Evaluación diagnóstica del autismo (TEA): niños, adolescentes y adultos
¿Te preguntas si tú, tu hijo, tu hija o un familiar podría presentar rasgos compatibles con el Trastorno del Espectro Autista (TEA)?
Quizás te reconoces en preguntas como: “Habla bien, entonces, ¿puede ser autismo?”, “Si todavía no habla, ¿llegará a hacerlo?”, “¿Puede tener TEA y no discapacidad intelectual?”, “¿Es posible llegar a la adolescencia o a la vida adulta sin diagnóstico?”, “¿Por qué siempre me he sentido diferente?” o “¿Puede ser TEA si ya tengo un diagnóstico de ansiedad, TDAH o altas capacidades?”.
Sospechar un posible diagnóstico de autismo suele generar muchas dudas, incertidumbre y, a veces, miedo. Una evaluación diagnóstica del autismo (TEA) no consiste únicamente en pasar una prueba. Su objetivo es comprender en profundidad el perfil de la persona: su forma de comunicarse, relacionarse, procesar la información, regularse emocionalmente, adaptarse a los cambios y desenvolverse en su entorno.
En menteAmente, en Madrid, realizamos una evaluación especializada del autismo en niños, adolescentes y adultos, adaptando el proceso a la edad, el nivel de lenguaje, el perfil cognitivo y las necesidades concretas de cada persona.
¿Qué es una evaluación diagnóstica del autismo (TEA)?
La evaluación diagnóstica del autismo es un proceso clínico estructurado que permite valorar si las características de una persona son compatibles con el Trastorno del Espectro Autista (TEA) o si pueden explicarse mejor por otros perfiles del neurodesarrollo, emocionales, cognitivos o relacionales.
El TEA es una condición del neurodesarrollo que puede expresarse de formas muy diferentes. Algunas personas muestran señales claras desde los primeros años de vida; otras, especialmente si tienen buen nivel de lenguaje, alta capacidad cognitiva o han aprendido estrategias de adaptación social, pueden llegar al diagnóstico en la adolescencia o incluso en la vida adulta.
Por eso, una buena evaluación no debe limitarse a comprobar síntomas aislados. Debe integrar información sobre la historia evolutiva, la comunicación social, la flexibilidad cognitiva, los intereses, la sensibilidad sensorial, el funcionamiento cognitivo, la regulación emocional y el impacto real en la vida cotidiana.
¿Cuándo conviene solicitar una evaluación de autismo?
No todas las personas con TEA presentan las mismas características ni con la misma intensidad. El autismo es un espectro, lo que significa que puede expresarse de formas muy distintas según la persona, la edad, el entorno, el perfil cognitivo, el lenguaje y las estrategias de adaptación aprendidas.
Puede ser recomendable solicitar una evaluación especializada cuando existen dudas persistentes sobre la comunicación, la interacción social, la flexibilidad, la conducta, la sensibilidad sensorial o el funcionamiento diario.
En niños pequeños, la consulta suele surgir por retraso o peculiaridades en el lenguaje, dificultades de interacción, ausencia de gestos comunicativos, juego repetitivo, escasa atención conjunta, rigidez ante cambios o reacciones sensoriales intensas.
En edad escolar, pueden aparecer dificultades para relacionarse con iguales, problemas para comprender normas sociales implícitas, literalidad, conversaciones poco recíprocas, intereses muy intensos, rigidez cognitiva, dificultades de atención, problemas de aprendizaje o fatiga social.
En adolescentes, es frecuente que la demanda aparezca por sensación de no encajar, ansiedad social, agotamiento tras las interacciones, dificultades de organización, elevada autoexigencia, problemas de regulación emocional o malestar asociado al esfuerzo de adaptación.
En adultos, la sospecha puede aparecer tras años de sentirse diferente, después del diagnóstico de un hijo o hija, o cuando diagnósticos previos como ansiedad, depresión, TDAH, TOC o trastornos de la conducta alimentaria no explican completamente la experiencia vivida.
¿Un test online puede hacer un diagnóstico de TEA?
Muchas personas llegan a consulta después de haber realizado un test de autismo online o un cuestionario de cribado (también llamando screening). Estas herramientas pueden ser útiles como primera orientación, pero no permiten confirmar ni descartar por sí solas un diagnóstico de TEA.
Una prueba de cribado positiva puede indicar que conviene hacer una valoración más completa. Sin embargo, el diagnóstico requiere integrar información clínica, historia evolutiva, observación directa, pruebas específicas, valoración cognitiva si procede y diagnóstico diferencial.
