El origen del Trastorno obsesivo compulsivo (TOC) tiene una importante base genética, pero también influyen factores ambientales, como la transmisión de padres a hijos de sus "manías". Por tanto, es frecuente encontrar a varias personas con TOC dentro de una misma familia.

 

El origen del TOC

Los resultados de los estudios realizados entre familiares y gemelos son suficientemente convincentes como para que la comunidad científica coincida en la importancia de los factores genéticos en la expresión del trastorno obsesivo compulsivo. Sin embargo, a pesar de los múltiples estudios y de los más de 80 genes candidatos propuestos, ninguno ha gozado de una significación suficiente.

Los estudios en familias han confirmado que algo más del 20 % de los familiares de un paciente también tienen trastorno obsesivo compulsivo, y otros familiares pueden tener también síntomas sin llegar a cumplir todos los criterios diagnósticos del trastorno. Esta familiaridad es, en parte, debido a factores genéticos. No obstante, también resulta evidente que hay factores culturales y ambientales que influyen en el inicio y en el mantenimiento de estas conductas obsesivo-compulsivas, que pueden llegar a transmitirse transgeneracionalmente de padres a hijos.

La mayoría de las alteraciones genéticas descritas en el trastorno obsesivo compulsivo están directa o indirectamente relacionadas con la neurotransmisión de la serotonina (neurotransmisor también implicado en la depresión y en la ansiedad). La serotonina se ha convertido en la diana de todos los fármacos comercializados hasta el momento para el trastorno obsesivo-compulsivo.

Al margen de motivos biológicos y genéticos, los síntomas presentes en el trastorno obsesivo compulsivo (como comprobar, ordenar, limpiar, almacenar, etc.) pueden llegar a tener una ventaja evolutiva evidente. Las personas ordenadas y que cometen pocos errores (porque revisan su trabajo) son mejor valoradas por sus jefes y tienen más posibilidades de mantener su trabajo que las personas dejadas y desordenadas. Nuestros antepasados, que no tenían supermercados donde ir a comprar comida, necesitaban ser previsores y almacenar comida para el invierno. Las personas con estos rasgos en grado suficiente tenían y tienen más probabilidades de sobrevivir que las personas que carecen de estas cualidades. Sin embargo, llevado al extremo, el exceso de prudencia y la rigidez mental pueden ser negativos y limitar la supervivencia, ya que impide explorar otros terrenos que pueden ofrecer un progreso en la vida del ser humano.

También es interesante plantearse que la distribución de la preocupación por la seguridad y la evitación del daño en la población siga una curva de distribución normal. Es decir, que la mayoría de las personas tengan una preocupación por su seguridad intermedia, mientras que una pequeña proporción de la población tenga una preocupación excesiva y otra pequeña parte tenga una mínima preocupación por la seguridad. Los individuos en los dos extremos descritos tendrían menos probabilidades de tener descendencia: los primeros por el miedo a contraer una enfermedad de transmisión sexual y evitar mantener relaciones sexuales, mientras que los segundos, quizá, no lleguen a vivir tanto como para reproducirse o cuidar de su descendencia.

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