Cómo evitar que la depresión se convierta en una enfermedad crónica

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Una de cada cinco personas a nivel mundial desarrollará depresión a lo largo de su vida. Aunque en España las tasas de depresión son un poco menores que en el resto de Europa y se encuentra en torno al 10 % (prevalencia-vida), los casos de depresión son más graves y crónicos en nuestro país.

La depresión supone una importante carga para quien la sufre, para su familia y para la sociedad. La depresión es la principal causa de discapacidad. Por discapacidad, no solo se entiende el no poder ir a trabajar o disminuir el rendimiento laboral, supone también la dificultad para realizar las labores domésticas, disfrutar el tiempo de ocio o relacionarse con amigos y familiares. Cuanto más tiempo esté deprimida una persona, más va a sufrir, más se va a aislar de sus familiares y amigos, más va afectar a su familia, más tiempo va a estar sin trabajar o sin estudiar y mayor carga económica va a ser para la sociedad, si se permite la expresión.

La depresión mayor se define por la presencia durante al menos dos semanas de un estado de ánimo persistentemente bajo o de una pérdida de interés o de placer. Cuando una persona reúne estos criterios y puede diagnosticarse una depresión mayor, hay que buscar ayuda profesional rápìdamente para evitar que se convierta en una enfermedad crónica. Ahora veremos porque es tan importante la atención inmediata y la rápida mejoría.

 

¿Qué factores van a influir en una pronta recuperación?

  1. Diagnóstico temprano

  2. Inicio del tratamiento lo antes posible

  3. Contar con el apoyo de tu entorno (especialmente, familia) y aceptar su ayuda

  4. Combinar tratamiento farmacológico con tratamiento psicoterapéutico

  5. Recibir un correcto tratamiento

 

¿Qué factores van a evitar la conversión a una enfermedad crónica?

  1. Lograr la remisión completa de todos los síntomas

  2. Continuar con el tratamiento el tiempo indicado por tu psiquiatra y psicólogo (mínimo seis meses tras lograr la remisión completa)


La depresión puede convertirse en una enfermedad crónica que se manifiesta por episodios, entre los cuales, suele haber etapas más o menos largas de ausencia de síntomas. Esta enfermedad se conoce como Trastorno depresivo recurrente. Cuantos más episodios depresivos tenga una persona, más riesgo va a tener de volver a tener un episodio en los siguientes años. Por lo tanto, alguien que tiene un primer episodio depresivo, debería intentar por todos los medios evitar un segundo episodio. Se ha comprobado que tratar todos los síntomas lo antes posible durante el primer episodio, multiplica casi por cuatro las posibilidades de no volver a tener un episodio depresivo en los siguientes 10 años. Para esto, es importante que el paciente y los profesionales no se conformen con un “está mejor“, sino que hay que llegar al “está bien“. Los síntomas que más comúnmente persisten tras el tratamiento (incompleto) de la depresión son: insomnio, dolor físico, fatiga y falta de concentración e interés. Por lo tanto, hay que observar estos cuatro síntomas con detenimiento una vez que la persona con depresión se va encontrando mejor.

Los meses siguientes a la recuperación de la normalidad, son los más delicados porque son cuando la mayoría de las recaídas tienen lugar. Por este motivo, se recomienda mantener el tratamiento antidepresivo durante por lo menos seis meses (si ha sido el primer episodio depresivo) tras la recuperación. Es importante recalcar que la dosis de la medicación y de la psicoterapia (medido en frecuencia de citas) ha de mantenerse igual durante este tiempo de prevención de recaídas. Para hacernos una idea, aproximadamente la mitad de las personas que dejan la medicación antes de tiempo pueden sufrir una recaída. Mientras que, tan solo menos del 10 % de quienes siguen tomando la medicación, recaerán.