Cómo se manifiesta el trastorno de ansiedad social

La fobia social o trastorno de ansiedad social se caracteriza, como su nombre indica, en la aparición de un temor excesivo, persistente e incapacitante ante situaciones de exposición o interacción social. Es frecuente que aparezca ansiedad de anticipación en los momentos previos a las exposiciones o interacciones e, incluso, crisis de ansiedad durante las exposiciones.

Tanto la vergüenza, el miedo a la humillación y a la valoración negativa que aparecen anticipando la situación de exposición social temida, como la crisis de ansiedad que puede aparecer en el momento de la exposición, provocan una importante merma en la autoestima del individuo y aumento de su miedo ante una nueva situación de exposición social similar.

 

Qué sienten las personas con fobia social

Las personas que sufren una fobia social presentan unos síntomas físicos, emocionales y de sobreactivación neurovegetativa cuando se enfrentan a situaciones de exposición social o cuando anticipan dichas exposiciones (ansiedad anticipatoria), entre los que podemos destacar:

  • aumento de la frecuencia cardíaca (taquicardia)

  • sensación de falta de aire (disnea)

  • aumento de la frecuencia respiratoria (taquipnea)

  • enrojecimiento facial

  • aumento de la sudoración (hiperhidrosis)

  • temblor (en las manos y en las cuerdas vocales)

  • tartamudeo (disfemia)

  • sentimientos de intensa vergüenza e inadecuación

  • temor a la humillación.

En los momentos de exposición o en los minutos previos a la exposición las personas con afectadas por este trastorno pueden llegar a sufrir crisis de pánico gravemente incapacitantes.

Algunas personas con trastorno de ansiedad social sienten temor a ofender a alguien (por ejemplo, con una mirada) y, en consecuencia, a ser rechazados por quienes supuestamente se han sentido ofendidos. Las personas con miedo a ruborizarse en público pueden evitar hablar de cuestiones íntimas o evitar lugares bien iluminados. Aquellas personas con temor a la sudoración en público, evitan dar la mano. Los que tienen temor a que les observen el temblor, evitan coger vasos, escribir o levantar la mano para señalar.

 

Cómo varían los síntomas de la fobia social según la edad

Los síntomas de ansiedad social varían en función de la edad, nivel de actividad y ocupación del sujeto. No es lo mismo un adolescente que tiene que leer en alto en clase, crear una red social en el recreo y empezar a conocer una pareja, que un adulto casado que trabaja en la misma empresa familiar desde hace 15 años: el grado de exposición social del adolescente frente al del hombre de mediana de edad es mucho mayor.

Las exigencias sociales son distintas según la edad, la ocupación y el nivel de actividad.
 

Fobia social en niños y adolescentes

En los niños, la ansiedad y el miedo se suelen expresar con rabietas, llanto, quedarse paralizados o aferrarse a los padres. Puede confundirse con la timidez natural que aparece al conocer a alguien nuevo o con la ansiedad de separación que aparece a partir del octavo mes de vida. Es frecuente que este trastorno emerja a raíz de un antecedente de timidez o inhibición social en la infancia. El trastorno puede surgir de forma lenta y gradual o puede aparecer repentinamente tras una experiencia humillante o estresante.

La fobia social suele ir precedida de un antecedente de timidez o de inhibición social en la infancia.

La situación más típica que ocasiona ansiedad de exposición social en los niños es cuando en la escuela tienen que salir a la pizarra a hacer un ejercicio. Todos alguna vez hemos sentido ese miedo a la humillación y la vergüenza por equivocarnos en una situación en la que el resto de la clase nos está observando; sin embargo, estos niños sienten una ansiedad mucho más intensa que les llega a incapacitar (se quedan congelados, rompen a llorar o se niegan a salir). Estas conductas de defensa provocan, generalmente, el rechazo y la valoración negativa por parte de compañeros y profesores, convirtiéndose en un círculo vicioso: el niño termina viendo cómo sus compañeros aprecian su ansiedad y se burlan de él. Esta experiencia negativa refuerza su temor a volver salir a la pizarra y cronifica el problema.

