Orientación psicológica a padres y familias: pautas para el día a día

Hay momentos en los que la convivencia familiar empieza a resultar más difícil de lo habitual. Un niño que antes se acostaba sin grandes problemas puede comenzar a retrasar cada noche la hora de dormir. Los deberes se convierten en una discusión diaria, las rabietas parecen cada vez más intensas o los padres sienten que todo lo que intentan funciona durante unos días y después deja de hacerlo.

En otras familias, las dudas no desaparecen después de recibir un diagnóstico como TDAH, autismo, dislexia o discapacidad intelectual. El diagnóstico puede explicar algunas cosas, pero no siempre responde a la pregunta que surge al volver a casa: «¿Qué hacemos ahora en nuestro día a día?».

La orientación psicológica a padres y familias parte precisamente de estas situaciones concretas. No consiste en entregar una lista general de normas ni en juzgar la manera de educar de cada familia. Se trata de comprender qué está ocurriendo, por qué algunas situaciones se repiten y qué cambios pueden ayudar a que el niño y los adultos se entiendan mejor.

A veces, una modificación aparentemente pequeña puede tener un efecto importante. Por ejemplo, un niño puede no negarse a vestirse por desafío, sino porque le cuesta interrumpir una actividad, organizar los pasos o tolerar la sensación de ciertas prendas. En ese caso, insistir más o repetir la orden con mayor firmeza puede aumentar el conflicto. Anticipar el cambio, simplificar las instrucciones o preparar la ropa con antelación puede resultar más útil.

Cada familia necesita respuestas diferentes. Por eso, las pautas deben adaptarse a la edad del niño, a su forma de comprender y expresar lo que le ocurre, a las necesidades de sus padres y a las circunstancias reales de la vida familiar.

 
Orientación psicológica a padres y familias.
 


¿Qué es la orientación psicológica a familias?

La orientación psicológica a padres es un espacio de consulta en el que madres, padres o cuidadores pueden hablar de las dificultades que están encontrando en casa y recibir ayuda para comprenderlas y abordarlas.

Muchas familias llegan preocupadas porque sienten que han probado de todo. Han intentado hablar con calma, establecer premios o consecuencias, retirar pantallas, mantener rutinas o ser más flexibles. Sin embargo, ninguna estrategia parece funcionar de una manera estable.

En estas situaciones, el primer objetivo no suele ser añadir una pauta nueva, sino detenerse a observar qué está pasando. Una misma conducta puede tener significados muy diferentes. Una rabieta puede estar relacionada con el cansancio, la frustración, una dificultad para comunicarse, la ansiedad ante un cambio o la incapacidad para expresar una necesidad. Si no comprendemos qué la desencadena y qué la mantiene, es fácil responder siempre de la misma manera, aunque esa respuesta no esté ayudando.

Durante las sesiones se revisan situaciones concretas: qué ocurre antes del conflicto, cómo reacciona el niño, cómo responden los adultos y qué sucede después. A partir de ahí se plantean objetivos asumibles y se prueban estrategias que puedan mantenerse en la vida cotidiana.

La orientación puede centrarse en aspectos muy distintos. Algunas familias necesitan ayuda para establecer límites sin que cada norma termine en una discusión. Otras buscan mejorar las rutinas de sueño, favorecer la autonomía, acompañar la ansiedad, comprender determinadas dificultades escolares o aprender a comunicarse con un niño que todavía dispone de pocos recursos para expresar lo que siente.

También puede ser útil cuando ya existe un diagnóstico. Comprender qué es el TDAH o el autismo es importante, pero las familias suelen necesitar algo más concreto: saber cómo dar una instrucción, cómo preparar un cambio de actividad, cómo ayudar con los deberes o cómo explicar a los hermanos por qué cada hijo puede necesitar apoyos diferentes.


¿Cómo son las sesiones de orientación a padres?

La primera sesión suele dedicarse a comprender la preocupación principal de la familia. Además de identificar qué conducta se quiere cambiar, se explora en qué momentos aparece, qué efecto tiene sobre la convivencia y qué soluciones se han intentado hasta ahora.

A partir de esa información se eligen uno o dos objetivos prioritarios. Intentar modificar el sueño, los deberes, las rabietas, la alimentación y el uso de pantallas al mismo tiempo puede ser difícil de abordar. En cambio, centrarse inicialmente en una situación concreta permite observar mejor los cambios y ajustar las estrategias.