Por eso, en menteAmente no entendemos la evaluación como la aplicación aislada de un “test de autismo”, sino como un proceso clínico completo orientado a comprender el perfil global de la persona.
Una evaluación adaptada a la edad y al género de la persona
| Etapa | Posibles señales o características |
|---|---|
| Primera infancia (0–6 años) | Dificultades en comunicación social temprana, ausencia de señalamiento o gestos comunicativos, retraso o particularidades en el lenguaje, dificultades en atención conjunta, juego repetitivo, rigidez ante cambios, intereses restringidos, particularidades sensoriales o dificultades en regulación emocional. |
| Edad escolar | Dificultades para relacionarse con iguales, problemas en comprensión social, literalidad, conversaciones poco recíprocas, rigidez cognitiva, intereses intensos, dificultades en funciones ejecutivas, fatiga social, sensibilidad sensorial o problemas asociados de aprendizaje/atención. |
| Adolescencia | Sensación de no encajar, ansiedad social, agotamiento tras interacciones sociales, dificultad para comprender dinámicas sociales complejas, problemas de organización/autonomía, sensibilidad sensorial, rigidez o elevada exigencia emocional. |
| Vida adulta | Sensación persistente de ser “diferente”, dificultades relacionales, agotamiento social, necesidad intensa de aislamiento tras interacción social, rigidez, hipersensibilidad sensorial, burnout, ansiedad o diagnósticos previos que no explican completamente la experiencia vivida. |
| Autismo en mujeres | Mayor tendencia al camuflaje social, esfuerzo por imitar conductas sociales, síntomas internalizados, ansiedad, agotamiento emocional, diagnósticos tardíos o confusión con otros cuadros clínicos. |
Evaluación de autismo en niños
La evaluación de autismo en niños requiere recoger información del desarrollo temprano y observar directamente cómo el niño se comunica, juega, interactúa y responde a diferentes situaciones.
En la infancia, la entrevista con los progenitores o cuidadores principales es especialmente importante. Permite reconstruir la historia evolutiva: embarazo, parto, primeros hitos del desarrollo, lenguaje, juego, interacción social, autonomía, conducta, intereses, regulación emocional y particularidades sensoriales.
También puede ser útil revisar informes escolares, logopédicos, psicopedagógicos, pediátricos o clínicos previos. Esta información ayuda a entender la trayectoria del niño y a diferenciar el TEA de otros perfiles, como retraso del lenguaje, dificultades de aprendizaje, discapacidad intelectual, TDAH, ansiedad, alteraciones sensoriales u otros problemas del neurodesarrollo.
La evaluación directa se adapta a la edad y al nivel de lenguaje. En algunos casos se utilizan actividades estructuradas y semiestructuradas para observar comunicación social, juego, atención conjunta, flexibilidad, intereses y conducta. Cuando está indicado, puede utilizarse el ADOS-2, seleccionando el módulo correspondiente según la edad y el nivel de lenguaje.
Evaluación de autismo en adolescentes
La adolescencia es una etapa en la que algunas dificultades pueden hacerse más visibles. Las relaciones sociales se vuelven más complejas, aumenta la exigencia académica y emocional, y la autonomía empieza a tener más peso.
En adolescentes, la sospecha de TEA puede aparecer por ansiedad social, sensación de no encajar, dificultad para comprender dinámicas grupales, agotamiento tras las relaciones sociales, rigidez, intereses muy intensos, problemas de organización, dificultades en funciones ejecutivas o elevada autoexigencia.
También es una etapa en la que puede observarse camuflaje social, especialmente en chicas. Algunas adolescentes aprenden a imitar conductas sociales, preparan mentalmente conversaciones, ocultan intereses o fuerzan respuestas sociales para intentar adaptarse. Esto puede hacer que las dificultades pasen desapercibidas durante años, aunque el coste emocional sea alto.
La evaluación de TEA en adolescentes debe integrar la información de la propia persona, la familia y, cuando es posible, el contexto escolar. También es importante valorar la posible coexistencia con TDAH, ansiedad, depresión, trastornos de la conducta alimentaria, altas capacidades o dificultades de aprendizaje.
Evaluación de autismo en adultos
Muchas personas adultas llegan a una evaluación de autismo después de años de dudas, diagnósticos parciales o sensación persistente de ser diferentes. En algunos casos, la sospecha surge tras el diagnóstico de un hijo o hija. En otros, aparece al leer sobre autismo en adultos, autismo en mujeres, camuflaje social o neurodivergencia.
