TDAH en mujeres: síntomas, diagnóstico y tratamiento
Durante mucho tiempo, el trastorno por déficit de atención e hiperactividad se ha asociado a la imagen de un niño inquieto, impulsivo y con problemas de conducta. Este estereotipo ha contribuido a que muchas niñas y mujeres con TDAH no hayan sido identificadas o hayan recibido el diagnóstico después de años de dificultades académicas, laborales, emocionales o relacionales.
Esto no significa que exista un «TDAH femenino» completamente diferente del masculino. Los criterios diagnósticos son los mismos y las tres presentaciones clínicas —predominantemente inatenta, predominantemente hiperactiva-impulsiva y combinada— pueden aparecer tanto en hombres como en mujeres.
Sin embargo, la forma en que se distribuyen los síntomas, las expectativas sociales, las estrategias de compensación, las enfermedades asociadas y determinadas etapas hormonales pueden influir en cómo se manifiesta y se reconoce el TDAH en niñas y mujeres.
En este artículo explicaremos qué se sabe sobre el TDAH en la mujer, por qué puede diagnosticarse más tarde, cómo distinguirlo de otros trastornos psiquiátricos, qué relación puede tener con el ciclo menstrual y si existen diferencias en la respuesta al tratamiento.
¿Existe un tipo de TDAH específico de las mujeres?
No existe una presentación diagnóstica exclusiva de las mujeres. Las clasificaciones actuales distinguen tres presentaciones del TDAH:
Presentación predominantemente inatenta.
Presentación predominantemente hiperactiva-impulsiva.
Presentación combinada.
Hablamos de presentaciones y no de subtipos rígidos porque la expresión del TDAH puede cambiar con la edad. Una niña puede mostrar una presentación combinada durante la infancia y cumplir principalmente criterios de inatención en la edad adulta, especialmente si la hiperactividad motora disminuye con el desarrollo.
La evidencia sí indica que, durante la infancia, las niñas con TDAH están proporcionalmente más representadas en la presentación inatenta, mientras que los niños lo están en la combinada. No obstante, esto no significa que la presentación inatenta sea más frecuente en términos absolutos entre las niñas: en la mayoría de los estudios poblacionales, los niños muestran cifras superiores en las tres presentaciones.
Tampoco significa que las niñas no puedan ser hiperactivas, impulsivas o disruptivas. Algunas niñas presentan un cuadro clínico muy parecido al que tradicionalmente se ha asociado a los niños, pero otras expresan la hiperactividad como inquietud interna, verborrea, impaciencia, dificultad para permanecer en actividades monótonas o una necesidad constante de estar ocupadas.
Diferencias de prevalencia entre niños y niñas
El TDAH se diagnostica con más frecuencia en niños que en niñas, especialmente durante la infancia. Sin embargo, esta diferencia no siempre significa que el trastorno sea mucho menos frecuente en niñas. Depende de cómo se seleccionan las muestras sobre las que se mide la prevalencia del TDAH, veamos a continuación.
En los estudios poblacionales, los investigadores evalúan de forma sistemática a niños y niñas, hayan consultado o no por síntomas de TDAH. En estos estudios, la diferencia entre sexos suele ser menor. En cambio, en las muestras clínicas —formadas por menores que ya han llegado a una consulta sanitaria— la proporción de niños suele ser más alta.
Esto sugiere que una parte de las niñas con síntomas puede no llegar a ser identificada, sobre todo cuando predominan la inatención, la lentitud, la desorganización o la tendencia a distraerse sin generar conductas disruptivas.
Una amplia cohorte sueca de de casi 20.000 niños y niñas de 9 años encontró que el 16,3 % de los varones y el 9,4 % de las niñas alcanzaban el umbral de síntomas estudiado. La relación era de aproximadamente 1,8 niños por cada niña. Sin embargo, cuando se analizaban solo los diagnósticos clínicos registrados, la diferencia aumentaba hasta alrededor de 2,5 niños por cada niña.
La interpretación más prudente es que el TDAH parece ser más frecuente en niños durante la infancia, pero también que las niñas tienen más riesgo de pasar desapercibidas. La hiperactividad, la impulsividad y los problemas de conducta (más frecuentes en los niños) suelen llamar antes la atención de familias y profesores. En cambio, una niña que se distrae, tarda mucho en terminar las tareas o necesita un gran esfuerzo para organizarse puede ser vista como despistada, inmadura, poco constante o «en las nubes».