Por ejemplo, si el principal problema ocurre cada mañana antes de ir al colegio, puede analizarse cuánto tiempo necesita el niño para prepararse, qué instrucciones recibe, qué pasos le resultan más difíciles y cómo reacciona cuando siente que tiene prisa. La intervención puede consistir en preparar algunas cosas la noche anterior, utilizar una secuencia visual, reducir el número de órdenes o introducir una transición más gradual.

De manera general, el proceso de orientación puede incluir:

  1. Comprender la situación. Se revisa qué preocupa a la familia, desde cuándo sucede y en qué contextos aparece.

  2. Observar qué ocurre antes y después. Esto ayuda a identificar desencadenantes y respuestas que pueden estar manteniendo la dificultad.

  3. Elegir objetivos concretos. Se priorizan uno o dos cambios asumibles en lugar de intentar transformar toda la dinámica familiar al mismo tiempo.

  4. Probar estrategias adaptadas. Las pautas para padres deben tener en cuenta la edad, el desarrollo, las necesidades del menor y las posibilidades reales de los adultos.

  5. Revisar y ajustar. En las sesiones posteriores se analiza qué ha funcionado, qué dificultades han aparecido y qué cambios conviene introducir.

Las recomendaciones no siempre funcionan a la primera. Una pauta puede ser adecuada en teoría, pero resultar demasiado difícil de mantener en una familia concreta. En ese caso, no se trata de culpar a los padres por no poderla poner en práctica, sino de encontrar una alternativa más sencilla y realista.

Cuando existen evaluaciones o informes previos, puede ser útil aportarlos. Esto permite comprender mejor el perfil del niño o adolescente y relacionar las recomendaciones con las conclusiones de esas valoraciones.

En algunos casos, la orientación a padres es suficiente. En otros, puede ser conveniente conocer directamente al niño, coordinarse con el colegio o valorar una evaluación neuropsicológica, una intervención psicológica infantil, logopedia u otro tipo de apoyo.


¿Qué puede trabajarse en la orientación psicológica a familias?

Las dificultades que aparecen en la vida familiar rara vez pertenecen a una sola categoría. Una mala noche de sueño puede influir en la atención, la tolerancia a la frustración y el comportamiento en el colegio. Del mismo modo, una dificultad de lenguaje puede provocar enfado o aislamiento cuando el niño no consigue expresar lo que necesita.

Por eso, la orientación suele contemplar diferentes áreas al mismo tiempo, aunque se prioricen algunos objetivos.

Área de orientación ¿Qué puede trabajarse?
Conducta y regulación emocional Rabietas, impulsividad, baja tolerancia a la frustración, ansiedad, dificultades de conducta, conflictos y regulación emocional infantil.
Comunicación y lenguaje Estrategias para favorecer la intención comunicativa, ampliar el lenguaje funcional, mejorar la interacción y facilitar la comunicación cotidiana.
Autonomía y rutinas Organización del día a día, sueño, alimentación, higiene, deberes, responsabilidades y desarrollo progresivo de la autonomía personal.
Límites y convivencia Establecimiento de normas, aplicación de consecuencias, prevención de conflictos y mejora de la convivencia familiar.
Apoyos visuales y estructuración Agendas visuales, anticipación, secuencias, sistemas de refuerzo, organización del entorno y adaptación de las demandas.
Aprendizaje y organización Hábitos de estudio, planificación, organización de tareas, apoyo ante dificultades de aprendizaje y protección de la autoestima académica.
Orientación escolar Preparación de reuniones, coordinación con el colegio, comprensión de necesidades educativas y valoración de posibles apoyos o adaptaciones.
Psicoeducación Comprensión del TEA, el TDAH, la dislexia, la discapacidad intelectual y otras dificultades emocionales, cognitivas o del aprendizaje.
Ayudas y recursos Información general sobre becas NEAE, atención temprana, discapacidad, dependencia, prestación CUME y otros recursos disponibles.
Acompañamiento familiar Resolución de dudas, adaptación a diferentes etapas evolutivas, comprensión de un diagnóstico y apoyo emocional a la familia.

Estas áreas no funcionan como compartimentos independientes. En la práctica suelen relacionarse. Por ejemplo, mejorar la anticipación y la organización de las rutinas puede reducir las rabietas, pero también favorecer la autonomía y disminuir el cansancio de los adultos.