La evaluación de autismo en adultos tiene algunas particularidades. La historia evolutiva sigue siendo importante, pero a veces no hay informes escolares disponibles o no es posible entrevistar a familiares que conocieran bien los primeros años de vida. En estos casos, se reconstruye la información disponible de la forma más rigurosa posible.
En adultos, la evaluación suele centrarse también en el impacto funcional: relaciones sociales, pareja, estudios, trabajo, autonomía, regulación emocional, sensibilidad sensorial, agotamiento social, burnout, historia de ansiedad o depresión, dificultades ejecutivas y estrategias de compensación.
El diagnóstico diferencial en adultos es especialmente importante. Algunas características pueden solaparse parcialmente con TDAH, ansiedad social, TOC, trauma, depresión, altas capacidades, rasgos disfuncionales de personalidad u otros cuadros clínicos. Por eso, el objetivo no es confirmar una hipótesis de forma automática, sino comprender qué explica mejor la experiencia de la persona.
Cuando está indicado, puede utilizarse el ADOS-2 módulo 4, junto con entrevista clínica, historia evolutiva, cuestionarios complementarios, valoración cognitiva y exploración de áreas emocionales o ejecutivas.
Autismo en niñas y mujeres
El autismo en niñas y mujeres puede presentarse de forma más sutil o menos ajustada a los estereotipos clásicos del TEA. Algunas niñas tienen intereses intensos que pueden parecer socialmente habituales, mantienen contacto visual aprendido, imitan conductas sociales o desarrollan estrategias de camuflaje desde edades tempranas.
Esto puede retrasar el diagnóstico, especialmente cuando existe buen lenguaje, buen rendimiento académico o una conducta aparentemente adaptada en el colegio. Sin embargo, muchas niñas y mujeres describen un alto coste interno: ansiedad, cansancio, sensación de estar actuando, dificultad para sostener relaciones sociales, hipersensibilidad sensorial o agotamiento emocional.
En estos casos, la evaluación debe explorar no solo lo observable desde fuera, sino también la experiencia interna de la persona. También puede ser necesario utilizar cuestionarios específicos o herramientas complementarias sensibles a perfiles femeninos, diagnóstico tardío o camuflaje social.
En qué consiste una evaluación diagnóstica del autismo (TEA)
La evaluación diagnóstica del Trastorno del Espectro Autista (TEA) debe ser un proceso clínico completo, riguroso e individualizado. No se trata únicamente de aplicar una prueba, sino de integrar información clínica, historia evolutiva detallada, observación directa, pruebas diagnósticas específicas para autismo, valoración cognitiva y herramientas complementarias adaptadas a cada perfil y etapa del desarrollo.
No todas las personas requieren exactamente las mismas herramientas. En menteAmente, el objetivo final es comprender a la persona en profundidad para orientar adecuadamente el diagnóstico diferencial, los apoyos y la intervención. Por eso, cada evaluación diagnóstica se adapta a la edad, el perfil, el nivel de lenguaje, las necesidades de la persona y la complejidad clínica de cada caso.
De forma habitual, el proceso puede incluir las siguientes fases:
1. Entrevista inicial y motivo de consulta
La evaluación comienza con una primera recogida de información para comprender las dificultades, preocupaciones y objetivos de la familia o de la propia persona que consulta.
En niños y adolescentes, esta primera entrevista suele recoger información aportada por los progenitores o cuidadores principales. En adultos, permite explorar la historia personal, el motivo actual de consulta, los diagnósticos previos, las estrategias de adaptación y el impacto de las dificultades en la vida cotidiana.
2. Revisión de antecedentes e informes previos
Cuando existen informes escolares, clínicos, logopédicos, psicopedagógicos, médicos o neuropsicológicos previos, su revisión puede aportar información muy relevante.
Estos documentos ayudan a conocer mejor la trayectoria evolutiva y diagnóstica de la persona, valorar la estabilidad de las dificultades a lo largo del tiempo y comprender si existen otros factores que puedan estar influyendo en el perfil actual.
3. Historia evolutiva y entrevista clínica: ADI-R
Uno de los pilares fundamentales de la evaluación es la ADI-R (Autism Diagnostic Interview – Revised / Entrevista para el Diagnóstico del Autismo – Revisada), prueba para la que dispongo de certificación específica.