Diferencias por sexo en la prevalencia anual registrada de TDAH en Finlandia en 2020. En este estudio nacional, los diagnósticos o registros de tratamiento fueron más frecuentes en hombres durante la infancia y la adolescencia, especialmente entre los 13 y 17 años. En la edad adulta, la diferencia entre hombres y mujeres se redujo de forma marcada. Estos datos reflejan diagnósticos registrados y/o tratamiento farmacológico, por lo que no deben interpretarse como la prevalencia real del TDAH ni extrapolarse directamente a otros países.
Diferencias entre hombres y mujeres en el TDAH del adulto
Las diferencias entre hombres y mujeres se reducen considerablemente en la edad adulta. Los estudios clínicos en adultos encuentran proporciones más equilibradas y no confirman de forma consistente que las mujeres tengan siempre más inatención ni que los hombres presenten necesariamente más hiperactividad o una mayor frecuencia de presentación combinada.
Un metaanálisis reciente de 52 estudios encontró que, durante la infancia, los niños obtenían puntuaciones algo mayores de hiperactividad e impulsividad. En adultos, los hombres mostraban puntuaciones ligeramente superiores de inatención en algunas escalas, sin diferencias claras en hiperactividad-impulsividad. En cualquier caso, las diferencias eran pequeñas. Además, desaparecían en gran medida cuando los síntomas se evaluaban mediante entrevistas clínicas en lugar de cuestionarios.
Por tanto, puede ser una simplificación afirmar que «las mujeres tienen TDAH inatento y los hombres TDAH hiperactivo o combinado». Todas las presentaciones pueden aparecer en ambos sexos y, una vez que las personas han sido correctamente diagnosticadas, sus semejanzas suelen ser mayores que sus diferencias.
Perfiles clínicos frecuentes en mujeres con TDAH
En mi práctica clínica, he podido observar distintos perfiles clínicos en mujeres con TDAH. No son categorías diagnósticas oficiales ni formas rígidas del trastorno, sino patrones clínicos orientativos que ayudan a entender por qué algunas mujeres llegan tarde a la evaluación.
Estos perfiles pueden coexistir en una misma persona y cambiar a lo largo de la vida. Por ejemplo, una mujer puede haber presentado más inatención y despistes en la infancia y, en la edad adulta, consultar sobre todo por desorganización, agotamiento, ansiedad o dificultades para regular sus emociones.
TDAH con predominio de inatención y desorganización
Este perfil clínico es uno de los más frecuentes en las mujeres y que puede pasar desapercibido con facilidad en la infancia. Sus manifestaciones pueden incluir:
Dificultad para mantener la atención en reuniones, clases o conversaciones.
Tendencia a posponer tareas prolongadas, tediosas o poco estimulantes.
Olvidos frecuentes y pérdida de objetos.
Dificultades para priorizar, estimar el tiempo que lleva una tarea o completar proyectos.
Sensación de estar constantemente desbordada.
Dificultad para mantener rutinas domésticas, administrativas o laborales.
Fatiga por el esfuerzo necesario para concentrarse.
Estas dificultades pueden quedar parcialmente ocultas si la persona tiene una buena capacidad intelectual, un entorno muy estructurado o familiares que organizan gran parte de su vida. Por ello, algunas mujeres consultan en la edad adulta, cuando pierden la estructura del colegio o de la familia de origen. Esto puede ocurrir al empezar la universidad, incorporarse al mundo laboral, independizarse, convivir en pareja, tener hijos o asumir mayores responsabilidades profesionales.
TDAH combinado o hiperactivo-impulsivo
Las mujeres también pueden presentar hiperactividad e impulsividad de forma clara. En la edad adulta, tanto en hombres como en mujeres, la hiperactividad motora suele hacerse menos evidente y puede expresarse de otras formas:
Inquietud física o mental.
Necesidad de hacer varias cosas al mismo tiempo.
Verborrea o interrupciones frecuentes.
Impaciencia.
Decisiones precipitadas.
Compras impulsivas.
Cambios frecuentes de actividad, empleo o proyecto.
Dificultad para descansar sin sentirse culpable o incómoda.
La impulsividad también puede afectar a la alimentación (atracones de comida), las relaciones, la sexualidad, el consumo de sustancias o la forma de responder ante conflictos.
En algunas mujeres, esta presentación sí llama la atención desde etapas tempranas. En otras, la impulsividad queda más enmascarada o se interpreta como ansiedad, carácter intenso, inestabilidad emocional o dificultad para gestionar el estrés.
TDAH con alto rendimiento aparente
Algunas mujeres con TDAH alcanzan buenos resultados académicos o profesionales, pero lo hacen a costa de un esfuerzo desproporcionado. Pueden sostener su funcionamiento mediante perfeccionismo, jornadas excesivamente largas, miedo al fracaso, preparación excesiva, listas constantes, recordatorios continuos o una gran dependencia de la presión externa para terminar las tareas.
