Antidepresivos y alcohol: ¿se pueden mezclar?

Los tratamientos antidepresivos suelen prolongarse durante varios meses. Por eso, cuando una persona comienza a encontrarse mejor, es habitual que se pregunte si puede volver a beber una cerveza, una copa de vino o alguna bebida alcohólica durante una comida o una celebración.

En general, no se recomienda beber alcohol mientras se toman antidepresivos. Esto no significa que una sola copa vaya a provocar necesariamente una reacción grave en todas las personas. El riesgo depende del antidepresivo, de la cantidad de alcohol, de la fase del tratamiento, de los efectos secundarios que produzca y de si se están tomando otros medicamentos.

El problema tampoco se limita a una posible interacción farmacológica. El alcohol puede aumentar los efectos secundarios de algunos antidepresivos y, por tanto, agravar la somnolencia, el mareo o la descoordinación. El alcohol también puede empeorar la ansiedad, el estado de ánimo y la calidad del sueño, que son precisamente algunos de los síntomas que se intenta tratar con el antidepresivo. La información oficial de distintos antidepresivos desaconseja o recomienda evitar su combinación con alcohol, aunque el tipo de riesgo no sea exactamente igual en todos ellos.

La recomendación más prudente es evitar el alcohol durante el tratamiento antidepresivo, especialmente al comenzar, después de aumentar la dosis o cuando también se toman ansiolíticos, hipnóticos u otros medicamentos sedantes.

Antidepresivos y alcohol, ¿se pueden combinar?

¿Qué pasa si tomas alcohol con antidepresivos?

No existe una única reacción que se produzca siempre al mezclar alcohol y antidepresivos. Algunas personas no perciben nada especial después de una cantidad pequeña, mientras que otras pueden notar somnolencia, mareo, náuseas, torpeza o una mayor alteración de la conducta. Es común notar antes los efectos de alcohol y embriagarse con más facilidad.

Los principales problemas que pueden aparecer son los siguientes:

  • Mayor somnolencia y mareo. El alcohol puede sumarse al efecto sedante de algunos antidepresivos, como mirtazapina, trazodona o paroxetina.

  • Peor coordinación y capacidad de reacción. Esto aumenta el riesgo de caídas, accidentes y problemas al conducir, especialmente en personas mayores o al comienzo del tratamiento.

  • Dificultad para pensar con claridad. El alcohol puede afectar a la atención, el juicio y la toma de decisiones, con independencia a la toma de antidepresivos.

  • Empeoramiento del ánimo o la ansiedad. Aunque inicialmente produzca desinhibición o relajación, posteriormente puede aumentar la irritabilidad, la angustia, las rumiaciones depresivas o la desesperanza.

  • Alteración del sueño. Aunque la sensación de muchas personas es que facilita la conciliación del sueño, el alcohol suele fragmentar el descanso durante la segunda parte de la noche y empeorar la calidad global del sueño.

  • Mayor impulsividad. En una persona deprimida o emocionalmente inestable, la desinhibición que produce el alcohol puede incrementar el riesgo de conductas imprudentes o autolesivas.

La OMS y la práctica clínica habitual relacionan el consumo de alcohol con depresión, ansiedad, alteraciones del sueño, impulsividad y un mayor riesgo de autolesión y suicidio. Esto no significa que toda persona que beba vaya a sufrir estas consecuencias, pero sí que deben tenerse especialmente en cuenta cuando ya existe un problema de salud mental.

¿Se puede tomar una cerveza o una copa de vino con antidepresivos?

Esta es probablemente la pregunta más frecuente y también una de las más difíciles de responder de forma general.

Una cerveza o una copa de vino no producen necesariamente una interacción grave en todas las personas que toman un antidepresivo. Sin embargo, tampoco puede afirmarse que exista una cantidad universalmente segura, porque no todas las personas reaccionan igual y no todos los antidepresivos tienen el mismo perfil. En términos generales, cuanto menor sea el consumo, menor será el riesgo. Para eliminar completamente el riesgo de interacción se debe abandonar el consumo de alcohol.

El riesgo puede ser mayor cuando:

  • se acaba de empezar el tratamiento.

  • se ha aumentado recientemente la dosis.

  • el antidepresivo ya produce sueño, mareo o inestabilidad.

  • se toman también otros psicofármacos, como benzodiacepinas, hipnóticos, opioides o antipsicóticos sedantes.