Se trata de una entrevista clínica estructurada y exhaustiva que se realiza con los progenitores o cuidadores principales, especialmente en niños y adolescentes, con el objetivo de explorar el desarrollo de la persona desde sus primeros años de vida.
A través de esta entrevista se valoran aspectos como:
desarrollo temprano de la comunicación y el lenguaje.
interacción social y vínculo.
juego y conductas repetitivas.
intereses restringidos.
hitos evolutivos.
autonomía y funcionamiento adaptativo.
particularidades sensoriales.
historia clínica y desarrollo general.
En adultos, cuando es posible contar con información fiable sobre la infancia, la historia evolutiva también resulta muy importante. Si no se dispone de informantes o informes antiguos, se reconstruye la información disponible de la forma más rigurosa posible.
4. Evaluación directa y observación clínica: ADOS-2
Otra de las herramientas diagnósticas de referencia internacional para la evaluación del TEA es el ADOS-2 (Autism Diagnostic Observation Schedule – Second Edition / Escala de Observación para el Diagnóstico del Autismo, Segunda Edición), para la que también dispongo de certificación específica.
A diferencia del ADI-R, que recoge información evolutiva a través de la familia o de otros informantes, el ADOS-2 consiste en una evaluación directa con la propia persona con sospecha de TEA.
Mediante actividades estructuradas y semiestructuradas, se observa cómo la persona se comunica, interactúa socialmente, utiliza el lenguaje, responde a la interacción y muestra determinados patrones conductuales, intereses o formas de flexibilidad.
El módulo utilizado depende de la edad y del nivel de lenguaje:
Módulo T: bebés y niños pequeños con lenguaje muy limitado o ausente.
Módulo 1: niños a partir de 31 meses con lenguaje preverbal o palabras sueltas.
Módulo 2: personas con lenguaje en frases simples.
Módulo 3: niños y adolescentes con fluidez verbal.
Módulo 4: adolescentes y adultos con lenguaje fluido.
El ADOS-2 aporta información clínica muy valiosa, pero no debe interpretarse de forma aislada. Sus resultados deben integrarse con la entrevista clínica, la historia evolutiva, la observación espontánea y el diagnóstico diferencial.
5. Herramientas complementarias adaptadas al perfil
El autismo es un espectro muy heterogéneo, por lo que en muchos casos resulta necesario complementar la evaluación con otras herramientas específicas.
Por ejemplo, en niñas, adolescentes y mujeres adultas pueden utilizarse instrumentos o cuestionarios complementarios orientados a detectar perfiles más sutiles, con mayor camuflaje social o con sintomatología más internalizada.
Entre estas herramientas pueden incluirse:
ASSQ-Girls (Autism Spectrum Screening Questionnaire, versión femenina): especialmente útil en niñas y adolescentes, ya que permite explorar perfiles autistas más sutiles o con mayor capacidad de camuflaje social, que con frecuencia pasan desapercibidos en herramientas clásicas diseñadas sobre perfiles predominantemente masculinos.
GQ-ASC (Girls Questionnaire for Autism Spectrum Condition) y otras escalas específicas para mujeres adultas: pueden aportar información clínica complementaria en mujeres con sospecha de TEA, especialmente en perfiles de diagnóstico tardío, camuflaje social o sintomatología internalizada.
Estas herramientas no sustituyen a una evaluación diagnóstica completa, pero pueden ayudar a comprender mejor el perfil de la persona y a no pasar por alto manifestaciones menos evidentes del autismo.
6. Valoración cognitiva, emocional y de funciones ejecutivas
En muchos casos, especialmente cuando existe sospecha de TDAH, discapacidad intelectual, altas capacidades o perfiles complejos, complemento la evaluación con una valoración cognitiva mediante pruebas como WISC-V en niños y adolescentes o WAIS-IV en adultos.
Esta valoración permite comprender mejor el perfil cognitivo global, identificar fortalezas y dificultades, realizar un diagnóstico diferencial adecuado y orientar las necesidades reales de apoyo.
Además, en determinados casos se exploran áreas como funciones ejecutivas, atención, regulación emocional, ansiedad, estado de ánimo o cognición social. Por ejemplo, puede utilizarse el Test de las Miradas de Baron-Cohen (Reading the Mind in the Eyes Test), que evalúa la capacidad para inferir estados emocionales o mentales complejos a partir de la expresión ocular.
