambos tratamientos son potencialmente igual de eficaces y, en algunos casos, es conveniente la combinación de ambos tratamientos. El tratamiento farmacológico tiene un inicio de acción más rápido, mientras que el tratamiento psicoterapéutico tiene un resultado más persistente en el tiempo.

Los objetivos del tratamiento de la fobia social son:

  • disminuir hasta extinguir la ansiedad de anticipación a las situaciones de exposición e interacción social

  • eliminar las conductas de evitación

  • mejorar el funcionamiento psicosocial

  • aumentar la calidad de vida

El tratamiento farmacológico tiene un inicio de acción más rápido, mientras que el tratamiento psicoterapéutico tiene un resultado más persistente en el tiempo.

 

Tratamiento psicológico de la fobia social

El tratamiento psicológico de la fobia social más estudiado ha sido el basado en las técnicas cognitivo-conductuales, si bien es cierto que otras orientaciones psicológicas también han obtenido resultados satisfactorios. La terapia puede ser individual o en grupo. La terapia individual puede trabajar con técnicas como la relajación, el mindfulness, el trabajo sobre recuerdos biográficos, la exposición imaginaria, la reestructuración cognitiva y el entrenamiento en habilidades sociales. Cada paciente tendrá unas necesidades concretas que se considerarán individualizadamente con el terapeuta en la planificación de la terapia. Dicha planificación debe tener en cuenta también las enfermedades comórbidas que, como hemos comentado anteriormente, son muy frecuentes y deben abordarse también de manera específica. Estas enfermedades comórbidas pueden llegar a ser muy graves, como la depresión mayor o el abuso de alcohol.

 

Tratamiento farmacológico de la fobia social

Antidepresivos ISRS e IRSN

Cuando se plantea un tratamiento farmacológico de la fobia social hay que tener muy en consideración los antidepresivos inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) y los inhibidores de la recaptación de serotonina y noradrenalina (IRNS).

Los nombres de los principios activos de estos medicamentos indicados en el tratamiento del trastorno de ansiedad son: paroxetina, sertralina, escitalopram, citalopram, fluvoxamina y venlafaxina.

Estos antidepresivos no solo tienen propiedades de mejoría del estado de ánimo, sino que también mejoran la ansiedad; por tanto, tienen también indicación en la agorafobia, la ansiedad generalizada, las crisis de pánico, el trastorno obsesivo-compulsivo y el trastorno por estrés postraumático. Este grupo de medicamentos son muy seguros y muy bien tolerados; aún así pueden producir algunos efectos secundarios, como náuseas (en la primera semana), molestias gastrointestinales, disfunción sexual, dolor de cabeza, aumento de peso o mareo, entre otros. Estos efectos adversos menores son poco frecuentes, y mejoran a lo largo de las semanas de tratamiento.

A pesar de que los efectos beneficiosos se perciben antes con la medicación que con la terapia, dichos efectos suelen aparecer a partir de la tercera semana de tratamiento. Los mayores beneficios se observan después de varias semanas o meses, a medida que los pacientes son capaces de enfrentar sus temores y exponerse a las situaciones temidas y evitadas.

Respecto a los resultados del tratamiento farmacológico con los antidepresivos mencionados, se estima que entre la mitad y dos terceras partes de los pacientes logran una respuesta (es decir, una mejoría de más del 50 %), y la mitad de los mejoran, obtienen una remisión (mejoría cercana al 100 %).

Los medicamentos pautados en el tratamiento son muy seguros y muy bien tolerados; aún así pueden producir algunos efectos secundarios menores poco frecuentes que mejoran a lo largo de las semanas.

 

Benzodiacepinas para la fobia social

Otra opción terapéutica es el empleo de benzodicepinas, como Clonazepam (Rivotril ®), Alprazolam (Trankimazin ®) o Lorazepam (Orfidal ®). Las benzodiacepinas presentan algunas ventajas frente a los antidepresivos son: tienen un inicio de acción más rápido (menos de dos semanas), un perfil favorable de efectos secundarios y la flexibilidad de poder usarse a demanda según las necesidades y la situación. Sin embargo, estas ventajas no son suficientes para superar las desventajas y sustituir a los antidepresivos.

Las desventajas de las benzodiacepinas son:

  • problemas cognitivos en atención y memoria

  • aumento de riesgo de caídas en personas mayores

  • disminución de los reflejos

  • somnolencia

  • riesgo de dependencia y de que los efectos desaparezcan a lo largo del tiempo o sean necesarias dosis crecientes

Por todo ello, los antidepresivos siguen siendo los fármacos de elección. Ello no significa que, en algunos casos, sea conveniente potenciar el efecto del antidepresivo con las benzodiacepinas, aunque (según mi opinión y la recomendación de las autoridades sanitarias) por tiempo limitado. En cualquier caso, la prescripción de benzodiacepinas debe producirse dentro de un plan terapéutico en el que se establezcan las situaciones en las que se deban administrar y la duración de su administración.

Las benzodiacepinas tienen un inicio de acción más rápido que los antidepresivos, y presentan menos efectos secundarios; sin embargo, conviene considerar las desventajas que presentan.

 

Betabloqueantes

Los betabloqueantes, como el Propranolol (Sumial ®) o Atenolol, son eficaces en la reducción de los síntomas de estimulación fisiológica (taquicardia, sudoración, enrojecimiento y temblor) en situaciones de exposición social como hablar en público. Se recomienda administrar una o dos horas antes de la situación temida. Muchos conferenciantes utilizan este medicamento ante discursos importantes que les provocan ansiedad: logran controlar la frecuencia cardíaca, evitar el temblor en la voz y la sudoración. De esta manera, el sujeto consigue evitar centrarse en estos síntomas que le ocasionan un ciclo creciente de temor y ansiedad. Los betabloqueantes no son tratamientos de primera línea, por su corta duración de efecto y porque no actúan sobre los síntomas emocionales ni cognitivos. Están más indicados en los casos leves de ansiedad social no generalizada que en los casos graves de ansiedad social generalizada.

 

Otros fármacos para la fobia social

Por último, en los casos más graves o cuando coexisten otros trastornos de ansiedad o depresión, es necesario recurrir a otros grupos de fármacos: los antiepilépticos, como la Gabapentina (Neurontin ®) o la Pregabalina (Lyrica ®), o los antipsicóticos como Quetiapina (Seroquel ®), Olanzapina (Zyprexa ®), Risperidona (Risperdal ®), y Aripiprazol (Abilify ®), entre otros.

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