Diagnóstico diferencial entre el trastorno bipolar y el TDAH

Si la semana pasada hablábamos de la posibilidad de padecer TDAH y trastorno bipolar a la vez, esta semana vamos a centrarnos en explicar cuál es la diferencia entre los dos trastornos.

El trastorno bipolar y el TDAH tienen similitudes y diferencias que debemos conocer para poder realizar un correcto diagnóstico diferencial.

El trastorno bipolar es una enfermedad mental potencialmente grave. Se caracteriza por el fallo en la regulación del estado de ánimo dentro de unos límites considerados normales. Por lo tanto, pueden aparecer episodios en los que el estado de ánimo se encuentra muy decaído, hasta el punto de considerarse un episodio depresivo mayor. La depresión se asocia con falta de energía, falta de ilusión, falta de interés, incapacidad para experimentar placer, tristeza, llanto, alteraciones del sueño y alteraciones del apetito. De la misma manera que aparecen episodios depresivos, pueden aparecer episodios de exaltación del estado de ánimo, llamados episodios maniacos. Los episodios maniacos cursan con disminución de la necesidad de dormir, aumento de la energía, aumento de la creatividad, disminución de la capacidad para prever los riesgos, aumento de conductas inapropiadas o arriesgadas, aparición de nuevos intereses, ideas de grandeza e irritabilidad o agresividad. Los mencionados episodios tienen una duración de semanas a meses, entre los cuales suele haber periodos libres de síntomas o con síntomas más atenuados. El trastorno bipolar debe recibir tratamiento no solo durante los periodos sintomáticos, sino también durante los periodos de estabilidad para prevenir la aparición de nuevos episodios.

El TDAH o Trastorno por déficit de atención e hiperactividad es un trastorno del neurodesarrollo que se inicia en la infancia, que acompaña durante todo el desarrollo y persiste en la edad adulta en más de la mitad de los casos. Los síntomas más importantes son la inatención, la distraibilidad, la hiperactividad, la disfunción ejecutiva, la dificultad para planificar actividades y la disregulación emocional. Estos síntomas se expresan de forma continua en todos los ámbitos de la vida del paciente, provocando significativas dificultades de funcionamiento cotidiano, especialmente en el rendimiento académico y laboral.


Parecidos entre el trastorno bipolar y el TDAH

Aunque aparentemente son dos enfermedades distintas, si nos ponemos a analizarlas tienen muchos factores en común, especialmente cuando consideramos la fase maniaca o hipomaniaca del trastorno bipolar. En ambos trastornos podemos encontrar un discurso acelerado, interrupciones de la conversación, distraibilidad, frecuentes cambios de tema, dificultades para mantener la atención, dificultades para permanecer sentado, movimientos bruscos e inesperados, menor inhibición social de la esperada, aumento de la inquietud motora, dificultad para esperar su turno, etc.

Las personas con TDAH, especialmente aquellas no diagnosticadas ni tratadas, suelen desarrollar una baja autoestima y sufren frustraciones con frecuencia. Desde la infancia presentan dificultades para seguir las explicaciones de los profesores, retener la lección estudiada el día anterior y concentrarse en las conversaciones y juegos con los amigos. Estos síntomas afectivos del TDAH pueden mejorar con el tratamiento adecuado al lograr una mejora significativa de la atención y, por tanto, del rendimiento académico, entre otros. En algunos casos, puede incluso aparecer un episodio depresivo mayor, que también debe ser tratado. El problema en estas situaciones es que no se identifique el TDAH subyacente al episodio depresivo y quede sin tratar una de las dos enfermedades.


Diferencias entre el trastorno bipolar y el TDAH

La principal diferencia entre el TDAH y el trastorno bipolar radica en su curso longitudinal. El TDAH es un trastorno que se expresa de forma persistente a lo largo del tiempo; mientras que, el trastorno bipolar suele cursar por episodios afectivos con intervalos interepisódicos relativamente libre de síntomas. Esta diferencia es menos evidente en la etapa infantil, puesto que la manifestación infantil del trastorno bipolar no es tan claramente episódica como en la edad adulta.

Existen también una serie de síntomas diferenciales entre los dos trastornos. Por ejemplo, en el trastorno bipolar son síntomas característicos del episodio maniaco: la grandiosidad, la fuga de ideas, las conductas sexuales inapropiadas o la disminución de la necesidad de dormir. Por otra parte, el enlentecimiento psicomotor, la falta de energía, la falta de interés, la incapacidad para experimentar placer, la fatiga o las ideas de muerte son síntomas característicos de los episodios depresivos.

Otra importante diferencia es la persistencia de los síntomas a lo largo del tiempo en el TDAH. En este sentido, tenemos: la distrabilidad, la dificultad para organizar las tareas, la procrastinación de obligaciones y el bajo rendimiento académico a lo largo de todo el curso y año tras año.

Algunos de los síntomas comunes presentan finas sutilezas que pueden ayudarnos a hacer el diagnóstico de una u otra patología. La hiperactividad puede estar presente tanto en el TDAH como en el episodio maníaco del trastorno bipolar. Es habitual que, en el episodio maniaco, la hiperactividad sea más acusada hacia el final de la tarde. Mientras que, en el TDAH, la hiperactividad es continua durante todo el día y persistente en el tiempo. Esta diferencia se debe a que en el trastorno bipolar los ritmos circadianos están alterados y los niveles de energía varían a lo largo del día, produciendo además alteraciones significativas en el sueño. Aunque el insomnio de conciliación y la resistencia al sueño son comunes al episodio maniaco y al TDAH, el insomnio de mantenimiento y el despertar precoz son más diferenciales del episodio maniaco.

En el TDAH podemos encontrar con frecuencia disregulación emocional y cambios de humor, que suelen ser secundarios a frustraciones y baja autoestima derivada de problemas sociales o académico-laborales. Estos síntomas afectivos del TDAH no suelen ser tan intensos como los de un episodio depresivo mayor, aunque podrían llegar a serlo.

La irritabilidad en el episodio maniaco puede llegar a ser muy importante e impredecible en muchos casos, pudiendo llegar a la agresividad. En el TDAH, sin embargo, la irritabilidad no suele llegar a la agresividad y ocurriría predeciblemente en forma de escalada ante frustraciones. Las conductas sexuales inapropiadas o desinhibidas son características del episodio maníaco y no están relacionadas con el TDAH.


Similitudes neurobiológicas y genéticas

Los estudios disponibles que evalúan el origen neurobiológico del trastorno bipolar y del TDAH revelan que áreas muy similares del cerebro estarían involucradas en las dos enfermedades. Son tan parecidas las alteraciones que incluso algunos autores han llegado a sugerir una relación entre las dos patologías, aunque también es cierto que estas áreas cerebrales están relacionadas con otros trastorno psiquiátricos, como la ansiedad o la depresión. Las áreas cerebrales relacionadas son corteza prefrontal y cingulado anterior. Como diferencia, encontramos una afectación del lóbulo temporal en el trastorno bipolar, no identificada en el TDAH.

Desde el punto de vista genético, algunos estudios incluso sugieren que los familiares de personas afectadas de TDAH y trastorno bipolar tienen más riesgo de sufrir trastorno bipolar que los familiares de personas que solo tienen trastorno bipolar. Los familiares de primer grado de personas con TDAH tienen mayor probabilidad de presentar un trastorno bipolar que los familiares de personas sanas. También se ha sugerido que se puede transmitir de forma conjunta el trastorno bipolar y el TDAH.

En resumen, los datos que disponemos de los estudios más recientes indican que ambas enfermedades comparten factores genéticos y presentan una heredabilidad interrelacionada.