¿En qué situaciones puede ayudar la orientación psicológica a padres?

No es necesario que exista un diagnóstico para solicitar orientación de cómo tratar a un niño o adolescente. Algunas familias consultan porque hay una dificultad muy concreta; otras sienten que algo no está funcionando, pero todavía no saben identificar exactamente qué sucede.

Cuando las rutinas se convierten en una fuente constante de conflicto

Las rutinas ocupan una gran parte de la vida familiar: levantarse, vestirse, salir de casa, comer, hacer los deberes, ducharse o irse a dormir. Cuando casi todas estas actividades terminan en discusiones, tanto el niño como los adultos pueden comenzar a anticiparlas con malestar.

A veces, la dificultad se debe a que el niño necesita más tiempo para cambiar de actividad. En otras ocasiones, recibe demasiadas instrucciones seguidas, no sabe por dónde empezar o todavía no dispone de la autonomía que los adultos esperan de él.

La orientación psicológica puede ayudar a revisar las exigencias, ordenar los pasos, introducir apoyos visuales o acordar una forma más clara de dar instrucciones. No se trata de que no hay normas en casa, sino de presentarlas de manera que el niño las pueda comprender y asumir.

Cuando hay rabietas, frustración o problemas para poner límites

Las rabietas son frecuentes en determinadas etapas del desarrollo, pero pueden resultar especialmente difíciles cuando son muy intensas, duran mucho tiempo o se repiten varias veces al día. Es habitual que los padres no sepan cómo actuar y que reciban múltiples consejos que pueden resultar contradictorios: ignorar, contener, explicar, castigar, distraer o retirar privilegios. Sin embargo, estas estrategias no sirven para todas las situaciones.

Antes de decidir cómo responder, conviene comprender qué está ocurriendo. No es lo mismo una rabieta relacionada con no conseguir algo que una reacción provocada por miedo, cansancio, sobrecarga sensorial o dificultad para comunicar una necesidad. La orientación psicológica ayuda a diferenciar estas situaciones y a establecer límites de una forma clara, predecible y adaptada a la edad del menor.

En consulta también se trabaja cómo acompañar la emoción sin considerar aceptable cualquier conducta. Validar que un niño está enfadado no implica permitir que pegue, rompa objetos o insulte. Ambas ideas pueden mantenerse al mismo tiempo: ser comprensible con la emoción, pero poniendo límites al comportamiento.

Cuando existen dudas sobre el desarrollo

En ocasiones, la familia observa que el niño tarda más de lo esperado en hablar, juega de una forma diferente, tiene dificultades para relacionarse, parece no atender o necesita mucha ayuda para aprender algunas habilidades. Estas observaciones no permiten establecer por sí solas un diagnóstico, pero sí pueden justificar una consulta.

La orientación puede ayudar a ordenar las preocupaciones, revisar qué ocurre en casa o en el colegio y decidir si conviene observar la evolución del niño o realizar una valoración más completa de su nivel de desarrollo.

Cuando las dificultades afectan a varias áreas o interfieren significativamente en la vida cotidiana, puede estar indicada una evaluación neuropsicológica infantil.

El servicio de neuropsicología de menteAmente realiza evaluaciones relacionadas con la atención, las funciones ejecutivas, el aprendizaje, el lenguaje, el TDAH, el TEA y otras dificultades del neurodesarrollo.

Cuando hay dificultades de comunicación o lenguaje

Antes de aprender a hablar, los niños pequeños aprende a mirar, señalar, compartir la atención, esperar una respuesta y utilizar gestos o sonidos para pedir algo. Aquí es cuando empieza la comunicación, no solo cuando pronuncia sus primeras palabras.

Cuando el lenguaje aparece más tarde de lo habitual o la comunicación con el niño resulta difícil, los psicólogos podemos enseñar a los padres estrategias que favorezcan la interacción en situaciones cotidianas. Por ejemplo, puede trabajarse cómo crear oportunidades para que el niño inicie una petición, cómo esperar antes de adelantarse a sus necesidades o cómo ampliar una palabra sencilla sin exigirle que repita frases demasiado complejas.

