El insomnio agudo o de corta duración (inferior a tres meses) suele producirse en respuesta a una situación estresante que resulta fácilmente identificable para la persona que lo sufre y no suele requerir mayor estudio. Sin embargo, en el insomnio crónico (superior a tres meses) sí debe establecerse un diagnóstico y se deben investigar posibles precipitantes para poder poner remedio lo antes posible.

Antes de diagnosticar lo que hoy en día se conoce como trastorno de insomnio crónico o trastorno de insomnio (antiguamente insomnio primario), debemos descartar una serie de enfermedades, sustancias, fármacos o hábitos que puedan provocar el insomnio.

 

Enfermedades que provocan insomnio

La mayoría de enfermedades psiquiátricas pueden producir insomnio, así como las enfermedades que producen dolor físico durante la noche. Las principales enfermedades psiquiátricas que provocan insomnio son: ansiedad, depresión, trastorno de estrés postraumático, trastorno obsesivo compulsivo (TOC), trastorno bipolar y esquizofrenia. Algunas de estas enfermedades cursan con otros trastornos del sueño además del insomnio, como las pesadillas que aparecen típicamente en el trastorno de estrés postraumático.

Una persona con insomnio crónico debería consultar con un especialista porque es muy probable que sufra también ansiedad u otro problema de salud mental.


El reflujo gastroesofágico suele producir insomnio, por lo que se recomienda cenar poca cantidad de comida y dejar pasar al menos dos o tres horas desde que se termina de cenar hasta que se acuesta el paciente.

Los varones de mediana edad con hiperplasia benigna de próstata es posible que se levanten varias veces en la noche a orinar y ello les interrumpa el sueño y no les permita descansar toda la noche seguida. Se recomienda que acudan al urólogo para recibir un tratamiento específico.

 

Sustancias que provocan insomnio

Todas las sustancias adictivas pueden provocar insomnio, bien sea durante su consumo o intoxicación, bien durante el periodo posterior de abstinencia. Las sustancias más consumidas son las legalizadas: cafeína y tabaco, ambas dificultan el inicio y el mantenimiento del sueño. La mayoría de las personas que consuman más de tres bebidas que contengan cafeína muy probablemente tendrán insomnio. Las bebidas que contienen cafeína son el café, el té, los refrescos de cola y las bebidas energéticas.

El insomnio es muchas veces debido a un abuso de bebidas con cafeína.

El alcohol, aunque suele producir sensación de somnolencia, altera la calidad del sueño y produce un sueño muy superficial con muchos despertares, resultando en un sueño de mala calidad y poco reparador.

La cocaína produce mucho insomnio, al igual que otras sustancias estimulantes ilegales.

 

Fármacos que provocan insomnio

Hay muchos fármacos que pueden alterar la arquitectura del sueño. Concretamente, los fármacos que más relacionados están con el insomnio farmacológico son: las hormonas tiroideas (levotiroxina), los corticoides, algunos componentes de los preparados catarrales (fenilefrina y pseudoefedrina), estimulantes para el TDAH (metilfenidato o lisdexanfetamina), algunos antidepresivos al tomarlos por la tarde o noche, fármacos para la tensión arterial, diuréticos y algunos broncodilatadores (teofilina). Es muy importante que se consulte con un médico antes de retirar ninguno de estos fármacos por sospecha de insomnio secundario. Es muy probable que con un ajuste de dosis o un cambio en la posología se solucione el efecto adverso; sin embargo, su suspensión sin respaldo médico puede provocar graves consecuencias para la salud.

 

Otros (malos) hábitos que provocan insomnio

Además de los hábitos de consumo de sustancias adictivas (café, tabaco, alcohol y drogas), existen otra serie de hábitos que pueden favorecer el insomnio. Algunos ejemplos son: trabajar por turnos (mañana-tarde-noche), acostarse recién cenado, sedentarismo, acostarse y levantarse a distintas horas cada día, dormir siestas muy largas o no hacer algo tranquilo antes de acostarse.

Las personas con insomnio tienen que estar preparadas para cambiar sus hábitos si quieren mejorar su patrón de sueño.

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