Un buen rendimiento académico o laboral no descarta el TDAH, especialmente en personas con alta capacidad intelectual o entornos muy estructurados. Para valorar el deterioro es importante conocer el coste que supone mantenerlo: agotamiento, ansiedad, falta de sueño, abandono de otras áreas de la vida, crisis personales o una sensación persistente de estar funcionando siempre al límite.
TDAH con síntomas emocionales predominantes
En algunas mujeres, el motivo principal de consulta no es la inatención, sino la ansiedad, la irritabilidad, la inestabilidad emocional, los cambios bruscos de ánimo, la baja autoestima o los conflictos interpersonales. Esta forma de presentación no constituye una categoría diagnóstica oficial del TDAH, pero es clínicamente relevante.
En estos casos, es muy probable que el TDAH pase desapercibido si, en consulta, solo se atienden los síntomas emocionales sin reconstruir la historia desde la infancia y sin explorar las dificultades atencionales, ejecutivas e impulsivas de fondo. Con frecuencia este cuadro clínico puede confundirse con un trastorno límite de personalidad.
He de reconocer que, en estos casos, el diagnóstico diferencial del TDAH con trastornos de la personalidad o del estado de ánimo es muy complejo. Sobre todo, porque el TDAH puede coexistir con depresión, trastornos de ansiedad, trastornos de la conducta alimentaria, trauma, consumo problemático de sustancias, trastorno del espectro autista, trastorno bipolar o trastornos de la personalidad. La presencia de otra enfermedad no permite descartar automáticamente el TDAH ni el diagnóstico de TDAH descarta otras enfermedades.
Enmascaramiento y estrategias de compensación en mujeres con TDAH
El término «enmascaramiento» se utiliza para describir los intentos de ocultar, compensar o controlar las dificultades asociadas al TDAH. No es un criterio diagnóstico ni un fenómeno exclusivo de las mujeres, y todavía carece de una definición uniforme en la investigación sobre TDAH.
Entre las estrategias de compensación que utilizan mujeres con TDAH pueden encontrarse:
Comprobar repetidamente el trabajo por miedo a cometer errores.
Dedicar muchas más horas de las necesarias a diversas tareas.
Utilizar listas, alarmas y calendarios de forma muy sistematizada.
Evitar actividades en las que la desorganización pueda resultar visible.
Llegar excesivamente pronto para evitar retrasos.
Elegir trabajos muy estructurados o con plazos inmediatos.
Depender de una pareja, progenitor o compañero para la organización.
Mantener una apariencia de control mientras se acumulan tareas pendientes.
Ocultar el grado real de agotamiento o desbordamiento.
Convertir el perfeccionismo y la autocrítica en mecanismos de compensación.
Estas estrategias pueden ser eficaces durante un tiempo. El problema aparece cuando las exigencias externas superan las habilidades de compensación que se habían desarrollado. Por ejemplo, al empezar la universidad, independizarse, asumir un puesto con mayor autonomía, ser madre o tener que coordinar simultáneamente el trabajo, la casa, la crianza de los hijos y los cuidados propios.
En ese momento puede parecer que el TDAH ha comenzado en la edad adulta. Sin embargo, la realidad es que las dificultades estaban presentes anteriormente, pero estaban parcialmente contenidas por la estructura familiar, escolar o laboral.
¿Por qué el TDAH en mujeres se diagnostica más tarde?
Las guías clínicas advierten que el TDAH puede estar infrarreconocido en niñas y mujeres. Esto no significa que el trastorno sea necesariamente menos frecuente o menos importante en el sexo femenino, sino que algunos perfiles clínicos pueden pasar más desapercibidos durante años, y esto ocurre más frecuentemente en la mujer.
El retraso diagnóstico suele deberse a una combinación de factores: síntomas menos visibles, estereotipos sobre cómo “debería” manifestarse el TDAH, estrategias de compensación, mayor presencia de ansiedad o baja autoestima y momentos vitales en los que las exigencias aumentan.
1. Síntomas inatentos menos visibles en niñas
La inatención sin conductas disruptivas puede pasar desapercibida con facilidad. Una niña que es distraída, mira por la ventana, tarda mucho en terminar sus tareas, se despista o necesita ayuda constante puede no generar los mismos problemas en el aula que un niño que se levanta, interrumpe o se pelea. Puede parecer que tenga un problema académico antes que un problema médico de salud.
En estos casos, las dificultades pueden interpretarse como despiste, falta de esfuerzo, inmadurez, timidez o poca motivación. El problema es que la niña puede estar haciendo un esfuerzo enorme para seguir el ritmo, aunque desde fuera no resulte tan evidente.