  • existe una enfermedad hepática que afecta a la metabolización del alcohol.

  • hay antecedentes de convulsiones.

  • se tiene más de 65 años o riesgo de caídas.

  • existe depresión grave, impulsividad o ideación autolesiva.

  • resulta difícil controlar la cantidad de alcohol una vez que se empieza a beber.

Por este motivo, la única cantidad que puede considerarse segura para todo el mundo es la abstinencia absoluta al consumo de alcohol. Aun así, es respetable que haya personas que quieran consultar con su médico el riesgo concreto que corren si consumen alcohol. Este siempre será menor cuanto menor sea la cantidad y el número de veces que se consume.

¿El riesgo es igual con todos los antidepresivos?

No. La recomendación general suele ser evitar o reducir al mínimo el alcohol, pero existen diferencias relevantes entre las distintas familias de antidepresivos, que vamos a explicar a continuación.

Comparación entre los principales grupos de antidepresivos y los riesgos de combinarlos con alcohol
Grupo de antidepresivos Ejemplos Consideración principal con el alcohol
ISRS Escitalopram, sertralina, fluoxetina, citalopram, paroxetina y fluvoxamina No se aconseja la combinación. El alcohol puede aumentar el mareo o la somnolencia y empeorar la ansiedad, la depresión o el sueño.
IRSN Venlafaxina, desvenlafaxina y duloxetina Puede aumentar los efectos sobre el sistema nervioso central. Con duloxetina existe una precaución adicional por su posible toxicidad hepática.
Antidepresivos sedantes Mirtazapina y trazodona El alcohol puede potenciar la somnolencia, el mareo, la hipotensión y el riesgo de caídas.
Bupropión Bupropión Puede reducir la tolerancia al alcohol. El consumo elevado o su retirada brusca aumentan el riesgo de convulsiones.
Agomelatina Agomelatina No es aconsejable combinarla con alcohol por el riesgo de daño hepático. Requiere controles de la función hepática.
Antidepresivos tricíclicos Amitriptilina, clomipramina, imipramina, nortriptilina y trimipramina Aumentan la sedación y la hipotensión. También pueden producir alteraciones de la conducción cardiaca y arritmias, especialmente en caso de sobredosis.

Importante: esta tabla es orientativa. El riesgo depende del antidepresivo, la dosis, la cantidad de alcohol, la fase del tratamiento y el resto de la medicación.

Alcohol y antidepresivos ISRS

Los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina o ISRS incluyen escitalopram, sertralina, fluoxetina, citalopram, paroxetina y fluvoxamina.

En algunos estudios realizados con voluntarios sanos no se observó que determinados ISRS potenciaran claramente los efectos cognitivos o psicomotores del alcohol. Sin embargo, sus fichas técnicas siguen sin recomendar el consumo conjunto. Por ejemplo, la información oficial de sertralina señala que no se observó una potenciación de los efectos del alcohol en sujetos sanos, pero concluye que no se recomienda su uso concomitante. La combinación de escitalopram con alcohol tampoco se espera que provoque una interacción farmacológica específica, aunque igualmente se desaconseja la combinación.

Esto puede parecer contradictorio, pero no lo es. Que no se haya demostrado una interacción farmacológica directa no significa que el alcohol sea conveniente para una persona con depresión, ansiedad o insomnio ni que no pueda aumentar algunos efectos secundarios.

Alcohol y antidepresivos duales o IRSN

Los IRSN incluyen venlafaxina, desvenlafaxina y duloxetina.

La ficha técnica de venlafaxina indica expresamente que los pacientes no deben tomar alcohol por sus efectos sobre el sistema nervioso central, por la posibilidad de empeorar las enfermedades psiquiátricas y por el riesgo de interacciones adversas.

Con duloxetina también se aconseja precaución al combinarla con alcohol u otras sustancias que actúan sobre el sistema nervioso central. Además, duloxetina tiene advertencias específicas relacionadas con posibles alteraciones hepáticas, por lo que una persona con enfermedad del hígado o consumo elevado de alcohol debe comunicarlo al médico antes de iniciar el tratamiento.

Desde el punto de vista farmacocinético y hepático, la desvenlafaxina depende menos del hígado que la duloxetina y puede ser menos problemática cuando preocupa especialmente la función hepática. Pero no se ha demostrado que esa ventaja farmacocinética se traduzca en un consumo de alcohol más seguro durante el tratamiento.