Con niños pequeños también puede ser útil revisar en consulta vídeos breves de situaciones familiares. Observar una escena de juego o una comida permite analizar cómo se inicia la interacción, qué respuestas recibe el niño y qué pequeños cambios podrían facilitar la comunicación. Estos vídeos solo deben utilizarse cuando sean pertinentes y mediante procedimientos que protejan la privacidad, las imágenes y los datos de salud del menor. Puede ser suficiente con que los padres enseñen al profesional un video captado con su móvil en casa.

Cuando existe un diagnóstico de autismo

Recibir un diagnóstico de autismo puede permite comprender algunas dificultades que presenta un niño, pero también puede generar muchas preguntas. Las familias pueden preguntarse qué significa el diagnóstico, qué apoyos necesita el niño, qué deben explicar al colegio o cómo actuar ante determinadas reacciones del paciente.

El apoyo a familias con hijos TEA puede centrarse en la comunicación social, la flexibilidad, la regulación emocional, el procesamiento sensorial y la organización del entorno. Por ejemplo, un niño puede reaccionar con gran intensidad ante un cambio inesperado. En lugar de interpretar esa reacción únicamente como desobediencia, puede ser útil anticipar el cambio, mostrar visualmente qué va a ocurrir y ofrecer un tiempo de transición.

No todas las personas con rasgos del espectro autista presentan las mismas características ni necesitan los mismos apoyos. Por eso, las recomendaciones deben adaptarse al perfil individual.

Cuando todavía existan dudas diagnósticas, puede ser conveniente realizar una evaluación diagnóstica del autismo. La Dra. Ana Muiño, neuropsicóloga, ofrece también evaluación, intervención psicológica y acompañamiento a familias con TEA, tanto en Madrid como online.

Cuando el niño tiene TDAH

El TDAH no consiste únicamente en distraerse o moverse mucho. También puede afectar a la organización, la percepción del tiempo, la capacidad para iniciar una tarea, el control de los impulsos y la regulación emocional. Un niño puede saber perfectamente qué tiene que hacer y, aun así, necesitar ayuda para empezar, recordar los pasos o mantener el esfuerzo.

Las pautas para padres de niños con TDAH suelen ser más útiles cuando son concretas y reducen la carga de organización. Algunas estrategias habituales son:

  • Dar instrucciones breves, procurando que el niño atienda antes de hablarle.

  • Dividir las tareas largas en pasos más pequeños.

  • Utilizar recordatorios visibles.

  • Preparar con antelación los materiales necesarios.

  • Mantener rutinas suficientemente predecibles.

  • Anticipar los cambios.

  • Reducir distractores durante los deberes.

  • Reforzar el esfuerzo y los avances, no solo el resultado final.

Estas pautas no sustituyen una evaluación diagnóstica de TDAH ni otros tratamientos que puedan estar indicados. Forman parte de un plan más amplio que debe adaptarse a cada niño.

Cuando existen dificultades de aprendizaje

Algunos niños dedican mucho tiempo a estudiar y, aun así, continúan teniendo dificultades para leer, escribir, calcular u organizarse. Cuando los resultados académicos no reflejan el esfuerzo, es frecuente que aparezcan frustración, rechazo a los deberes o una imagen negativa de las propias capacidades.

En casos de dislexia, disgrafía, discalculia u otras dificultades de aprendizaje, la orientación familiar puede ayudar a comprender cómo aprende el niño, qué apoyos facilitan el estudio y cómo evitar que toda la relación familiar quede organizada alrededor de las notas.

También puede ser necesario ajustar las expectativas. Pedir más horas de trabajo no siempre mejora el aprendizaje. A veces, resulta más eficaz reducir la cantidad, adaptar el material o utilizar otra forma de presentar la información.

Cuando se necesita documentar las necesidades educativas o estudiar con mayor detalle el perfil de aprendizaje, puede ser necesario un informe psicopedagógico.

Cuando hay discapacidad intelectual o necesidades de apoyo

Las familias de niños con discapacidad intelectual pueden necesitar ayuda para ajustar las expectativas y favorecer el desarrollo de habilidades funcionales. El objetivo no es comparar al niño con otros de su edad, sino identificar qué puede hacer, qué necesita aprender y qué apoyos le permiten participar con mayor autonomía.

La orientación psicológica en este caso puede centrarse en la comunicación, el autocuidado, la seguridad, la participación en las tareas de casa o la adaptación de las rutinas.