Más allá de las pruebas, una parte esencial de la evaluación consiste en la observación clínica espontánea. Durante la interacción se exploran aspectos como la calidad conversacional, la reciprocidad social, la comprensión de dobles sentidos, el lenguaje figurado, las ironías, los giros idiomáticos, la flexibilidad y la forma de responder a distintas situaciones sociales.
7. Integración clínica de resultados
Una vez finalizada la recogida de información, se realiza un análisis conjunto de todos los datos obtenidos: entrevista clínica, historia evolutiva, observación directa, pruebas específicas, cuestionarios, valoración cognitiva y funcionamiento diario.
Esta integración clínica permite valorar si las características observadas son compatibles con TEA o si se explican mejor por otros perfiles del neurodesarrollo, emocionales, cognitivos o relacionales.
El objetivo de la evaluación no es únicamente confirmar o descartar un diagnóstico, sino comprender a la persona de forma global para orientar adecuadamente los apoyos y la intervención.
8. Devolución y orientación individualizada
El proceso finaliza con una devolución en la que se explican los resultados de forma clara y comprensible. En esta sesión se revisan las fortalezas, las dificultades detectadas, el diagnóstico diferencial y las recomendaciones ajustadas a cada persona y/o familia.
Cuando procede, se entrega un informe con la integración de los resultados y las orientaciones clínicas, familiares, escolares, académicas, laborales o terapéuticas necesarias.
Diagnóstico diferencial, comorbilidad y perfiles TEA complejos
En muchas ocasiones, el autismo coexiste con otras condiciones del neurodesarrollo, dificultades emocionales o perfiles cognitivos específicos. Esto puede hacer que la evaluación diagnóstica sea más compleja y requiera una visión clínica amplia.
La coexistencia entre TEA y TDAH es frecuente. En estos casos pueden convivir dificultades en la comunicación social, rigidez cognitiva o particularidades sensoriales junto con impulsividad, inatención, hiperactividad o dificultades en funciones ejecutivas. Cuando ambos perfiles coexisten, es fundamental realizar una evaluación rigurosa para comprender qué pertenece a cada perfil y orientar adecuadamente la intervención.
También pueden existir perfiles de doble o múltiple excepcionalidad, en los que el TEA convive con altas capacidades intelectuales, TDAH u otras características cognitivas. Estos perfiles pueden pasar desapercibidos o interpretarse de forma incompleta, ya que las fortalezas cognitivas pueden compensar parcialmente algunas dificultades sociales, ejecutivas o adaptativas.
En otros casos, el TEA puede coexistir con discapacidad intelectual. No todas las personas con autismo presentan discapacidad intelectual, pero ambas condiciones pueden coexistir. Por ello, valorar el funcionamiento cognitivo global resulta especialmente importante para comprender mejor el perfil, ajustar expectativas y orientar adecuadamente los apoyos necesarios.
Especialmente en adolescentes y adultos, también pueden aparecer ansiedad, agotamiento emocional, dificultades de regulación o síntomas depresivos, en parte relacionados con el esfuerzo constante de adaptación social, el camuflaje, la sobrecarga sensorial o la incomprensión del entorno.
En algunas personas con TEA existen además dificultades en la alimentación, como selectividad alimentaria significativa, rechazo a determinadas texturas, olores o sabores, o rigidez marcada en torno a la comida. En adolescentes y adultos, especialmente en mujeres, también puede ser importante valorar la posible coexistencia con trastornos de la conducta alimentaria.
Por todo ello, una buena evaluación busca comprender el perfil completo de la persona y sus necesidades reales de apoyo. En menteAmente podemos realizar evaluaciones complejas en las que sea necesario diferenciar TEA, TDAH, altas capacidades, discapacidad intelectual, ansiedad, dificultades emocionales, problemas de regulación, trastornos de la conducta alimentaria u otros perfiles clínicos que puedan estar influyendo en la situación actual.
Preguntas frecuentes sobre evaluación y diagnóstico de autismo (TEA)
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La evaluación puede realizarse a cualquier edad. Existen herramientas y procedimientos adaptados para bebés, niños pequeños, niños en edad escolar, adolescentes y adultos.
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Sí. Muchas personas adultas llegan al diagnóstico años después, especialmente cuando han tenido buen lenguaje, buena capacidad cognitiva, estrategias de adaptación social o un perfil más sutil. También es frecuente que la sospecha aparezca tras el diagnóstico de un hijo o hija.
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Sí. El lenguaje verbal no excluye un diagnóstico de autismo. Algunas personas con TEA tienen buen vocabulario o lenguaje fluido, pero presentan dificultades en comunicación social, pragmática, reciprocidad, flexibilidad o comprensión de normas implícitas.