Alcohol y vortioxetina

En estudios realizados con dosis únicas en sujetos sanos, la vortioxetina (Brintellix) no modificó de forma relevante la farmacocinética del alcohol ni produjo un deterioro cognitivo significativo respecto a placebo.

Aun así, la propia ficha técnica concluye que no se aconseja beber alcohol durante el tratamiento antidepresivo. Estos estudios controlados tampoco permiten garantizar que la combinación sea segura en una persona con depresión, tomando dosis repetidas o recibiendo otros medicamentos.

Alcohol con antidepresivos sedantes (mirtazapina, trazodona)

La precaución debe ser mayor con los antidepresivos que producen somnolencia, como mirtazapina y trazodona.

La mirtazapina puede aumentar la acción depresora del alcohol sobre el sistema nervioso central. La trazodona intensifica el efecto sedante del alcohol. Sus fichas técnicas recomiendan evitar las bebidas alcohólicas durante el tratamiento antidepresivo.

La combinación de alcohol y antidepresivos puede aumentar:

  • la somnolencia.

  • el mareo.

  • la hipotensión al levantarse.

  • la marcha inestable.

  • el riesgo de caídas.

  • la dificultad para conducir o manejar maquinaria.

El riesgo es especialmente relevante en personas mayores, más sensibles a los efectos del alcohol y a los efectos secundarios de los medicamentos, y en quienes una caída puede tener consecuencias graves.

Alcohol y agomelatina

Cuando se combina con alcohol, agomelatina (Valdoxan) merece una precaución especial por su posible toxicidad hepática. Agomelatina es un antidepresivo que se metaboliza extensamente en el hígado y con el que se recomienda analizar las transaminasas (enzimas del hígado) antes de iniciar el medicamento y repetir el control a las 3, 6, 12 y 24 semanas, así como después de aumentar la dosis. La precaución debe ser especialmente estricta cuando existe consumo habitual o elevado de alcohol, enfermedad hepática, transaminasas elevadas o tratamiento simultáneo con otros medicamentos potencialmente hepatotóxicos. Por este motivo, la ficha técnica indica expresamente que no es aconsejable combinarla con alcohol.

Aunque una cantidad pequeña no provoca necesariamente una lesión hepática, no puede establecerse una cantidad segura para todas las personas. El consumo de alcohol está reconocido como un factor de riesgo de daño hepático durante el tratamiento con agomelatina.

Además, la agomelatina puede producir mareo y somnolencia. Es razonable considerar que el alcohol podría aumentar estos efectos y perjudicar la conducción o la coordinación, aunque la singularidad principal de esta combinación continúa siendo el riesgo hepático.

Alcohol y bupropión

Con este antidepresivo existe un problema diferente. La ficha técnica de bupropion (Elontril) recoge casos de acontecimientos neuropsiquiátricos y de disminución de la tolerancia al alcohol durante el tratamiento. Por este motivo, recomienda evitar el consumo o reducirlo al mínimo.

Además, bupropión puede disminuir el umbral convulsivo. El uso abusivo de alcohol es un factor que incrementa el riesgo de convulsiones, y bupropión está contraindicado en personas con un alto consumo de alcohol o que estén interrumpiendo bruscamente un consumo importante de alcohol.

Alcohol y antidepresivos tricíclicos

Los antidepresivos tricíclicos requieren una precaución especial con el alcohol. Esta familia de antidepresivos incluye principios activos como amitriptilina, clomipramina, imipramina o nortriptilina. Estos medicamentos pueden producir somnolencia, mareo, visión borrosa y dificultades de atención. Además, pueden potenciar los efectos sedantes del alcohol, aumentando la descoordinación, el riesgo de caídas y la alteración de la capacidad para conducir. Las fichas técnicas de amitriptilina, clomipramina e imipramina recomiendan evitar o extremar la precaución con esta combinación.

Hoy en día, los antidepresivos tricíclicos se utilizan solo en casos seleccionados porque hay opciones antidepresivas más recientes y con un mejor perfil de tolerabilidad y seguridad. Los antidepresivos tricíclicos pueden afectar de forma relevante al sistema cardiovascular, provocando taquicardia, palpitaciones, hipotensión ortostática y arritmias, especialmente cuando existen otros factores de riesgo.