En ocasiones, los adultos tienden a hacer demasiado por el niño para evitarle dificultades. Aunque esta respuesta es comprensible, puede limitar involuntariamente las oportunidades de aprender. Los psicólogos podemos ayudar a encontrar un equilibrio entre ofrecer apoyo y permitir que el menor participe.

Cuando aparecen ansiedad, miedos o inseguridad

Los niños no siempre expresan la ansiedad diciendo que están preocupados. Pueden presentar dolores físicos, irritabilidad, problemas para dormir, rechazo al colegio o una necesidad constante de comprobar que sus padres están cerca.

La orientación puede ayudar a los adultos a acompañar el miedo sin aumentar las conductas de evitación. Por ejemplo, si un niño teme dormir solo, permitirle evitar siempre esa situación puede aliviarle a corto plazo, pero mantener el miedo a largo plazo. El acompañamiento debe avanzar gradualmente, respetando su ritmo y ayudándole a desarrollar recursos.

Cuando el malestar emocional es intenso, persistente o interfiere significativamente en la vida cotidiana, puede ser necesaria una intervención directa con una psicóloga infantil o un psiquiatra infantil.

Diferencias entre orientación a padres, terapia infantil y terapia familiar

La orientación psicológica a familias, la terapia infantil y la terapia familiar pueden complementarse, pero no son exactamente lo mismo. La diferencia principal se encuentra en dónde se sitúa el foco de la intervención y quién necesita participar de una manera más activa.

Tipo de intervención Objetivo principal ¿Quién participa?
Orientación a padres Comprender una dificultad y aprender estrategias para aplicarlas en casa, en las rutinas familiares o en la relación con el colegio. Principalmente padres, madres o cuidadores. El menor puede participar cuando resulte conveniente.
Terapia infantil o adolescente Trabajar directamente el malestar emocional, las dificultades conductuales, las relaciones o determinadas habilidades del menor. El niño o adolescente, con participación de la familia cuando está indicada.
Terapia familiar Abordar patrones de relación, conflictos o dinámicas que afectan a varios integrantes de la familia. Varios miembros de la familia, según el problema y los objetivos terapéuticos.

En algunos casos puede ser suficiente trabajar con los padres. En otros, la orientación se combina con terapia infantil, evaluación neuropsicológica, intervención logopédica, coordinación escolar o terapia familiar.

La elección no depende únicamente del diagnóstico. También deben tenerse en cuenta la intensidad de las dificultades, su duración, el grado de interferencia y la disposición del niño o adolescente para participar.

¿El niño debe acudir a las sesiones?

No necesariamente. Muchas sesiones de orientación se realizan únicamente con los padres o cuidadores. Esto puede ser especialmente útil cuando el objetivo es revisar cómo se dan las instrucciones, cómo se organizan las rutinas o cómo responden los adultos ante determinadas conductas.

Que el niño no acuda a todas las sesiones no significa que se le responsabilice menos ni que se trabaje sin tenerle en cuenta. Al contrario, permite que los adultos hablen con libertad y se concentren en los cambios que dependen de ellos.

En otros casos puede ser conveniente conocer al niño o adolescente, observar su interacción con la familia o realizar una valoración individual.

La participación del menor debe decidirse según su edad, el motivo de consulta y los objetivos de la intervención.

Orientación a padres online

La orientación a padres online puede ser una opción adecuada cuando existen dificultades de desplazamiento, incompatibilidad de horarios o necesidad de mantener un seguimiento más flexible. Como el trabajo se centra en buena medida en lo que ocurre en casa, la modalidad online puede permitir conocer el entorno concreto en el que se desarrolla la convivencia.

Además, algunas familias se sienten más cómodas hablando desde su propio entorno y encuentran más sencillo aplicar las recomendaciones cuando pueden relacionarlas inmediatamente con sus rutinas.

No todas las intervenciones ni evaluaciones pueden realizarse a distancia. Cuando sea necesario observar directamente al menor, aplicar determinadas pruebas o realizar una evaluación presencial, se recomendará la modalidad más adecuada.

La Dra. Ana Muiño ofrece consulta presencial en Madrid y online como neuropsicóloga infantil.

Coordinación con el colegio y otros profesionales

Algunas dificultades aparecen tanto en casa como en el entorno escolar; mientras que, otras se manifiestan principalmente en uno de los dos contextos.