2. Estereotipos sobre el TDAH femenino
Durante mucho tiempo, el TDAH se ha asociado a la imagen de un niño hiperactivo, inquieto, impulsivo y con problemas de conducta. Este estereotipo puede hacer que familias, profesores e incluso profesionales no sospechen el diagnóstico en una niña tranquila, tímida, obediente o con buenas calificaciones.
Sin embargo, una niña o una mujer con TDAH puede no mostrar una hiperactividad motora llamativa. A veces la hiperactividad se expresa como inquietud interna, verborrea, impaciencia, dificultad para desconectar o necesidad constante de estar ocupada.
3. Ansiedad, depresión y baja autoestima como motivo de consulta
Muchas mujeres no consultan inicialmente por problemas de atención o hiperactividad, sino por ansiedad, tristeza, culpa, irritabilidad, sensación de fracaso o baja autoestima.
En algunos casos, se trata la ansiedad o la depresión sin explorar suficientemente las dificultades ejecutivas que pueden estar contribuyendo al malestar: desorganización, procrastinación, olvidos, dificultad para terminar tareas, problemas para regular el tiempo o sensación constante de estar desbordada.
Esto no significa que no debamos atender la ansiedad o la depresión asociada al TDAH. Pueden ser trastornos independientes y requerir tratamiento específico. Pero, cuando existe un TDAH de base no detectado, tratar únicamente los síntomas emocionales puede dejar sin abordar una parte importante del problema.
4. Enmascaramiento y estrategias de compensación
Algunas niñas y mujeres desarrollan estrategias para ocultar o compensar sus dificultades. Pueden estudiar muchas más horas que los demás, revisar repetidamente su trabajo, usar listas y alarmas de forma rígida, depender mucho de la presión externa o esforzarse por parecer organizadas aunque internamente se sientan desbordadas.
Estas estrategias pueden funcionar durante un tiempo, sobre todo si la persona tiene buena capacidad intelectual, apoyo familiar o un entorno muy estructurado. El problema es que suelen tener un coste elevado: agotamiento, ansiedad, perfeccionismo, insomnio, miedo al error o sensación de vivir siempre al límite.
5. Diagnóstico tardío en etapas de mayor exigencia
El TDAH puede hacerse más evidente cuando aumentan las exigencias de autonomía y organización. Esto puede ocurrir al empezar la educación secundaria, entrar en la universidad, incorporarse al mundo laboral, independizarse, convivir en pareja, tener hijos o asumir más responsabilidades profesionales.
En estas etapas, las estrategias que antes permitían compensar las dificultades pueden dejar de ser suficientes. La mujer puede sentir que “antes podía con todo” y ahora no, cuando en realidad el TDAH ya estaba presente, pero quedaba parcialmente contenido por la estructura familiar, escolar o laboral.
6. Sesgo de género histórico en la investigación y evaluación del TDAH
Históricamente, gran parte de la investigación sobre TDAH se realizó en niños, especialmente en aquellos con hiperactividad, impulsividad y problemas de conducta visibles. Esto influyó en la imagen social del trastorno, en los ejemplos clínicos y en la forma en que muchas personas aprendieron a reconocerlo.
En los últimos años ha aumentado el interés por el TDAH en niñas y mujeres, pero todavía existen lagunas importantes. Por eso es necesario evaluar el TDAH de forma amplia, teniendo en cuenta no solo los síntomas más visibles, sino también la historia evolutiva, el esfuerzo de compensación, el deterioro funcional y la presencia de otros problemas emocionales o clínicos.
Cómo se diagnostica el TDAH en una mujer adulta
El diagnóstico del TDAH en la mujer es clínico. No existe una analítica, prueba neuropsicológica o técnica de neuroimagen que pueda confirmarlo o excluirlo por sí sola.
La evaluación debería incluir:
Síntomas actuales de inatención, hiperactividad e impulsividad.
Evidencia de que algunas dificultades estaban presentes antes de los 12 años.
Repercusión en más de un ámbito de la vida.
Historia académica, laboral, familiar y relacional.
Estrategias de compensación y coste necesario para mantener el funcionamiento.
Entrevistas o información de familiares cuando sea posible y pertinente.
Informes escolares u otros documentos antiguos, si están disponibles.
Evaluar ansiedad, depresión, trauma, consumo de sustancias y otros diagnósticos diferenciales.
Considerar calidad del sueño, ciclo menstrual, enfermedades médicas y tratamientos.
Riesgo de autolesión o consumo de sustancias cuando existan indicadores.
Antecedentes familiares de TDAH u otros trastornos del neurodesarrollo.
Los cuestionarios como el ASRS pueden ayudar a detectar síntomas, pero no sustituyen una entrevista clínica completa. Una puntuación elevada en un test no confirma por sí sola el diagnóstico, y una puntuación baja tampoco lo excluye cuando existen estrategias de compensación, dificultades para recordar la infancia o una interpretación demasiado literal de las preguntas.