El alcohol no tiene por qué producir por sí mismo una interacción específica que aumente el riesgo de arritmia. Sin embargo, puede aumentar la sedación, el mareo y la inestabilidad de la presión arterial, lo que agrava el riesgo de síncope, caídas o accidentes. También puede dificultar que la persona identifique precozmente síntomas como palpitaciones, desvanecimiento o confusión. Esta precaución es especialmente importante en personas mayores, en quienes los tricíclicos producen hipotensión ortostática con mayor frecuencia.

Además, al igual que bupropion, los antidepresivos tricíclicos disminuyen el umbral convulsivo. En una persona con consumo elevado o dependencia del alcohol, la abstinencia brusca puede aumentar el riesgo de convulsiones, que puede verse adicionalmente favorecido por estos medicamentos. Por tanto, una persona que bebe diariamente cantidades importantes no debería suspender el alcohol bruscamente por su cuenta, sino informar al médico para valorar una retirada supervisada que evite el riesgo de crisis convulsiva o un síndrome de abstinencia al alcohol.

En líneas generales podemos decir que los antidepresivos tricíclicos poseen un riesgo cardiovascular propio y el alcohol puede empeorar la seguridad del medicamento, especialmente ante un consumo elevado o enfermedad cardíaca previa.

¿Se puede beber alcohol tomando antidepresivos y ansiolíticos?

Cuando una persona toma un antidepresivo, no es raro que además reciba un ansiolítico o una pastilla para dormir, especialmente al comienzo del tratamiento.

Es importante diferenciar los antidepresivos de las benzodiacepinas, como lorazepam, diazepam, alprazolam o clonazepam. La combinación de alcohol y benzodiacepinas es más preocupante que la combinación con antidepresivos, porque ambos deprimen el sistema nervioso central y sus efectos sedantes pueden sumarse.

El alcohol puede aumentar la somnolencia, la descoordinación y la alteración de la capacidad para conducir producidas por las benzodiacepinas. En dosis elevadas o cuando se combinan varios medicamentos sedantes, el riesgo puede ser considerablemente mayor. La información oficial de la mayoría de estos ansiolíticos indica expresamente que deben evitarse las bebidas alcohólicas porque potencian la sedación.

También debe extremarse la precaución cuando se toman:

  • medicamentos hipnóticos, tanto los que se venden con receta como sin receta.

  • opioides.

  • antipsicóticos sedantes.

  • antihistamínicos que producen sueño.

  • pregabalina, gabapentina u otros medicamentos con efecto depresor del sistema nervioso central.

¿Debo saltarme la toma de antidepresivo para poder beber?

Los psiquiatras no recomendamos saltarse una toma del antidepresivo para poder beber alcohol. En primer lugar porque saltarse una dosis no convierte el consumo de alcohol en seguro. La mayoría de los antidepresivos permanece en el organismo durante muchas horas o varios días, por lo que dejar de tomar el comprimido esa mañana no elimina el riesgo.

Tomar el tratamiento de manera irregular puede tener consecuencias. Saltarse dosis para poder beber puede reducir la eficacia del tratamiento. Por otra parte, la suspensión brusca del antidepresivo puede producir síntomas de discontinuación, aumentar los efectos secundarios al reintroducir el medicamento, dificultar la recuperación y/o favorecer recaídas.

Como recomendación general, no se debe suspender, retrasar ni modificar la dosis del antidepresivo para poder beber. Tampoco se debe tomar una dosis doble al día siguiente para compensar una dosis olvidada. Por supuesto, tampoco se recomienda consumir una elevada cantidad de alcohol mientras se está tomando un antidepresivo.

¿Cuántas horas después de tomar el antidepresivo se puede beber alcohol?

No existe un número de horas válido para todos los antidepresivos, ya que cada uno se elimina de una manera distinta del organismo y tarda un tiempo distinto en metabolizarse. Además, también influyen otros factores como la dosis, la edad del paciente, el estado de salud y el uso de otros medicamentos.

Separar la toma del medicamento y el alcohol cuatro, ocho o doce horas no garantiza que no exista interacción. Los antidepresivos se administran diariamente y alcanzan concentraciones relativamente estables en el organismo durante todo el día.

¿Qué hago si ya he bebido alcohol tomando antidepresivos?

Haber tomado una cerveza o una copa no significa automáticamente que vaya a producirse una urgencia médica.

