El cambio horario se relaciona con un aumento en los infartos de miocardio

En un reciente estudio se ha encontrado una relación entre el cambio horario y el aumento de riesgo de infarto de miocardio.

 
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Cambio de hora

En nuestro país es costumbre hacer un cambio de hora en invierno y otro en verano con el objetivo de ahorrar costes en calefacción e iluminación. El cambio de horario está siendo objeto de noticia en las últimas semanas debido a la sugerencia realizada por la Unión Europea de mantener un mismo horario los 365 días del año.

 

Cambio de hora e infarto de miocardio

Este año 2018 se ha publicado un artículo de revisión (Manfredini, 2018) en el que se han analizado los seis estudios más relevantes que relacionan el cambio horario con aumento de riesgo de infarto de miocardio. Estos seis estudios incluyen un total de casi 88.000 casos de infarto agudo de miocardio. Todos los estudios coincidían con un aumento de riesgo de infarto en el cambio horario de primavera; mientras que, solo un estudio encontraba aumento de riesgo de infarto de miocardio en el cambio horario de otoño. Estos resultados concluyen que hay una asociación entre el cambio horario y un modesto incremento de casos de infarto agudo de miocardio, especialmente en el cambio de primavera. No se ha podido comprobar que existan diferencias de género, como se creía antes que estos infartos de miocardio eran más frecuentes en mujeres.

Alguno de estos estudios mencionados ha llegado a medir que el lunes siguiente al sábado en el que se realiza el cambio de hora en primavera se hacían muchas más intervenciones coronarias que el resto del año.

 

Por qué hay más riesgo de infarto con el cambio de hora

Se cree que el motivo de este incremento en el riesgo de sufrir un infarto agudo de miocardio está relacionado con el cambio en el ritmo circadiano del sueño. Varios estudios han demostrado que la transición al horario de verano, adelantando una hora el reloj, reduce el tiempo de sueño en una hora, pero también reduce la calidad del sueño. También es sabido que una modesta privación de sueño o una alteración de los ritmos circadianos pueden ser un factor de riesgo de infarto agudo de miocardio en personas predispuestas. Es posible que el cambio horario afecte más a las personas con la fase del sueño retrasado que a personas con la fase del sueño adelantado. Es decir, que afecta más a aquellas personas que tienden a levantarse y a acostarse tarde, que a las que tiende a levantarse y a acostarse temprano.

Con esta información, se sugiere la posibilidad de que las unidades de cardiología se encuentren preparadas para asumir más pacientes con infarto agudo de miocardio la semana siguiente al cambio horario, especialmente el de primavera. El abolir o mantener el cambio horario en otoño y primavera ya depende de los gobiernos, como hemos estado escuchando en prensa las últimas semanas.