¿Predispone la falta de sueño a la obesidad?

La obesidad es una enfermedad crónica que aparece por múltiples causas (multifactorial) y que se caracteriza por la acumulación excesiva de grasa en el organismo. La acumulación de grasa se traduce en un incremento del volumen del cuerpo, acompañado de un aumento de peso y, lo que es más importante, puede poner en peligro la salud y la vida de la persona.

Insomnio-actividad-física-obesidad

Dado que el peso de una persona es un valor relativo en función de su estatura, empleamos el Índice de Masa Corporal (IMC) como parámetro para establecer el criterio de cuando una persona tiene bajo peso, normopeso (peso normal), sobrepeso u obesidad. El IMC se calcula diviendo el peso en Kg por la talla al cuadrado en metros. La Organización Mundial de la Salud (OMS) establece el valor de 30 Kg/m2 como el valor a partir del cual se considera obesidad.

Investidadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Exeter, en Reino Unido, han presentado un trabajo que relaciona el nivel de actividad física y la calidad del sueño con la obesidad. Para medir la calidad del sueño y el nivel de actividad física han empleado acelerómetros de pulsera. Estos dispositivos permiten de una forma objetiva cuantificar el tiempo de sueño, así como la actividad física real. Anteriormente, los investigadores se basaban en autorregistros en los que los pacientes apuntaban qué actividad física habían hecho y cuánto habían dormido. Estos autorregistros resultaban muy difíciles de considerar como una fuente fidedigna de información por lo subjetivos que eran.

Los participantes del estudio fueron sometidos a una test genético en el que se consideraban hasta 76 variantes genéticas asociadas a la obesidad. Se compararon personas con riesgo genético similar para ver qué influencia tenía el nivel de actividad de física y la calidad del sueño sobre su obesidad.

Los resultados presentados vieron que las personas que se mantenían físicamente activas tenían un IMC menor (es decir, estaban más delgadas) que las sedentarias, a pesar de tener un riesgo genético similar para el desarrollo de obesidad. Por otra parte, las personas que dormían menos horas, se despertaban más veces por la noche o estaban inquietos durante el sueño tenían también mayor riesgo de obesidad.

En conclusión, en las personas con predisposición genética a la obesidad, dormir bien y hacer ejercicio físico favorecen el control del peso y evitan la obesidad. Por este motivo es muy importante recomendar el ejercicio físico a todas las personas y tratar el insomnio. En este sentido debemos mencionar la depresión, puesto que quien la sufre tiene menos energía para hacer ejercicio físico y más riesgo de insomnio. Otro motivo más que las personas con depresión reciban tratamiento para la depresión.