Un niño puede comportarse de una manera muy diferente en el colegio y en casa. Esto no significa necesariamente que familia o profesores estén haciendo algo mal. Cada entorno plantea exigencias distintas y ofrece apoyos diferentes. La coordinación con el colegio puede ayudar a comprender mejor estas diferencias y a mantener objetivos suficientemente coherentes.

Con la autorización correspondiente, el profesional puede intercambiar información con tutores, orientadores, logopedas, psicólogos, psiquiatras u otros especialistas.

Esta coordinación puede servir para:

  • Compartir las principales necesidades del menor.

  • Conocer cómo se desenvuelve en diferentes contextos.

  • Evitar recomendaciones contradictorias.

  • Preparar reuniones con el centro educativo.

  • Proponer estrategias aplicables en casa y en el colegio.

  • Revisar la evolución.

  • Valorar si son necesarios otros apoyos.

El profesional sanitario puede formular recomendaciones, pero las adaptaciones educativas oficiales y la organización de los recursos escolares corresponden a los equipos educativos competentes.

Orientación sobre ayudas, becas y recursos

Tras recibir un diagnóstico, muchas familias tienen dudas sobre las ayudas y apoyos disponibles. En las sesiones puede ofrecerse orientación general sobre becas NEAE, atención temprana, discapacidad, dependencia, apoyos educativos y otros recursos, teniendo en cuenta que su concesión depende de los requisitos de cada procedimiento.

Puedes ampliar la información sobre estas ayudas y la documentación necesaria en nuestro artículo sobre el informe psicopedagógico escrito por la Dra. Ana Muiño, neuropsicóloga.

Grupos de orientación a familias

Además de las sesiones individuales, pueden organizarse grupos presenciales u online para familias que comparten inquietudes similares. Estos grupos pueden centrarse en temas como el TDAH, el autismo, las dificultades de aprendizaje, la regulación emocional, la conducta o la comunicación.

Escuchar a otras familias puede ayudar a sentirse menos solo y conocer estrategias que han resultado útiles en situaciones parecidas.

Cuando los padres se plantean sus propias necesidades

A veces, conocer mejor el perfil de un hijo lleva a que alguno de sus progenitores reconozca en sí mismo experiencias o dificultades que le resultan familiares. Algunas personas adultas identifican en sí mismos problemas de atención, organización, interacción social, agotamiento, regulación emocional o sensibilidad sensorial que habían pasado desapercibidos durante años.

Esto no implica necesariamente que el padre o la madre tenga el mismo diagnóstico que su hijo. Sin embargo, puede justificar una consulta individual cuando estas características producen malestar o interfieren en la vida cotidiana.

Además, las estrategias familiares deben adaptarse también a las necesidades de los adultos. Pedir a un progenitor con dificultades de organización que mantenga un sistema muy complejo de registros, horarios y recompensas puede resultar poco realista. En estos casos, las pautas necesitan ser especialmente sencillas, concretas y fáciles de mantener.

El objetivo no es exigir a los padres una aplicación perfecta de las recomendaciones, sino encontrar estrategias compatibles con el funcionamiento real de la familia.

Hermanos y comprensión de la neurodivergencia

Cuando un niño presenta un diagnóstico o necesita apoyos específicos, sus hermanos también pueden tener preguntas:

  • «¿Por qué reacciona así?».

  • «¿Por qué a él le permiten algunas cosas?».

  • «¿Cómo puedo ayudarle?».

  • «¿Por qué necesita más atención?».

En estos casos, la orientación familiar también está dirigida a ayudar a explicar la situación a los hermanos del paciente de una forma comprensible y adaptada a la edad. Comprender qué le pasa a su hermano y cómo puede jugar y comunicarse con él puede ser muy valioso para los dos.

También es importante atender las necesidades emocionales de los hermanos. Pueden aparecer preocupación, enfado, celos, vergüenza, sensación de injusticia o un exceso de responsabilidad. Decirles que «tienen que entenderlo» no legitima sus emociones. Los hermanos también necesitan poder expresar cómo viven la situación y disponer de espacios propios dentro de la familia.

¿Cuándo puede no ser suficiente la orientación a padres?

La orientación familiar puede ser muy útil, pero no siempre es suficiente por sí sola. En ocasiones, las dificultades requieren una evaluación más amplia o una intervención directa con el niño o adolescente.