TDAH y regulación emocional en las mujeres
La desregulación emocional no forma parte de los síntomas nucleares utilizados para diagnosticar el TDAH en el DSM-5, que se centra principalmente en la inatención, la hiperactividad y la impulsividad. Sin embargo, en muchas mujeres con TDAH, las dificultades para regular las emociones no son un síntoma secundario o menor. Pueden convertirse en una de las áreas más limitantes del trastorno, porque afectan a la forma de responder ante la frustración, las críticas, los conflictos o la sobrecarga diaria.
La dificultad para regular las emociones puede interferir de forma notable en las relaciones de pareja, familiares, sociales y laborales. También puede contribuir a una baja autoestima, especialmente cuando la persona interpreta sus reacciones emocionales como falta de control, debilidad, inmadurez o “mal carácter”, en lugar de entenderlas como una dificultad clínica que conviene valorar y tratar.
¿Cómo se manifiesta la desregulación emocional en el TDAH de la mujer?
La desregulación emocional en la mujer con TDAH se puede expresar de distintas maneras:
Reacciones emocionales rápidas e intensas.
Irritabilidad.
Escasa tolerancia a la frustración.
Dificultad para recuperar la calma.
Sensibilidad intensa ante las críticas o el rechazo.
Impulsividad durante los conflictos.
Sentimientos de culpa o vergüenza posteriores.
Mayor variabilidad emocional ante el cansancio, el estrés o la sobrecarga.
No puede afirmarse de manera general que todas las mujeres con TDAH tengan más desregulación emocional que los hombres. Los estudios ofrecen resultados heterogéneos y las diferencias medias suelen ser pequeñas.
Sí se observa con cierta frecuencia que las niñas y mujeres llegan a consulta por síntomas internalizantes, problemas de autoestima o dificultades relacionales, mientras que en los varones pueden ser más visibles las conductas externalizantes. También existen datos longitudinales que sugieren que algunas dificultades emocionales pueden persistir durante más tiempo en las niñas, aunque esto no ocurre de forma uniforme.
La regulación emocional debe evaluarse clínicamente, pero no debe utilizarse de manera aislada para diagnosticar un TDAH. Otros diagnósticos como la ansiedad, la depresión, el trastorno bipolar, las adicciones o los trastornos de personalidad cursan también con dificultades para regular las emociones.
Diagnósticos que pueden confundirse con el TDAH en la mujer
Diagnóstico diferencial del TDAH con el trastorno límite de la personalidad y el trastorno bipolar
El TDAH, el trastorno bipolar y el trastorno límite de la personalidad pueden compartir impulsividad, inestabilidad emocional, dificultades de concentración y conductas de riesgo. Además, pueden coexistir en una misma persona.
La diferencia principal no reside en un único síntoma, sino en el curso temporal, el contexto y el conjunto del cuadro clínico.
| Característica | TDAH | Trastorno bipolar | Trastorno límite de la personalidad |
|---|---|---|---|
| Inicio habitual | Infancia. | Frecuentemente adolescencia o edad adulta. | Rasgos que se consolidan desde la adolescencia o el inicio de la adultez. |
| Curso | Persistente, aunque cambia con la edad y el contexto. | Episódico, con cambios respecto al funcionamiento basal. | Patrón persistente, especialmente visible en relaciones y situaciones emocionales. |
| Atención | Dificultad crónica, sobre todo en tareas poco estimulantes. | Puede empeorar durante episodios depresivos o maníacos. | Puede alterarse con estrés emocional, disociación o preocupación interpersonal. |
| Estado de ánimo | Reactividad breve ante frustraciones o estímulos. | Episodios de días o semanas de depresión, manía o hipomanía. | Cambios rápidos, frecuentemente relacionados con conflictos o temor al abandono. |
| Sueño | Dificultad para organizar horarios o desconectar; existe cansancio si se duerme poco. | En manía o hipomanía puede disminuir la necesidad de dormir sin cansancio proporcional. | Puede alterarse por ansiedad, crisis o inestabilidad emocional. |
| Grandiosidad | No es característica nuclear. | Puede aparecer en manía o hipomanía. | No es un rasgo nuclear estable. |
| Relaciones e identidad | Los conflictos pueden derivarse de olvidos, impulsividad o desregulación. | Pueden alterarse durante episodios afectivos. | Son centrales la inestabilidad relacional, el temor al abandono y las alteraciones de identidad. |
| Autolesión | Riesgo aumentado en algunos pacientes, especialmente con comorbilidad. | Puede aparecer, sobre todo durante episodios depresivos o mixtos. | Es un rasgo clínico frecuente, aunque no universal. |
| Paranoia o disociación | No son síntomas nucleares. | Pueden aparecer síntomas psicóticos en episodios graves. | Pueden surgir transitoriamente bajo estrés. |
En el trastorno bipolar es especialmente importante evaluar retrospectivamente si ha existido algún episodio maniaco. En psiquiatría, hablamos de manía cuando existe un episodio delimitado en el tiempo en el que aparece euforia o irritabilidad, acompañado de síntomas como disminución de la necesidad de dormir, aumento marcado de energía, grandiosidad, aceleración del pensamiento o incremento anormal del deseo sexual.
