Fármacos que pueden evitar el estrés postraumático administrados post-exposición

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El Trastorno de estrés postraumático (TEPT) se caracteriza por el desarrollo de una serie de síntomas específicos tras la exposición a un evento traumático. Para considerarse TEPT, el evento traumático ha de suponer una situación que se experimente o presencie directamente en la que exista una exposición a la muerte, violencia sexual (en forma real o de amenaza) o una lesión grave. También es posible que el trastorno aparezca en las personas que han oído el relato de un familiar próximo o amigo íntimo que ha sufrido un suceso violento o accidental en el que se ha puesto en riesgo su vida. Igualmente, puede aparecer en personas que han sido repetidamente expuestas a detalles repulsivos de uno o varios sucesos traumáticos (por ejemplo, médicos que tienen que atender a personas que han sido violadas o agredidas).

Los síntomas pueden aparecer inmediatamente después de experimentar el suceso traumático o un tiempo después. En algunos casos, puede aparecer hasta más de 6 meses después (expresión retardada). Los síntomas más significativos son: recuerdos angustiosos y recurrentes, pesadillas relacionadas con el suceso traumático, reacciones fisiológicas y malestar intenso al exponerse a factores que simbolizan o se parecen a un aspecto del suceso. Los recuerdos del acontecimiento traumático se evitan o se hacen intensos esfuerzos por evitarlos. En algunos casos, no se es capaz de recordar aspectos importantes del suceso, o se perciben de forma distorsionada las causas y consecuencias del suceso. Es frecuentes que aparezcan emociones negativas de forma persistente (rabia, miedo, terror, culpa, vergüenza) y una dificultad para experimentar emociones positivas. Tras la vivencia traumática, suele permanecer un estado de hiperalerta e hipervigilancia, con problemas de concentración e insomnio.

La tasa de aparición de este trastorno en personas expuestas a acontecimientos traumáticos es muy elevada. El grupo de mayor riesgo se encuentra en los supervivientes de una violación, en donde entre un tercio y la mitad de las personas desarrollan un TEPT. Evidentemente, el principal esfuerzo debería ir encaminado en reducir la criminalidad, evitar los conflictos bélicos, disminuir los accidentes de tráfico, limitar el acceso a las armas de fuego, etc. Aun así, algunos acontecimientos traumáticos son inevitables, como los desastres naturales (terremotos, inundaciones, tsunamis, erupciones,…).

Determinados fármacos han demostrado reducir las probabilidades de desarrollar un trastorno por estrés postraumático o, al menos, reducir sus síntomas. Dichos medicamentos se administrarían inmediatamente después de sufrir el acontecimiento traumático. Los fármacos investigados son: hidrocortisona, propranolol y morfina.

 

Hidrocortisona para prevenir el trastorno de estrés postraumático

La hidrocortisona es un corticosteroide (corticoide) que se utiliza para reducir la inflamación y como inmunosupresor. Niveles bajos de cortisol (el principal corticosteroide natural del organismo) provocan dificultades para combatir el estrés y predisponen a la aparición de depresión y TEPT. Por ejemplo, en un estudio (Delahanty, 2013) administró 20 mg de hidrocortisona dos veces al día durante 10 días, comenzando 12 horas después de la exposición al suceso traumático, logrando disminuir los síntomas de estrés postraumático y mejorando la calidad de vida.

 

Morfina para prevenir el trastorno de estrés postraumático

La morfina es un agonista de los receptores opioides que se emplea para aliviar el dolor cuando han fallado otros tratamiento analgésicos. Los hallazgos conocidos hasta la fecha (Holbrook, 2010) hacen pensar que la morfina administrada en la primera hora después de sufrir el trauma, pueden reducir los síntomas experimentados después.

 

Propranolol para prevenir el trastorno de estrés postraumático

El propranolol es un betabloqueante que se utiliza en la hipertensión, las migrañas, el temblor esencial y el infarto de miocardio, aunque también se utiliza para tratar la ansiedad y las alteraciones de conducta. Su administración a una dosis aproximada de 40 mg en las primeras horas después de la experimentación del evento traumático podría disminuir la intensidad de los síntomas experimentados posteriormente (Vaiva, 2003).

 

Consideraciones

El conocimiento que tenemos sobre la administración temprana de estos tres fármacos como prevención del desarrollo del trastorno por estrés postraumáticos es todavía escaso. Serían necesarios más estudios para poder recomendar su administración en las primeras horas tras la experimentación de un suceso traumático. De esta manera se podrían realizar recomendaciones respecto al fármaco más eficaz, el momento de la administración, la dosis, el número de administraciones y los riesgos de administrarlos. Si se pudiera llegar a estas recomendaciones, estos fármacos formarían parte del botiquín de las ambulancias y de las salas de urgencias de los hospitales para ofrecer su administración a todas las personas que sufrieran un evento traumático que potencialmente pudiera provocar un TEPT.

Por otra parte, está en marcha un ensayo clínico en fase III con el principio activo MDMA, el cual se administraría en combinación con psicoterapia, del cual hablaremos en otro post.