Puede ser necesaria una evaluación individual del menor cuando las dificultades:

  • Son intensas o persistentes.

  • Aparecen en varios contextos.

  • Interfieren significativamente en el aprendizaje, las relaciones o la autonomía.

  • Se acompañan de una pérdida de habilidades previamente adquiridas.

  • Producen un malestar emocional importante.

  • No mejoran después de introducir algunos ajustes.

  • Hacen sospechar una dificultad del neurodesarrollo.

  • Requieren una valoración del lenguaje, el aprendizaje o las capacidades cognitivas.

  • Se acompañan de agresiones graves, autolesiones o riesgo para el menor o para otras personas.

Si existen autolesiones, ideas de muerte, agresiones graves o preocupaciones por la seguridad, es necesaria una valoración clínica urgente del menor. En estos casos, la intervención no debe limitarse a proporcionar pautas generales a los padres.

Preguntas frecuentes sobre orientación a padres y familias

  • No. También puede ser útil ante dificultades cotidianas relacionadas con la conducta, las rutinas, la regulación emocional, la comunicación, el aprendizaje, la autonomía o la crianza.

    No es necesario que exista un problema grave ni un diagnóstico.

  • No. Muchas familias consultan antes de realizar una evaluación individual del niño porque existen dudas sobre el desarrollo, la atención, el lenguaje, el aprendizaje, la conducta o el bienestar emocional.

    La orientación puede ayudar a decidir si es recomendable observar la evolución, introducir algunos ajustes o realizar una valoración más completa.

  • Depende del motivo de consulta y de los objetivos establecidos.

    Algunas familias necesitan una o varias sesiones centradas en una dificultad concreta. Otras requieren un seguimiento más prolongado para revisar la aplicación de las estrategias y adaptarlas a la evolución del menor.

  • No siempre. En algunos casos, trabajar con los padres puede ser suficiente. En otros, la orientación se complementa con una intervención directa con el niño o adolescente.

    También puede combinarse con logopedia, atención temprana, evaluación neuropsicológica, apoyo escolar o tratamiento médico.

  • Sí. Uno de los principales objetivos es ofrecer estrategias aplicables al entorno familiar.

    Pueden trabajarse la regulación emocional, las rutinas, los límites, los apoyos visuales, la conducta, la comunicación, la autonomía, los deberes o la convivencia.

    Las pautas deben adaptarse a las características y posibilidades de cada familia.

  • En muchos casos, sí. Las sesiones de orientación a padres pueden realizarse online, especialmente cuando el trabajo se centra en los padres, las rutinas y la revisión de situaciones cotidianas.

    Cuando sea necesaria una evaluación presencial o una observación directa, se indicará la modalidad más adecuada.

  • Sí. Cuando resulte conveniente y exista autorización, puede realizarse una coordinación con el colegio o con otros profesionales.

    Esta coordinación permite compartir objetivos y evitar recomendaciones contradictorias.

  • Puede ofrecerse información general sobre recursos y sobre los pasos que conviene consultar.

    Adicionalmente, ofrecemos informes psicopedagógicos adaptados a la solicitud de becas y ayudas por discapacidad.

  • Sí. La orientación puede ayudar a explicar las necesidades de cada hijo, comprender las emociones de los hermanos y establecer estrategias de convivencia más equilibradas.

  • Sí. Dependiendo del caso, puede ser útil que participen otros adultos implicados habitualmente en el cuidado del menor, como abuelos o cuidadoras.

    Es importante que las principales estrategias sean conocidas por todos los cuidadores.


Referencias bibliográficas

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  6. National Institute for Health and Care Excellence. Autism spectrum disorder in under 19s: support and management. NICE guideline CG170.


Orientación psicológica a padres en Madrid y online

Psicóloga para orientación a padres y familias.

Doctora en Psicología, psicóloga general sanitaria y neuropsicóloga especializada en niños y adolescentes

Ofrece orientación familiar, evaluación e intervención en dificultades relacionadas con el TEA, el TDAH, el aprendizaje, el lenguaje, las funciones ejecutivas y otras áreas del neurodesarrollo.

Las personas que buscan orientación familiar en Madrid pueden realizar las sesiones presencialmente en el centro menteAmente. También se ofrece orientación a padres online cuando esta modalidad resulta adecuada para el motivo de consulta.

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