Otra situación habitual de fobia social en los niños es cuando tienen que defenderse de sus compañeros en los recreos. El temor a ser humillado los lleva a retraerse y a aislarse de sus compañeros. Esto hace que su comportamiento tímido y solitario llame la atención de otros niños y se acerquen a él. La interacción con ellos confirmará su temor de ser humillado y no le permitirá desarrollar estrategias de comunicación asertiva e interacción social.

La fobia social puede surgir de forma lenta y gradual o puede aparecer repentinamente tras una experiencia humillante o estresante

 

Fobia social en adultos

La mayoría de los adultos no suelen tener que dar una lección en un aula universitaria o salir a cantar a un escenario, por lo que estas situaciones de máxima exposición social no suelen ser habituales en la vida cotidiana de una persona. Sin embargo, hay personas con una fobia social tan intensa, el llamado trastorno de ansiedad social generalizado, que sí provoca síntomas en situaciones cotidianas. El mero hecho de leer un cuento a un niño, pedir un café en una barra de un bar o tener una conversación con el jefe, pueden ocasionar una incómoda ansiedad que lleven al sujeto a evitar estas situaciones. Evitar situaciones de interacción o exposición social supone, en casos extremos, no salir de casa y relacionarse exclusivamente con familiares cercanos; es decir, lleva al aislamiento social.

Es bastante típico que la persona con fobia social experimente una intensa ansiedad anticipatoria antes de enfrentarse a una situación de interacción o de exposición temida. Esta ansiedad anticipatoria es la consecuencia de haber sufrido, con frecuencia, crisis de ansiedad durante la exposición. Para estas personas, termina siendo más cómodo evitar las situaciones temidas y limitar cada vez más las personas con quienes interactúan socialmente y los lugares donde puedan exponerse socialmente. La búsqueda de un entorno seguro en el que no desarrollen ansiedad anticipatoria ni crisis de ansiedad lleva a estar personas a tener una vida cada vez más limitada y restringida. Esta restricción en la libertad de la persona termina siendo el síntoma más grave e incapacitante de la enfermedad, ya que dejan de relacionarse con sus amigos, de ir a la escuela o al trabajo, de salir con su pareja o ir en busca de una si no tienen. El tratamiento tiene que ir encaminado, por tanto, a lograr una normalización en las actividades de la persona.

La ansiedad social no suele iniciarse en la edad adulta. Cuando es así, suele ser la consecuencia de un evento estresante o humillante o, en algunas ocasiones, después de un cambio vital que requiera la asunción de un nuevo rol social (un reconocimiento público, un ascenso en el trabajo a un puesto de mayor responsabilidad o de dirección de equipos, un matrimonio con una persona de clase más alta).

En las personas mayores, aunque rara, la ansiedad social puede deberse a la vergüenza que ocasiona un déficit en algún órgano de los sentidos (sordera, por ejemplo) o vergüenza como consecuencia de su aspecto (calvicie tras un tratamiento con quimioterapia).

Cuando la ansiedad social se inicia en la edad adulta suele ser la consecuencia de un evento humillante o tras un cambio vital que requiera la asunción de un nuevo rol social.

 

Fobia social y las relaciones de confianza

Las personas con ansiedad social se suelen relacionar con normalidad con las personas de confianza, como familiares de primer y segundo grado y parejas (si la tienen). El hecho de encontrar una pareja resulta muy complicado por la elevada timidez de estas personas y las pocas reuniones sociales a las que asisten. Sin embargo, una vez adquirida la confianza suficiente y consideradas personas de su círculo de intimidad, son capaces de interaccionar con ellas con normalidad. El siguiente problema viene con el intenso temor del paciente, e incluso rechazo, a conocer el círculo social de su pareja. En estos casos, las parejas tienen una labor muy importante de introducir al paciente en sus círculos sociales poco a poco, intentando que se sienta cómodo para vencer sus incapacitantes temores. Es posible que algunos casos mejoren cuando el paciente se casa e, igualmente, empeore posteriormente si se divorcia.

Las parejas de las personas con fobia social pueden ayudarlas mucho a vencer sus miedos, aunque suele ser necesaria la ayuda de un profesional.