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La ausencia o el retraso del lenguaje puede ser una señal de alerta, aunque no todos los niños con retraso del lenguaje presentan TEA. Por eso es importante realizar una valoración especializada y un adecuado diagnóstico diferencial.
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No. Un test online puede orientar o aumentar la sospecha, pero no permite confirmar ni descartar un diagnóstico de autismo. El diagnóstico requiere una evaluación clínica completa, con entrevista, historia evolutiva, observación directa, pruebas específicas y diagnóstico diferencial.
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El cribado sirve para detectar si una persona podría necesitar una evaluación más completa. El diagnóstico, en cambio, implica integrar información clínica suficiente para valorar si el perfil es compatible con TEA u otra condición.
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Algunas partes del proceso pueden realizarse online, especialmente entrevistas clínicas, recogida de antecedentes o sesiones de devolución.
Sin embargo, determinadas pruebas diagnósticas, especialmente el ADOS-2 y en particular en niños pequeños, requieren evaluación presencial. Por eso, en cada caso se valora qué partes pueden hacerse online y cuáles deben realizarse presencialmente en el centro.
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La evaluación puede incluir entrevista clínica, revisión de antecedentes, ADI-R, ADOS-2, pruebas cognitivas, cuestionarios específicos, valoración emocional, funciones ejecutivas, cognición social y observación clínica. No todas las personas necesitan las mismas pruebas.
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En muchos casos sí. La valoración cognitiva ayuda a comprender mejor el perfil de fortalezas y dificultades, diferenciar TEA de otros perfiles, detectar altas capacidades o discapacidad intelectual y orientar los apoyos necesarios.
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Son perfiles diferentes, aunque pueden compartir algunas manifestaciones y coexistir en una misma persona. El TDAH se relaciona principalmente con inatención, impulsividad, hiperactividad y funciones ejecutivas. El TEA implica dificultades en comunicación social, flexibilidad, patrones de conducta o intereses restringidos y particularidades sensoriales. Una evaluación especializada ayuda a diferenciar ambos perfiles.
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Puede expresarse de forma diferente o más sutil. Algunas niñas y mujeres muestran mayor camuflaje social, síntomas más internalizados, ansiedad, agotamiento o intereses que pasan menos desapercibidos. Esto puede retrasar el diagnóstico.
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Depende de la edad, la complejidad del caso y las pruebas necesarias. El proceso suele incluir entrevista clínica, revisión de información previa, evaluación presencial, corrección e interpretación de pruebas, elaboración de informe y sesión de devolución.
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El precio depende del tipo de evaluación, la edad, las pruebas necesarias y la complejidad del caso. En menteAmente tenemos publicadas las tarifas de las evaluaciones neuropsicológicas en nuestra página web.
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Sí, una evaluación bien realizada puede ayudar a orientar necesidades de apoyo, recomendaciones escolares, estrategias familiares y pautas de intervención. No obstante, cada organismo, centro educativo o institución puede establecer requisitos específicos para determinadas ayudas o adaptaciones.
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No. El objetivo de la evaluación va más allá de confirmar o descartar un diagnóstico. Busca comprender el perfil de la persona, identificar fortalezas y dificultades, realizar un buen diagnóstico diferencial y orientar los apoyos más adecuados.
Evaluación de autismo (TEA) en menteAmente
En menteAmente realizamos evaluación diagnóstica del autismo (TEA) en Madrid para niños, adolescentes y adultos. El proceso se adapta a cada persona, individualizando las necesidades de cada persona teniendo en cuenta el motivo de consulta, la edad, el nivel de lenguaje, el perfil cognitivo y la complejidad clínica de cada caso.
La evaluación puede ser especialmente útil cuando existen dudas sobre el desarrollo, la comunicación, la interacción social, la flexibilidad, la sensibilidad sensorial o determinadas características que no terminan de explicarse por otros diagnósticos previos. También puede ayudar cuando existen dudas sobre TEA, TDAH, altas capacidades, discapacidad intelectual, ansiedad, dificultades de aprendizaje, problemas de regulación emocional o trastornos de la conducta alimentaria.
En algunos casos, antes de realizar una evaluación extensa, puede ser conveniente tener una primera consulta para valorar si la evaluación diagnóstica completa es necesaria, qué pruebas tendría sentido aplicar y cuál sería el recorrido más adecuado.