En el trastorno límite de la personalidad son más características la inestabilidad intensa de la identidad y de las relaciones, el miedo al abandono, la sensación crónica de vacío, las conductas autolesivas recurrentes y la disociación o ideación paranoide relacionada con el estrés.
Una mujer puede cumplir criterios de TDAH y, al mismo tiempo, de trastorno bipolar o trastorno límite. En estos casos no se debería forzar un diagnóstico único que pretenda explicar todos los síntomas.
Cuando existe un trastorno bipolar activo, la estabilización del estado de ánimo suele preceder al tratamiento farmacológico específico del TDAH. En el trastorno límite, la psicoterapia constituye el tratamiento principal, sin que esto impida tratar un TDAH comórbido correctamente diagnosticado.
Otros diagnósticos que pueden confundirse con el TDAH
También es necesario diferenciar o detectar la coexistencia de:
Trastornos de ansiedad.
Depresión.
Trastorno de estrés postraumático.
Trastornos del sueño.
Trastorno del espectro autista.
Trastornos de la conducta alimentaria.
Consumo de sustancias.
Trastorno disfórico premenstrual.
Alteraciones tiroideas, anemia u otras enfermedades médicas.
Efectos secundarios de medicamentos.
Sobrecarga mantenida, privación de sueño o estrés crónico.
La ansiedad puede dificultar la concentración por exceso de preocupación, mientras que en el TDAH la distracción y la desorganización suelen preceder a la ansiedad. No obstante, ambas condiciones pueden retroalimentarse.
Del mismo modo, la depresión puede producir lentitud, apatía y problemas cognitivos, pero estos aparecen habitualmente coincidiendo con el episodio depresivo. En el TDAH existe una historia más temprana y estable de dificultades ejecutivas, incluso durante periodos de buen estado de ánimo.
Cómo puede afectar el ciclo menstrual al TDAH
Las hormonas sexuales interactúan con sistemas de neurotransmisión relacionados con la atención, la motivación y la regulación emocional. Por este motivo, se ha planteado que las fluctuaciones de estrógenos y progesterona podrían modificar temporalmente los síntomas del TDAH o la percepción del efecto de la medicación.
La evidencia disponible es todavía limitada. Una revisión sistemática publicada en 2025 encontró solo 11 estudios relevantes, con muestras generalmente pequeñas, métodos heterogéneos y diferentes formas de medir los síntomas y las hormonas.
Aun con estas limitaciones, algunos estudios sugieren que una parte de las mujeres experimenta:
Mayor inatención o dificultad ejecutiva en los días previos a la menstruación.
Más irritabilidad o labilidad emocional.
Mayor impulsividad.
Menor motivación.
Sensación de que la medicación habitual produce menos efecto.
Empeoramiento asociado al dolor, la fatiga o las alteraciones del sueño.
TDAH y trastorno disfórico premenstrual
El trastorno disfórico premenstrual se caracteriza por síntomas emocionales y físicos intensos que aparecen de forma cíclica en los días previos a la menstruación (fase lútea tardía). Suelen empezar a mejorar poco después del inicio del sangrado y son mínimos o desaparecen durante la semana posterior.
Algunos estudios y encuestas han encontrado una proporción elevada de síntomas compatibles con trastorno disfórico premenstrual entre mujeres con TDAH. Sin embargo, varias de estas investigaciones se basan en cuestionarios retrospectivos y muestras seleccionadas, por lo que no permiten conocer con precisión su prevalencia real.
El diagnóstico de trastorno disfórico premenstrual requiere demostrar prospectivamente que los síntomas aparecen de forma cíclica. Lo recomendable es registrarlos diariamente durante al menos dos ciclos menstruales.
Es importante diferenciar tres situaciones que podrían condicionar las recomendaciones terapéuticas:
Síntomas de TDAH presentes todo el mes que empeoran antes de la menstruación.
Un trastorno disfórico premenstrual añadido al TDAH.
Síntomas emocionales no cíclicos que se atribuyen erróneamente al ciclo menstrual.