Si ya has bebido:

  1. No continúes bebiendo para comprobar si aparecen efectos.

  2. No conduzcas ni realices actividades que requieran coordinación o atención.

  3. No añadas benzodiacepinas, hipnóticos u otros sedantes salvo que hayas recibido instrucciones médicas específicas.

  4. No dupliques, suspendas ni modifiques por tu cuenta la dosis del antidepresivo.

  5. Permanece acompañado si notas somnolencia, mareo o desorientación.

  6. Consulta con tu médico si la reacción ha sido distinta de la habitual o si el consumo se repite con frecuencia.

Debe solicitarse atención urgente si aparecen:

  • pérdida de conciencia.

  • dificultad para respirar.

  • confusión intensa.

  • vómitos repetidos.

  • convulsiones.

  • caída con traumatismo.

  • agitación o conducta muy desorganizada.

  • ideas de suicidio o riesgo de autolesión.

  • cualquier otra situación o sintomatología que consideres grave.

En España, ante una situación potencialmente grave, debe llamarse al 112 o acudir a un servicio de urgencias.

Alcohol, ansiedad y depresión

En consulta, cuando alguien me pregunta si puede beber tomando un antidepresivo, también conviene plantear otra cuestión: ¿el problema es únicamente la interacción con el medicamento o el efecto del alcohol sobre la enfermedad que estamos tratando?

El alcohol puede producir inicialmente desinhibición, somnolencia o una sensación pasajera de relajación. Sin embargo, después puede aparecer más ansiedad, irritabilidad, bajo estado de ánimo, cansancio y peor calidad del sueño.

En personas con depresión, el alcohol puede aumentar la labilidad emocional y la impulsividad. La relación entre los trastornos por consumo de alcohol, la depresión y el suicidio está bien establecida, por lo que cualquier consumo en una persona con ideación autolesiva debe evitarse.

Alcohol y sueño durante el tratamiento antidepresivo

El alcohol puede hacer que una persona se duerma antes, pero esto no significa que mejore el insomnio ni que sea un tratamiento recomendado. Al contrario, el alcohol empeora la calidad global del sueño y puede agravar el insomnio. Durante la segunda parte de la noche suele favorecer despertares, sueño fragmentado y una peor sensación de descanso. Recurrir al alcohol para dormir puede terminar empeorando tanto el insomnio como la ansiedad del día siguiente.

Si el antidepresivo produce insomnio o no está controlando adecuadamente el sueño, te recomendamos que lo consultes con tu médico. En ningún caso, el consumo de alcohol antes de acostarse va a solucionar el problema.

Preguntas frecuentes

Referencias y fuentes consultadas

Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios

  1. Escitalopram: ficha técnica.

  2. Sertralina: ficha técnica.

  3. Venlafaxina: ficha técnica.

  4. Duloxetina: ficha técnica.

  5. Mirtazapina: ficha técnica

  6. Trazodona: ficha técnica.

  7. Bupropión: ficha técnica.

  8. Vortioxetina: ficha técnica.

Otras fuentes consultadas

  1. National Institute on Alcohol Abuse and Alcoholism. Interacciones entre el alcohol y los medicamentos: combinaciones potencialmente peligrosas.

  2. Organización Mundial de la Salud. Alcohol y salud mental.

  3. Organización Mundial de la Salud. Suicidio: factores de riesgo y prevención.

Este artículo ofrece información divulgativa y no sustituye una valoración médica individual. No suspendas ni modifiques un tratamiento antidepresivo sin consultar con el profesional que lo ha prescrito.

Conclusión: ¿puedo beber alcohol tomando antidepresivos?

La recomendación general es evitar el alcohol durante un tratamiento antidepresivo.

Una cantidad pequeña y ocasional no provoca necesariamente una reacción grave en todas las personas, pero no existe una dosis que pueda considerarse segura con cualquier antidepresivo y en cualquier paciente.

La prudencia debe ser mayor al inicio del tratamiento, después de subir la dosis, con antidepresivos sedantes, en personas con enfermedad hepática o antecedentes de convulsiones y cuando se toman benzodiacepinas, hipnóticos, opioides u otros medicamentos sedantes.

Tampoco se debe suspender una dosis para poder beber. Si quieres saber si puedes consumir alcohol de forma ocasional durante tu tratamiento, consulta con el médico que conoce tu diagnóstico, el medicamento, la dosis y el resto de tus circunstancias clínicas.

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