Pubertad, embarazo, posparto y perimenopausia en mujeres con TDAH
Pubertad
Los cambios hormonales, el aumento de las demandas académicas y la mayor complejidad de las relaciones sociales pueden hacer más visibles las dificultades durante la adolescencia.
En esta etapa también pueden aparecer o intensificarse ansiedad, depresión, autolesiones, trastornos alimentarios, problemas de autoestima y conductas sexuales de riesgo. Estas complicaciones no son inevitables, pero deben evaluarse activamente.
Embarazo
Durante el embarazo, algunas mujeres perciben cambios en sus síntomas, aunque no existe un patrón universal. Además de los cambios hormonales, intervienen el sueño, las náuseas, la ansiedad, la suspensión o modificación de medicamentos y las nuevas exigencias organizativas.
La decisión de continuar, reducir o suspender el tratamiento farmacológico debe realizarse individualmente, valorando:
Gravedad del TDAH.
Riesgo funcional de no tratarlo.
Salud física y mental de la madre.
Tipo y dosis de medicación.
Evidencia disponible sobre seguridad reproductiva.
Riesgos obstétricos.
Alternativas no farmacológicas.
Preferencias de la paciente.
No es aconsejable suspender o modificar la medicación por cuenta propia. La decisión debe coordinarse entre la paciente, el psiquiatra y los profesionales responsables del embarazo.
Posparto
El posparto combina privación de sueño, cambios hormonales, carga de cuidados y una importante exigencia ejecutiva. En algunas mujeres puede ser una etapa de especial vulnerabilidad para la desorganización, la sobrecarga, la ansiedad o la depresión posparto.
También debe revisarse la compatibilidad del tratamiento con la lactancia y el riesgo de accidentes derivados del cansancio o la distracción.
Perimenopausia y menopausia
Algunas mujeres describen un aumento de la desorganización, los olvidos o la dificultad para concentrarse durante la perimenopausia. Sin embargo, la investigación específica es todavía escasa y no permite asegurar que todas las mujeres con TDAH empeoren en esta etapa.
Además, los síntomas cognitivos pueden relacionarse con insomnio, sofocos, depresión, ansiedad, estrés, enfermedades médicas o tratamientos. Antes de atribuirlos al TDAH o a la disminución de estrógenos, conviene realizar una valoración completa.
No existen actualmente algoritmos suficientemente validados para modificar la medicación del TDAH durante la perimenopausia ni evidencia sólida para utilizar tratamiento hormonal como tratamiento específico del TDAH.
Tratamiento del TDAH en la mujer
¿Responden las mujeres de forma diferente a la medicación para el TDAH?
No existe evidencia suficiente para recomendar un medicamento diferente por el hecho de ser mujer. Las guías clínicas no establecen algoritmos farmacológicos separados para hombres y mujeres.
En adultos, los principales tratamientos incluyen:
Metilfenidato.
Lisdexanfetamina.
Atomoxetina.
Los estudios disponibles indican que las mujeres pueden responder favorablemente a los mismos tratamientos utilizados en los hombres. No se ha demostrado de forma consistente una diferencia clínicamente importante en la eficacia global de estimulantes y no estimulantes.
Sin embargo, todavía existen lagunas relevantes. Muchos ensayos han incluido menos mujeres, no han analizado los resultados separadamente por sexo o no han registrado la fase del ciclo menstrual, el uso de anticonceptivos, el embarazo o la menopausia.
La elección y el ajuste del tratamiento deben considerar:
Síntomas prioritarios.
Duración de la cobertura necesaria.
Ansiedad, depresión u otras comorbilidades.
Sueño y apetito.
Presión arterial y frecuencia cardiaca.
Consumo de sustancias.
Planes de embarazo y anticoncepción.
Variaciones cíclicas, cuando sean claras.
Efectos adversos y preferencias de la paciente.
El objetivo no es únicamente reducir una puntuación en una escala. También debe valorarse si mejora la capacidad para iniciar y terminar tareas, organizar el tiempo, regular las emociones, conducir, cuidar de los hijos, mantener relaciones y reducir el agotamiento.
Terapia psicológica para mujeres con TDAH
En el tratamiento del TDAH, la psicoterapia es una muy buena aliada de la medicación. Se utiliza para modificar patrones de comportamiento, desarrollar habilidades, estrategias de regulación emocional y abordar las consecuencias acumuladas durante años sin diagnóstico.
Las intervenciones más útiles pueden incluir:
Psicoeducación: Mejora la comprensión del TDAH, permitiendo reinterpretar dificultades que antes se podían haber atribuido a pereza, falta de voluntad o incapacidad.
Psicoterapia adaptada al TDAH: Trabaja sobre estrategias de planificación y priorizacion, procrastinación, perfeccionismo, autoestima, impulsividad y regulación emocional.
Intervención neuropsicológica adaptada al TDAH: Entrenamiento en habilidades ejecutivas, gestión del tiempo, memoria de trabajo y preparación del entorno.
Preguntas frecuentes sobre el TDAH en mujeres
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No siempre. Las mujeres pueden presentar TDAH inatento, hiperactivo-impulsivo o combinado. En la infancia, algunas niñas con TDAH muestran más síntomas de inatención que de hiperactividad visible, lo que puede hacer que pasen más desapercibidas. Pero también hay niñas y mujeres con impulsividad, inquietud o presentación combinada.
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Sí. Las buenas calificaciones no excluyen el diagnóstico. Es necesario valorar el esfuerzo, el tiempo, la ansiedad, la ayuda externa y el coste personal necesario para conseguirlas.
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El TDAH es un trastorno del neurodesarrollo y sus síntomas comienzan durante la infancia. La maternidad puede hacer visibles dificultades anteriores al incrementar la carga ejecutiva y reducir el tiempo disponible para compensarlas.
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Algunas mujeres perciben un empeoramiento premenstrual, pero no es universal. La evidencia científica es todavía limitada y conviene comprobar el patrón mediante un registro diario durante varios ciclos.
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No de forma rutinaria. Algunas mujeres podrían beneficiarse de este ajuste, pero no existe un consenso respecto a esta recomendación. En cualquier caso, los ajustes de dosis deben ser siempre supervisados por un médico.
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Sí. La diferencia principal es que el TDAH produce un patrón persistente desde la infancia, mientras que el trastorno bipolar se caracteriza por episodios delimitados de cambio del estado de ánimo y de la energía.
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Sí. Ambos pueden compartir impulsividad y desregulación emocional, pero el trastorno límite incluye características adicionales relacionadas con la identidad, las relaciones, el abandono, el sentimiento de vacío, la autolesión y la disociación. La evaluación debe contemplar la posible coexistencia.
Conclusión
Las mujeres no presentan un subtipo exclusivo de TDAH, pero existen factores que pueden modificar su expresión y dificultar su reconocimiento.
Durante la infancia, las niñas con TDAH están proporcionalmente más representadas en la presentación inatenta en comparación a los niños. Sin embargo, los varones siguen mostrando una prevalencia absoluta superior en la mayoría de los estudios, y las diferencias se reducen considerablemente en la edad adulta.
Los síntomas menos disruptivos, el perfeccionismo, las estrategias de compensación, las expectativas sociales y la presencia de ansiedad o depresión pueden retrasar el diagnóstico. Algunas mujeres solo consultan cuando las exigencias académicas, laborales, familiares o de cuidados hacen insuficientes sus mecanismos de adaptación.
También es importante valorar la regulación emocional, la autoestima, la salud sexual y reproductiva, la conducta alimentaria y el riesgo de autolesión. El ciclo menstrual puede influir en los síntomas de algunas pacientes, pero la investigación hormonal sigue siendo preliminar y todavía no justifica pautas farmacológicas universales.
El tratamiento debe ser individualizado. Las mujeres pueden responder favorablemente a los mismos medicamentos e intervenciones psicológicas utilizados en los hombres, aunque todavía necesitamos estudios que analicen mejor la influencia del ciclo menstrual, el embarazo, el posparto y la menopausia.
Una evaluación rigurosa no consiste en buscar un «TDAH femenino», sino en reconocer todas las formas en que un mismo trastorno puede expresarse, quedar compensado o coexistir con otros problemas a lo largo de la vida.
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Este artículo tiene carácter informativo y no sustituye una evaluación clínica individual.
Cuándo conviene solicitar una evaluación
Puede ser razonable valorar un posible TDAH en una mujer cuando existe una combinación persistente de:
Desorganización desde la infancia o adolescencia.
Dificultad para iniciar y terminar tareas.
Rendimiento muy variable.
Olvidos y pérdidas frecuentes.
Procrastinación difícil de controlar.
Inquietud o impulsividad.
Deterioro en estudios, trabajo, relaciones o vida doméstica.
Necesidad de un esfuerzo desproporcionado para mantener el funcionamiento.
Antecedentes familiares de TDAH.
Ansiedad o depresión que reaparecen en relación con dificultades ejecutivas.
Empeoramiento al aumentar las responsabilidades.
Sensación de que las estrategias de compensación han dejado de ser suficientes.
Para diagnosticar un TDAH es necesario demostrar que las dificultades forman un patrón persistente, se iniciaron durante el desarrollo, aparecen en más de un contexto, producen deterioro y no se explican mejor por otro problema.